¿Hasta cuándo te quedas?  

Artículo publicado el 19 de Mayo de 2014
Artículo publicado el 19 de Mayo de 2014

La crisis económica y la elevada tasa de paro que sacude a la sociedad española ha empujado a miles de jóvenes a cruzar las fronteras para tratar de abrirse camino en Europa. Bruselas, la capital belga, acoge a cientos de ellos, muchos de los cuales sobreviven a base de trabajos precarios, mal remunerados o sin seguridad social, para los que están de sobra preparados.

¿Hasta cuán­do te que­das? Esta es una de las fra­ses que más es­cu­chan mu­chos de los jó­ve­nes que han lle­ga­do a Bél­gi­ca en busca de lo que ellos creen que es El Do­ra­do del em­pleo. Nos lo cuen­tan Laura y Est­her, ami­gas, pero que com­par­ten mucho más que bue­nos y malos mo­men­tos: ambas son jó­ve­nes emi­gran­tes es­pa­ño­las que un día, har­tas de no en­con­trar opor­tu­ni­da­des en su tie­rra, se lan­za­ron a la aven­tu­ra. Ex­pli­can que la lle­ga­da de in­mi­gran­tes de los paí­ses del Sur se ha mul­ti­pli­ca­do por la cri­sis. Y notan el re­cha­zo, cada vez mayor, de buena parte de la so­cie­dad: "siem­pre te pre­gun­tan ¿Cuán­do te vas?, ¿Hasta cuán­do te que­das?".

Laura tiene tra­ba­jo, aun­que forma parte de la bolsa de eco­no­mía su­mer­gi­da: "Tra­ba­jo en un res­tau­ran­te con un con­tra­to de 30 horas, cuan­do en reali­dad hago 60 y cobro la mitad del suel­do en un sobre". Y por lo visto, ese mer­ca­do negro es algo bas­tan­te ha­bi­tual. "Co­noz­co mu­chos más en mi si­tua­ción", con­fie­sa. Los ele­va­dos im­pues­tos y la abun­dan­cia de mano de obra re­cién lle­ga­da del sur de Eu­ro­pa com­po­nen el caldo de cul­ti­vo per­fec­to para que mu­chos em­pre­sa­rios se apro­ve­chen, elu­dan al fisco y ofrez­can con­tra­tos pre­ca­rios. Es muy di­fí­cil ci­frar el pro­ble­ma, pero las es­ti­ma­cio­nes apun­tan a unos 300.000 afec­ta­dos.

El caso de Est­her es dis­tin­to. Es en­fer­me­ra, lleva año y medio en Bél­gi­ca y tiene un buen em­pleo. "Las con­di­cio­nes son me­jo­res que en Es­pa­ña, no solo por el suel­do", ex­pli­ca; pero los inicios, re­cuer­da, fue­ron duros. "Cuan­do lle­gas aquí tie­nes tres meses para en­con­trar tra­ba­jo, si no te man­dan una carta di­cién­do­te que te van a ex­pul­sar", se­ña­la. In­clu­so, en­fa­ti­za, puede pre­sen­tar­se la po­li­cía en tu do­mi­ci­lio. En su caso, esta si­tua­ción no se pro­du­jo por­que en­con­tró tra­ba­jo justo al lí­mi­te, aun­que "la ad­mi­nis­tra­ti­va del ayun­ta­mien­to me dijo que iba a en­viar a la po­li­cía". El año pa­sa­do, 323 es­pa­ño­les re­ci­bie­ron la no­ti­fi­ca­ción de ex­pul­sión. No es exac­ta­men­te una de­por­ta­ción en sen­ti­do es­tric­to, es, más bien, una es­pe­cie de "muer­te ad­mi­nis­tra­ti­va". El prin­ci­pio bá­si­co de la Unión Eu­ro­pea (UE) sobre la libre cir­cu­la­ción de bie­nes, ca­pi­ta­les y tra­ba­ja­do­res queda cuan­to menos en en­tre­di­cho en lo re­fe­ren­te a per­so­nas en bús­que­da de em­pleo.

Son solo dos casos de miles en toda la UE. En efec­to, los idio­mas que más se es­cu­chan en las ca­lles bel­gas, des­pués del fran­cés y el fla­men­co, son el ita­liano, el grie­go, el por­tu­gués y el cas­te­llano.

¿Qué está ocu­rrien­do?

No hace falta re­pe­tir los datos. La in­mi­gra­ción se ha con­ver­ti­do en un fe­nó­meno ac­tual en la vieja Eu­ro­pa, ma­xi­mi­za­do por la cri­sis eco­nó­mi­ca. Los paí­ses más afec­ta­dos por ella, Gre­cia, Por­tu­gal, Ita­lia o Es­pa­ña, que cuen­tan con tasas de paro ju­ve­nil que ron­dan el 50%, pier­den ca­pi­tal hu­mano que mar­cha di­rec­ción norte. Al­gu­nos ha­blan de una ge­ne­ra­ción per­di­da. Se cal­cu­la que hay unos mi­llo­nes de tra­ba­ja­do­res iti­ne­ran­tes en la UE, según in­for­ma­cio­nes de Pablo Simón, pro­fe­sor de la Uni­ver­si­dad Libre de Bru­se­las (ULB). Gran parte de estos 8 mi­llo­nes se en­cuen­tran ex­plo­ta­dos y en si­tua­ción irre­gu­lar. Los jó­ve­nes siem­pre han sido los más aven­tu­re­ros a la hora de emi­grar pero Car­los Var­gas, in­ves­ti­ga­dor de la Uni­ver­si­dad de Ox­ford, des­ta­có para Ca­fé­Ba­bel que "la cri­sis lo ha po­ten­cia­do" y eso ge­ne­ra que acep­ten tra­ba­jos para los que están so­bre-cua­li­fi­ca­dos. En mu­chos casos, re­nun­cian­do a de­re­chos. Por su parte, Mario Iz­quier­do, del Banco de Es­pa­ña, ase­gu­ró a esta re­vis­ta que hay una re­la­ción di­rec­ta entre la cri­sis y la emi­gra­ción, pero ma­ti­za que no solo se van jó­ve­nes es­pa­ño­les, sino "tam­bién los in­mi­gran­tes de otros paí­ses que ha­bían lle­ga­do a Es­pa­ña".

So­lu­cio­nes

Mu­chos jó­ve­nes cuen­tan que se sien­ten per­di­dos y de­man­dan más in­for­ma­ción. Desde IN­TE­GRA­BEL tra­tan de brin­dar­les ase­so­ra­mien­to. "Somos un punto de en­cuen­tro, un es­pa­cio donde hacer con­tac­tos", afir­ma  su coor­di­na­dor ge­ne­ral, Luis Mo­li­na. Cer­ti­fi­ca que hay mu­chos casos de  es­pa­ño­les in­mi­gran­tes "casi obli­ga­dos a salir ante la tasa de paro" que, a pesar de tener una buena for­ma­ción y desen­vol­ver­se en va­rios idio­mas, se en­cuen­tran un pa­no­ra­ma muy com­pe­ti­ti­vo. "Yo lo llamo en plan broma el Ho­lly­wood de Eu­ro­pa, por­que mu­chas per­so­nas vie­nen aquí y hay una alta com­pe­ten­cia", co­men­ta. Por eso al­gu­nos se ven abo­ca­dos al mer­ca­do negro. A estos, Luis les diría: "no lo acep­tes o sal de ahí", a pesar de que, según ma­ti­za, la ne­ce­si­dad que atra­vie­san los jó­ve­nes es más que com­pren­si­ble.

Juan López, se­cre­ta­rio de Re­la­cio­nes Ins­ti­tu­cio­na­les del PSOE en Eu­ro­pa, co­no­ce bien el pro­ble­ma. Cree que hay que ac­tuar en cua­tro ám­bi­tos: Más in­for­ma­ción, den­tro y fuera de Es­pa­ña; adop­tar una po­lí­ti­ca mi­gra­to­ria común en Eu­ro­pa, ho­mo­lo­gar tí­tu­los uni­ver­si­ta­rios y pro­fe­sio­na­les y am­pliar los pla­zos de re­si­den­cia en otros paí­ses de 3 a 6 meses en pe­río­dos de agu­das cri­sis.

Por su parte, Pablo Simón, evi­den­cia la falta de in­for­ma­ción. Con­si­de­ra ur­gen­te pre­sio­nar a las ins­ti­tu­cio­nes para for­zar una ac­ción coor­di­na­da que acabe con esta si­tua­ción. A las puer­tas de las elec­cio­nes eu­ro­peas que, por cier­to, coin­ci­den con las fe­de­ra­les y re­gio­na­les bel­gas, ve una opor­tu­ni­dad por­que "en este pe­río­do elec­to­ral se puede hacer ruido para in­ten­tar ata­car el pro­ble­ma".

Como tan­tos jó­ve­nes, el mo­vi­mien­to 15-M tam­bién llegó de Es­pa­ña. Sus in­te­gran­tes en Bél­gi­ca no creen que los emi­gran­tes sean el pro­ble­ma, sino la ac­ti­tud de las au­to­ri­da­des, bel­gas y eu­ro­peas. Por eso se es­can­da­li­zan ante la po­si­bi­li­dad de "matar ad­mi­nis­tra­ti­va­men­te" a ciu­da­da­nos, eli­mi­nan­do de­re­chos bá­si­cos. Así, de­ci­die­ron en Asam­blea tras­la­dar una queja for­mal ante la UE en con­tra de la ex­pul­sión de ciu­da­da­nos co­mu­ni­ta­rios por parte de Bél­gi­ca. "Que­re­mos que se tome cons­cien­cia del pro­ble­ma" pro­cla­ma Sara La­fuen­te, miem­bro del co­lec­ti­vo, y es­pe­ran que las cosas cam­bien. "La es­pe­ran­za es lo úl­ti­mo que se pier­de", apun­ta.

Los cam­bios en la com­ple­ja reali­dad eu­ro­pea son di­fí­ci­les y len­tos. Eu­ro­pa es un ente de pro­por­cio­nes gi­gan­tes­cas que se mueve des­pa­cio. Pa­re­ce ne­ce­sa­ria más cohe­sión y es­ta­ble­cer una po­lí­ti­ca mi­gra­to­ria efec­ti­va y clara entre los 28 es­ta­dos del club co­mu­ni­ta­rio. Mien­tras, el tiem­po pasa, y en Bru­se­las y en tan­tos otros lu­ga­res, se se­gui­rá es­cu­chan­do el acen­to es­pa­ñol en las voces de la emi­gra­ción. La de Laura, co­ci­ne­ra en un ele­gan­te res­tau­ran­te; la de Est­her, en­fer­me­ra en un ge­riá­tri­co o la de Ma­nuel, un mú­si­co que busca em­pleo al tiem­po que sueña con emu­lar a sus ído­los y que no pier­de la son­ri­sa mien­tras com­par­ti­mos una de­li­cio­sa cer­ve­za belga al ritmo de un blues en un bar de esos que aún con­ser­van una vieja má­qui­na de dis­cos.

Este ar­tícu­lo forma parte de la serie es­pe­cial de­di­ca­da a Bru­se­las, "EU-to­pia : Time To Vote", un pro­yec­to de Ca­fé­ba­bel en co­la­bo­ra­ción con la fun­da­ción Hip­pocrène, la Co­mi­sión Eu­ro­pea, el Mi­nis­te­rio de asun­tos ex­te­rio­res y la fun­da­ción EVENS.