Halcones israelíes, palomas europeas

Artículo publicado el 27 de Marzo de 2006
Artículo publicado el 27 de Marzo de 2006

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Israel reflexiona sobre un ataque militar contra Irán, mientras Europa confía en una solución diplomática del conflicto en torno a su potencial atómico. ¿Pueden superarse todavía las diferencias?

El programa atómico iraní se ha convertido en un tema clave de la campaña electoral israelí. Incluso políticos moderados como el vigente jefe de gobierno israelí Ehud Olmert solicitan una actuación contundente contra Irán. Ante un lobby pro-israelí de Washington calificó Olmert hace poco tiempo a Irán como “un gran peligro para la totalidad del mundo civilizado” y reivindicó la necesidad de “adoptar todas las medidas necesarias” para evitar su construcción de armas atómicas. Entre esas medidas se encuentra un posible ataque aéreo contra instalaciones atómicas iraníes, para lo que Tel Aviv ya se está preparando.

Esperanza de una solución diplomática

También en el Reino Unido, Francia y Alemania, países que lideran las negociaciones de la UE, han endurecido el tono de sus declaraciones tras la repetida reivindicación del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad de: "suprimir a Israel del mapa". Ni el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, ni el Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Javier Solana, quisieron descartar la posibilidad de sanciones.

Sin embargo, los europeos, a pesar del malestar por el reincidente atentado de Teherán contra el Acuerdo de No Proliferación nuclear y la transferencia del caso al Consejo de Seguridad de la ONU, se aferran a una solución diplomática excluyendo el ataque militar. Siguen confiando en que las negociaciones con Moscú sobre el traslado del uranio enriquecido a Rusia traerán la solución. Steinmeier alertó sobre la posibilidad de caldear el conflicto con amenazas militares y subrayó que la intervención del Consejo de Seguridad no significa de ninguna manera el fin de la diplomacia.

Miles de muertos por la intervención militar

¿Cómo se explican tan diferentes tomas de posición? ¿No han reconocido los europeos la seriedad del asunto? ¿Son demasiado cobardes para afrontar el riesgo de un enfrentamiento? La respuesta se encuentra en los diferentes intereses de Europa e Israel. Para Israel, la bomba atómica iraní constituiría una amenaza existencial. El reparto de poderes en Oriente Próximo variaría para disgusto de Israel, que habría visto roto su monopolio atómico.

Para los europeos, en cambio, un Irán dotado de armas atómicas no supondría ninguna amenaza directa. Por el contrario, un ataque militar a Irán amenazaría la paz en la región y dificultaría a su vez el acceso a las imprescindibles reservas de petróleo. De los resultados de un estudio publicado recientemente por el Oxford Research Group se deduce que sería posible, en pocos días, destruir las instalaciones atómicas más importantes de Irán.

Para garantizar el éxito del ataque y evitar el contraataque, deberían también inutilizarse la defensa antiaérea, las fuerzas aéreas y la marina iraní. Esta acción militar, según las valoraciones de los investigadores ingleses, provocaría miles de muertos, desestabilizando la totalidad de la región para muchos años. El régimen iraní se consolidaría, reuniendo todas las fuerzas bajo su liderazgo y recibiendo nuevas solicitudes de admisión para el ejército iraní. Además de ello, cabría esperar ataques a las tropas estadounidenses en Irak, el bloqueo del aprovisionamiento petrolero y nuevos ataques terroristas de Hezbolá.

Bombardeos cada dos años

El informe concluye afirmando que los gastos para Israel en las fronteras se mantendrían y que la mayor carga entre sus aliados tendría que soportarla EE UU. Un ataque militar satisfacería a corto plazo los intereses de Israel, pero a pesar de que incluso Israel esté preparada para asumir una drástica subida del precio del petróleo y una escalada de la violencia en Irak, no encontraría ningún sentido en mantener un ataque a largo plazo.

El ataque aéreo israelí al reactor atómico iraquí Osirak en 1981 hace evidentes las ventajas de la opción militar. Israel destruyó con éxito el reactor poco después de su puesta en marcha y consiguió retrasar el programa atómico iraquí durante años. Sin embargo, a largo plazo, el ataque condujo a una aceleración del programa atómico iraquí, que no podría ser desarmado hasta décadas después a través del programa de control de armamento de la ONU. Este hecho lo pone de manifiesto Joseph Cirincione en un estudio del foro de pensamiento de Washington Carnegie Endowment. El ataque a Irán debería contar con que Irán ha roto el Acuerdo de No Proliferación y que dedica todos sus recursos a la construcción de la bomba atómica. Para impedir a largo plazo una bomba atómica iraní, Israel debería bombardear las instalaciones atómicas iraníes una vez cada dos años.

También EE UU ha reconocido mientras tanto el riesgo de un ataque militar por lo que apuesta de forma decidida por la utilización de medios no militares. Su intención es acelerar el cambio interno, para lo que recientemente han incrementado considerablemente las medidas de protección de la oposición iraní, a lo que debería sumarse Europa. Evidentemente, las mayores oportunidades para asegurar a largo plazo la paz y la estabilidad de Oriente Próximo dependen de un cambio en Irán. Las reflexiones israelíes sobre un ataque militar son en este contexto de poca ayuda, ya que sólo contribuyen a alimentar las posiciones más extremistas en Teherán, reforzando su poder.