¿Hacia una Europa más verde?

Artículo publicado el 8 de Marzo de 2016
Artículo publicado el 8 de Marzo de 2016

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El marco político y medioambiental

La UE es el hogar actual de unos 700 millones de personas. Sin embargo, a pesar de que se prevé que la población europea disminuya hacia 2050, la demanda de energía en el continente es enorme. Aun así, no son solamente los factores demográficos los que han influido en esta carrera por el suministro energético en los útimos años, sino que ahora también están en juego causas políticas y medioambientales.

Tras la anexión de Crimea por Moscú a principios de 2014, la UE reaccionó sancionando a Rusia, un gesto que ha generado una especie de clima frío y tenso entre ambos bloques. Sin embargo, esto supuso un problema para la UE, gran dependiente del gas ruso, ya que le dio a Putin una muy buena baza en su juego del brazo de hierro. De ahí la urgente necesidad de diversificar los proveedores de energía en Europa y de sacar el máximo provecho a los recursos energéticos que existen en el territorio europeo, como el viento, el sol o la energía hidráulica. 

En relación a este asunto, algunas voces se muestran más optimistas que otras. En mayo de 2015, Dalibor Rohac escribió en el Financial Times que “la UE no alcanzará la independencia energética si no incrementa también el suministro total de energía en el continente. Intentar conseguir esto solamente a través de las renovables no es realista”, argumentó.

Tras las fructíferas conversaciones de París en diciembre de 2015, se acordó de manera global la necesidad de la puesta en marcha de una serie de medidas; para proteger la sostenibilidad y la biodiversidad de nuestro planeta, es primordial una transición de los combustibles fósiles a la energía limpia.

La Comisión Europea ha anunciado hace poco que "el Acuerdo de París abrirá su período de recogida de firmas el 22 de abril de 2016 en Nueva York, y entrará en vigor cuando al menos 55 de las partes que representen por lo menos el 55% de las emisiones globales lo ratifiquen." Sin embargo, el gigante petrolífero BP ha publicado recientemente su pronóstico energético anual reivindicando el petróleo y el gas como recursos energéticos del futuro. ¿Se pondrá así en apuros al primer pacto global y jurídicamente vinculante sobre el clima?

¿Cuáles son las políticas propuestas por la UE?

El comisario y vicepresidente Maroš Šefčović consideró el progreso hasta ahora y añadió que 2016 sería el año de la legislación. Por lo tanto, antes de la Cumbre de París se pusieron ya sobre la mesa medidas políticas, y en este momento se están debatiendo varias iniciativas más. Para empezar, la UE está debatiendo sobre la mejor forma de aplicar el Emissions Trading System (ETS) en los Estados Miembros así como la economía circular, que pretende reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y gestionar mejor el tema de los residuos en Europa, mejorando los procedimientos de reciclaje en todo el continente. Se trata de un paso de extrema importancia si consideramos las infinitas toneladas de basura acumulada que produce la población cada año. La solución, junto con un aumento de la conciencia social para reducir el consumismo, cubre definitivamente todo el ciclo desde la producción hasta el consumo, pasando por la gestión de residuos y el mercado de materiales de segunda mano.

En febrero de 2015, la Comisión presentó el Paquete Energético de la UE, que exigía seguridad energética y eficiencia en Europa, una retirada progresiva del carbón de la economía y la estimulación de la investigación, la innovación y la competitividad, todo ello en un mercado energético europeo bien integrado. Actualmente, están debatiéndose dentro de las instituciones de la UE cuestiones como el almacenamiento de energía y la forma de integrar la energía renovable dentro del sistema energético. Así, la eficiencia energética es hoy en día el tema candente dentro del mercado de la energía. La legislación como el energy labelling, el eco-diseño y correcto cumplimiento energético en los edificios están poniéndose en práctica para asegurarse de que la UE alcance su objetivo de eficiencia energética en 2020.

¿Podemos imaginar un planeta más verde en el futuro? De hecho, el desarrollo a gran escala de las renovables que se requiere para conseguir desterrar el carbón es técnicamente posible. Sin embargo, la intermitencia de estas fuentes podría resultar en flujos energéticos menos predictibles; de ahí la necesidad del almacenamiento de la energía. Algunos lo llaman “la tercera Revolución Industrial”, donde el consumidor de energía ya empoderado será capaz de decidir el futuro de nuestro planeta. El documental “The Future of Energy” ofrece una visión clara y positiva de lo que los individuos pueden hacer para contribuir a un futuro sostenible para las próximas generaciones.

Going Green: las soluciones limpias son reales

Antes de la COP21 de París, la eurodiputada Françoise Grossetête reivindicó las redes eléctricas inteligentes como una solución para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y hacer frente a la pobreza energética. De hecho, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) publicó un estudio sobre el impacto medioambiental de las redes energéticas inteligentes, llegando a la conclusión optimista de que algunas soluciones podrían implicar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y un impacto positivo en el cambio climático. Además, según la IEA, el porcentaje de las renovables dentro de la producción europea de electricidad pasará del actual 13% al 26% para 2030. Según el Energy Post, 2015 fue un año optimista para Europa, y es que las renovables crecieron de tal manera que ahora producen un 29% del suministro total de electricidad.

El ejemplo de Dinamarca resulta motivador: tienen el récord mundial de producción de energía eólica, un nivel de producción que sobrepasa su demanda nacional. Así como Noruega, que constituye el mejor ejemplo de toda Europa en cuanto a vehículos eléctricos se refiere, con su objetivo de contar con 100.000 coches eléctricos para 2020. Sin embargo, las diferencias en la generación de electricidad aún persisten según la región, desde un 90% de combustibles fósiles en Oriente Medio, mayormente petróleo y gas, a más de un 70% de renovables en Latinoamérica, en especial energía hidráulica y biomasa. En Francia, por ejemplo, cerca de un 70% de la electricidad proviene de la energía nuclear, que también exporta a sus vecinas Bélgica y Alemania. Por otro lado, países como Brasil, Uruguay, Paraguay, Noruega y Venezuela dependen de la energía hidráulica en más de un 80% del total de su electricidad.

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