¡Hallo Mickey! la infantilización de la moda berlinesa

Artículo publicado el 28 de Abril de 2014
Artículo publicado el 28 de Abril de 2014

Atrás quedó la época en la que las Ray-Ban y las bol­sas de yute eran el úl­ti­mo grito. El ber­li­nés cool se viste en­tre­tan­to como un niño de la es­cue­la pri­ma­ria, lo que hace que pueda re­ci­clar de forma eco­ló­gi­ca­men­te co­rrec­ta tanto su an­ti­gua bolsa de de­por­te como la cha­que­ta de lana de su abue­lo. ¿De dónde viene ese miedo a una cor­po­ra­li­dad adul­ta?

"¡Ya llega el si­guien­te con bolsa de de­por­te!". Los hay que dis­fru­tan de su cer­ve­za de des­pués del tra­ba­jo con tem­pe­ra­tu­ras pri­ma­ve­ra­les en un ban­qui­to en vez de ha­cer­lo, como de cos­tum­bre, en uno de los lo­ca­les de moda de Neukölln. A éstos se les puede di­vi­sar de vez en cuan­do en los par­ques in­fan­ti­les. ¿Cuán­do exac­ta­men­te de­ja­ron de estar de moda las bol­sas de yute y fue­ron rem­pla­za­das por las bol­sas de de­por­te? "En­tre­tan­to, casi todo el mundo anda por ahí con una bolsa azul de ésas a la es­pal­da, lo que siem­pre me re­cuer­da a las ho­rri­bles cla­ses de Edu­ca­ción fí­si­ca en el co­le­gio", cuen­ta Chris, que vive desde hace ya tiem­po en el sur de Ber­lín.

Me en­can­ta­ría vol­ver a ser un niño... desde el punto de vista de la moda

La bolsa de de­por­te tiene la gran des­ven­ta­ja de que no sólo hay que ba­ta­llar du­ran­te horas con el cor­dón des­li­zan­te sino que tam­bién hay que re­vol­ver du­ran­te media eter­ni­dad en busca del mo­ne­de­ro (des­pués de todo, la bol­si­ta no tiene nin­gún bol­si­llo in­te­rior). A pesar de eso, ésta fa­vo­re­ce la igual­dad en el sec­tor mas­cu­lino ber­li­nés: mien­tras que casi nin­gún bar­bu­do en ca­mi­sa pa­sea­ría por Neukölln bolso en mano, la bolsa de de­por­te es un ac­ce­so­rio nada pro­ble­má­ti­co desde el punto de vista del gé­ne­ro. A fin de cuen­tas, todos lle­vá­ba­mos sólo pan­ta­lo­nes y ca­mi­se­tas en la es­cue­la pri­ma­ria y, así, nos opo­ne­mos con éxito –su­da­de­ra Dis­ney re­gla­men­ta­ria según el gé­ne­ro aquí y allá– a la se­xua­li­za­ción de nues­tro cuer­po. "La bolsa de de­por­te está te­nien­do tanto éxito que ya in­clu­so casi sus­ti­tu­ye a la Fjällräven Kan­ken", ríe Chris. La prác­ti­ca mo­chi­la cua­dra­da azul sueca es jus­ta­men­te un ac­ce­so­rio in­fan­til que con­quis­tó rá­pi­da­men­te la ca­pi­tal ale­ma­na. Ade­más, la chica que añade tam­bién unos cal­ce­ti­nes y un jer­sey con mo­ti­vos de Blan­ca­nie­ves al­can­za la per­fec­ción en su look. Ya sólo falta girar los pies hacia aden­tro cuan­do se fuma un ci­ga­rro en la puer­ta del local para pa­re­cer su pro­pio yo in­fa­me de la época es­co­lar.

El chico, por el con­tra­rio, se puede en­tre­gar al es­ti­lo ma­ri­ne­ro, re­co­no­ci­ble por las ca­mi­se­tas a rayas, por las gafas re­don­das de em­po­llón y por los bajos de los va­que­ros re­man­ga­dos in­fan­til­men­te, o puede ser­vir­se del ar­ma­rio del abue­lo: "Ésta es la pa­ra­do­ja en cues­tión", dice Chris. "Mu­chos hom­bres aquí lle­van cha­que­tas de lana y pan­ta­lo­nes ver­des de pana, como sus pro­pios abue­los". Tam­bién es aún po­pu­lar el juego so­ña­dor co­no­ci­do como el dado má­gi­co de mala fama de Rubik. En reali­dad, se ten­dría que lle­var siem­pre con­si­go en la mo­chi­la algo para jugar o para hacer ma­nua­lidades. Sin em­bar­go, ex­pre­sión de lo ab­sur­do atem­po­ral, tam­bién los te­lé­fo­nos in­te­li­gen­tes están per­mi­ti­dos, pues­to que in­clu­so los niños pe­que­ños tie­nen ya te­lé­fo­nos mó­vi­les.

LOS ETER­NOS NIÑOS JU­GUE­TO­NES DE LA GE­NE­RA­CIÓN Y

In­fan­ti­li­za­ción o ge­ria­tri­za­ción de la moda: ¿De dónde viene ese miedo a la ex­pre­sión de la pro­pia cor­po­ra­li­dad adul­ta? A la Ge­ne­ra­ción Y, a la que per­te­ne­cen mu­chos ha­bi­tan­tes del ba­rrio de moda, Neukölln, se le echa en cara con­ti­nua­men­te, y no en vano, que huyan de sus pro­pias res­pon­sa­bi­li­da­des y que se re­ti­ren a sus mun­dos de jue­gos pseu­do-idí­li­cos. Sin em­bar­go, el es­pec­ta­dor be­be­dor de cer­ve­za se pre­gun­ta: ¿Por qué se que­rría que­rer re­cor­dar la ho­rri­ble etapa es­co­lar? Des­gra­cia­da­men­te, la ola ge­ne­ral de nos­tal­gia pre­do­mi­nan­te abar­ca in­clu­so la pro­pia niñez, de modo que, en las fotos en tonos ma­rro­nes del álbum fa­mi­liar, sólo vemos las ca­mi­se­tas cool des­co­lo­ri­das y ya no nos acor­da­mos de las cla­ses de Edu­ca­ción fí­si­ca lle­nas de lá­gri­mas.

La bolsa de de­por­te es tan po­pu­lar en Ber­lín que in­clu­so una marca elec­tro lleva su nom­bre. Oli­ver Scho­ries, Be (Ori­gi­nal Mix), 2013.  

Puede que jugar al es­con­di­te en los ar­ma­rios de niños o de abue­los re­pre­sen­te una in­se­gu­ri­dad se­xual ge­ne­ra­li­za­da. Gra­cias a la eman­ci­pa­ción y a los es­tu­dios de gé­ne­ro, a los hom­bres sobre todo ya no se les sir­ven en ban­de­ja, por suer­te, los pro­pios roles de gé­ne­ro. Así, al­guno que otro pre­fie­re que­dar­se con la clara pos­tu­ra que aún do­mi­na­ba en tiem­pos de la es­cue­la pri­ma­ria –a la ima­gen y se­me­jan­za de su abue­lo– o des­pe­dir­se del circo sal­va­je del apa­rea­mien­to. A pesar de todo, las mu­je­res no pro­mue­ven de nin­gu­na ma­ne­ra con su look de cuen­to una ob­se­sión al es­ti­lo Lo­li­ta: el mo­vi­mien­to ber­li­nés de cal­ce­ti­nes y bol­sas de de­por­te queda en ver­dad lejos del fa­na­tis­mo in­fan­til ja­po­nés.

Al igual que pasa con todas las modas, la nos­tal­gia por la niñez tam­bién ten­drá que hacer sitio en los pró­xi­mos años a su ex­plo­si­vo opues­to: una ola hi­per­se­xua­li­za­da de ca­mi­se­tas de mus­cu­la­ción y push-up. Hasta en­ton­ces, aún queda, por suer­te, su­fi­cien­te tiem­po para es­pe­cu­lar con el re­gre­so de los bol­sos que se cuel­gan a la al­tu­ra del pecho y las mo­chi­las Scout. Éstos aún no se han visto por Neukölln, pero se­gu­ro que no habrá que es­pe­rar mucho para que los pio­ne­ros de la moda des­cu­bran al mons­truo de tonos ver­des, rosas y azu­les al re­bus­car en el ático. Y la moda retro de co­lo­res de neón no pega ni con cola con las mo­chi­las Scout, de nin­gu­na ma­ne­ra.