Hacia una Europa sin Fronteras

Artículo publicado el 23 de Abril de 2006
Artículo publicado el 23 de Abril de 2006

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El mercado común europeo de bienes ya es una realidad. Ya es hora de que el libre mercado laboral sea algo más que un sueño.

“Una política de libertad para el individuo es la única política verdaderamente progresista”, dijo von Hayek, Premio Nobel de economía. Sostuvo que una política económica basada en el libre intercambio era económicamente viable y la más beneficiosa para la sociedad. Hoy en día, en Europa el libre intercambio de bienes y servicios y la explotación de ventajas competitivas ya han ganado el debate contra el proteccionismo y han puesto a la Unión europea en el camino hacia un único mercado común. Va siendo hora de conseguir un libre mercado laboral que lo acompañe.

Libre obligación

Europa eligió la libertad de circulación de trabajadores hace cincuenta años. Hace poco, la Comisaria de Competencia de la Comisión Europea, Neelie Kroes, reiteró que “un mercado interno es lo más beneficioso para todos: para cada Estado miembro y para el consumidor y el mundo de los negocios”.

La Comisión europea no sólo está comprometida con la libre circulación de trabajadores: tiene la obligación de impulsar a la integración económica. La mejor manera de hacerlo es acelerando la creación de un mercado laboral unificado. En un informe reciente, la Comisión llegaba a la conclusión de que la migración ha tenido un efecto positivo en las economías de la UE de los 15, incrementándose el empleo en los países receptores. También admite que los trabajadores de la UE de los 10 nuevos miembros tienen un papel complementario en el mercado laboral y no perjudican los sistemas de seguridad social de la UE 15. La comisión concluyó recomendando una reestructuración de todas las barreras. “Hay que estar orgullosos y tomar ventaja de la pura energía, el dinamismo y el trabajo duro que la gente de los nuevos Estados miembro traen a Europa”, declara el Comisario de Comercio Peter Mandelson.

Hablando con propiedad

La opinión de la Comisión está basada en la realidad económica de la Europa de hoy en día. La protección existente de los trabajadores locales frente a la competencia extranjera se traduce en precios más altos para los bienes y servicios pagados a proveedores y productores de servicios a altos costes locales. Además, tal proteccionismo acaba con el dinamismo del país. Protegidos de la competencia extranjera, las empresas tienen muy poca motivación para mejorar. La gente en el Reino Unido, Suecia y los otros países que decidieron no introducir periodos de transición en 2004 están satisfechos con los trabajadores de la construcción procedentes del este, más baratos y más cualificados. Finlandia, España y Portugal también lo serán a partir del 1 de Mayo de 2006, cuando abran sus mercados laborales a los trabajadores del centro y el este de Europa.

No es sólo el consumidor europeo quién se beneficia. Las actuales barreras proteccionistas están amparando a un pequeño grupo de trabajadores selectos de las realidades del mercado. Haciendo esto, están forzando a los inmigrantes ilegales al mercado negro, no pudiendo así usar los sistemas de sanidad o seguridad social. Mantener las barreras es políticamente atractivo pero económicamente erróneo.

Es la economía, ¡estúpido!

Algunos países en Europa, como Italia, Alemania y Francia, aún no desean retirar sus obstáculos e incluso admiten la problemática naturaleza de sus mercados laborales y la toma necesaria aunque impopular de ciertas medidas, como el Hartz IV en Alemania, que reduce el subsidio de desempleo, o la ley del primer contrato, actualmente en el punto de mira en Francia.

Ambas medidas se dirigen a impulsar el empleo y el crecimiento; incrementan la flexibilidad del mercado laboral y reducen los incentivos para permanecer desempleados. Esta liberalización del mercado laboral debe también incluir la reestructuración de las restricciones en las migraciones a los países de la UE de los 15. Estos países se dan cuenta de la necesidad de estas reformas afrontando las dificultades sacándolas a relucir. El Primer Ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker lo reconocía: “Sabemos exactamente lo que hacemos, pero no sabemos cómo ganar las próximas elecciones después de lo que hemos hecho.”

Tiempos valientes

Los políticos deben tener el coraje de llevar a cabo estas reformas. Alabar el libre mercado de bienes, mientras al mismo tiempo se temen las superficiales amenazas de la circulación de trabajadores, revela una aproximación bastante obtusa a la integración económica. Al igual que la Corte de Justicia Europea pavimentó el camino hacia la libertad de circulación de bienes en los setenta, hoy en día debería mirar con el espíritu de los tratados de Europa e impulsar a través de valientes decisiones lo que permitiría un mercado interno unificado de trabajadores.