¿Hasta qué punto es Turquía musulmana?

Artículo publicado el 24 de Septiembre de 2004
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Artículo publicado el 24 de Septiembre de 2004

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Junto a la mayoría sunnita viven veinte millones de alevitas en el país del Bósforo. Esta comunidad religiosa de orientación humanista debe esconder su fe a pesar de las aseguraciones del gobierno.

”No puede haber mejor bien que la razón;

ni mejor amigo que un buen carácter;

ni mejor legado que la decencia;

ni mayor dignidad que la sabiduría“

Ali Ilhami Dede

Si no fuera por el nombre extranjero del autor, se podría pensar que la cita es de Goethe, Schiller o Humboldt. En todo caso de un gran humanista. El autor del texto era sin lugar a duda un gran humanista. Sólo que su nombre no se incluye en el canon cultural europeo. Ni tampoco en el currículum oficial de su país natal, Turquía. Porque el poeta Ali Ilhami Dede era alevita. Y el Alawismo está prohibido en Turquía.

Una red alemana red alemana de organizaciones humanitarias defensoras de los derechos humanos advierte que la situación de los alevitas en Turquía es “aún más crítica” que la de otras comunidades religiosas no islámicas. El principio fundamental de la Constitución turca es el nacionalismo. Este principio excluye en la práctica a todos aquellos cuya lengua materna no sea el turco y su religión el islam sunnita. Los templos alevitas (cemevi) están prohibidos. Ni siquiera se permite colgar un cartel con la palabra „aleví“ (seguidor de Alí).

Humanismo, libertad y tolerancia

La corriente alevita surgió de la unión de elementos cristianos, gnósticos y chiítas. Para los alevitas el hombre es en primera instancia la forma visible de Dios. Por ello defienden la libertad de decisión tanto de hombres como de mujeres. Para los alevitas, hombres y mujeres gozan de los mismos derechos. Las mujeres no se cubren la cabeza con un pañuelo y pueden participar en las ceremonias religiosas (cem) en las que se toca el saz (una especie de cítara) y se baila una danza ritual llamada Semah. La sharia, la ley islámica, desprecia la corriente alevita. Para los alevitas el Corán no es un libro de leyes sino un testimonio escrito de revelaciones que hay que leer con una visión crítica. Por ello se niegan a ser llamados musulmanes con el fin de que se les confunda con los sunnitas.

Al contrario que la corriente alevita, para el islam sunnita la misión principal consiste en propagar su religión. Por este motivo se construyeron en pueblos alevitas mezquitas al mando de imanes sunnitas, que presionaban a las familias alevitas a participar en las clases Coránicas

La enseñanza de la religión sunnita y su ética es obligatoria desde la constitución de 1892. Niños de familias alevitas deben ir a clases de religión sunnita, deben ayunar como los sunnitas y aprender los rituales sunnitas de oración. En casa son de nuevo alevitas y ven a sus padres beber alcohol y bailar en las ceremonias nocturnas. Una enseñanza que contradice los preceptos religiosos de los padres provoca evidentemente problemas en la conciencia de los niños, por no hablar de las tensiones entre las comunidades religiosas. Esto produjo en el pasado movimientos anti-alevitas, tal como en 1978 en las ciudades de Corum y Kahramanmaras. Aún está en el recuerdo de todos el incendio provocado en 1993 en Sivas durante un festival cultural alevita y en el que murieron 37 personas de esta religió.

Alevitas en la diáspora europea

Un importante punto de partida para mejorar la situación son las asociaciones culturales alevitas en la diáspora europea que se llevan organizando desde los años sesenta en Alemania y que cuentan actualmente con 1,7 millones de miembros en toda Europa. El centro cultural de turcos alevitas en Berlín tiene nada menos que 5000 miembros. “Nosotros no sólo explicamos la enseñanza alevita sino que nos ocupamos del el bienestar de todos nuestros miembros. Se ofrecen cursos de alfabetización, de alemán y de informática así como actividades deportivas o clases particulares para alumnos con dificultades en la escuela”, dice el señor Yorgul, presidente de la asociación. En cincuenta escuelas de Berlín se imparten desde el 2002 por primera vez clases de religión alevita. Según el presidente de la asociación cultural alevita, “este modelo es ejemplar y debe enseñar a Turquía que la integración puede funcionar”.

En relación al tema de la entrada en la UE, el señor Yorgul opina: “Sin duda alguna queremos lo mejor para nuestro país. Pero mientras que los kurdos y los alevitas no gocen de libertad de religión ni de opinión, Turquía no merece el nombre de estado democrático. Y entonces tampoco puede pertenecer a la Unión Europea”. Así pues, quien defienda en una discusión la entrada de Turquía en la UE el aparentemente argumento irrefutable de “¡Turquía es un estado musulmán!” se descalifica a sí mismo, ya que ignora a veinte millones de turcos que no se consideran musulmanes.