¿Hablas mi idioma?

Artículo publicado el 15 de Agosto de 2005
Artículo publicado el 15 de Agosto de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Los malteses comienzan a aprender un idioma extranjero a la edad de cinco años, las escuelas finlandesas enseñan hasta cuatro idiomas diferentes y el 80% de los daneses hablan otro idioma con fluidez. Luego, están los británicos...

La comunicación multilingüe es el combustible que mantiene el vehículo de la cooperación internacional en marcha, hace posible el entendimiento intercultural y fortalece nuestro sentido de la ciudadanía global. Y viene muy bien para el comercio internacional. La gente con habilidad para hablar varios idiomas tiene mejores perspectivas laborales y, según una encuesta de las agencias matrimoniales del Reino Unido, mayor sex appeal y autoestima. ¿Qué mejor razón para hacerse políglota?

Discrepancias a lo largo del continente

En una Europa donde el uso y estudio de idiomas extranjeros varía enormemente de una región a otra, promover la competencia lingüística es prioritario. En 2002, el Consejo Europeo de Barcelona expresó la necesidad de "mejorar el dominio de lenguas, en especial enseñando por lo menos dos idiomas extranjeros a una edad muy temprana". La edad para empezar a aprender un idioma fluctúa desde los cinco años en los Países Bajos hasta los 11 años en el Reino Unido; y hay diferencias en la variedad de idiomas que se ofertan, el tiempo en que son estudiados, y el grado en que esta enseñanza es obligatoria u optativa. Por ejemplo, las escuelas secundarias suecas ofertan un sistema de créditos que permite a los alumnos establecer la prioridad de los idiomas en sus horarios; otras naciones son más normativas en términos de qué idiomas se estudian y cuándo.

Un reciente informe del programa europeo Eurydice sobre la enseñanza de idiomas en Europa identifica algunos prometedores logros comunes y revela que el multilingüismo está en alza. Aprender por lo menos un idioma extranjero es obligatorio en casi todos los países, y dos es lo normal. La duración de la enseñanza obligatoria ha ascendido aproximadamente un año escolar desde 1994. Además, muchos países han respondido a la llamada en favor de incrementar la temprana integración de los idiomas en la educación primaria, incluidos Bélgica, Dinamarca, Grecia, Austria e Italia.

Iniciativas a lo largo del continente tales como Comenius, aseguran que los intercambios de auxiliares de lengua y las asociaciones de escuelas que desde hace años han aportado una dimensión europea a la vida escolar en toda Europa gozan todavía de buena salud, y en la enseñanza superior, el esquema Sócrates-Erasmus hace posible gratificantes experiencias internacionales para estudiantes y personal universitario.

Todo el mundo habla inglés, ¿verdad?

Sin embargo, hay un grupo de europeos que resisten la tendencia hacia un uso más extenso de idiomas extranjeros y permanecen monolingües a lo largo del tiempo: los angloparlantes. Al mantener su estatus de lingua franca, el inglés es con diferencia el idioma extranjero que más se aprende, tanto en Europa como en el resto del mundo. Cerca del 90% de los escolares europeos están aprendiéndolo desde Polonia a Portugal. Pero, ¿dónde deja esto a sus hablantes nativos? No es una gran sorpresa encontrar que menos de un tercio de la población en Irlanda y el Reino Unido conoce algo además de su idioma materno.

La reticencia de los británicos en cultivar habilidades lingüísticas adicionales es más que notoria. Como isleños, simplemente nunca han desarrollado una cultura de aprendizaje de idiomas; y con nuestros homólogos al otro lado del canal adoptando el inglés, tampoco sentimos una gran urgencia. Francés y alemán, los idiomas extranjeros más ampliamente enseñados en el Reino Unido, están descendiendo en picado en las escuelas secundarias. A nivel universitario, las instituciones están acometiendo un recorte en los cursos de idiomas debido al insuficiente número de estudiantes, y aquellos que estudian otras materias están perdiendo oportunidades Erasmus porque su dominio de lenguas no es suficiente para vivir en el extranjero.

Aunque la estrategia lingüística nacional concebida para abordar nuestras deficiencias lingüísticas ha tenido éxito hasta ahora al promover el acceso a los idiomas en la primera infancia en el 50% de las escuelas, la retirada paulatina de los idiomas obligatorios a la edad de 14 años puede sabotear algunos triunfos. Las universidades se quejan de que tendrá un efecto directo en las admisiones y, en última instancia, en la futura oferta de expertos de idiomas. ¿Quién enseñará a los niños cuando el recorte de profesores de idiomas sea tal que el gobierno tenga que sobornar a los licenciados con incentivos profesionales para dedicarse a la profesión?

Ya el Reino Unido no tiene suficientes lingüistas cualificados para cubrir sus necesidades. Contrariamente a la creencia popular, un inglés no puede arreglárselas en cualquier lugar, en cualquier campo, sólo con el inglés. Isabella Moore, directora del CILT (Centro Nacional para los Idiomas), advierte de que el descenso en el multilingüismo tiene serias implicaciones: "con el 70% de los negocios envueltos en alguna forma de actividad internacional la idea de que los idiomas son sólo para los 'académicos' tiene poca visión de futuro y daña la economía". Roger Woods, presidente del Consejo Universitario de la Europa Moderna, lo confirma: "las compañías empiezan a entender que están perdiendo negocios por no tener capacidad para los idiomas".

Los beneficios del multilingüísmo para los individuos, las economías y para la sociedad internacional en su conjunto difícilmente pueden ser exagerados y en el Reino Unido se necesitan políticas lingüísticas para ponerse al día. La mayor parte de Europa ha entendido el mensaje. En cuanto a los angloparlantes, si no el deseo de mantener el contacto con sus vecinos, quizá la compresión gradual de lo que pueden llegar a perder personal, profesional y económicamente por limitarse a su idioma materno todavía podría hacerles salir del letargo lingüístico.

Artículo publicado el 20 de Junio de 2005 en el dossier La Europa de los malentendidos