¿Hay esperanza para Aceh?

Artículo publicado el 24 de Enero de 2005
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Artículo publicado el 24 de Enero de 2005

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La crisis humanitaria ha ofrecido al gobierno indonesio la oportunidad de resolver el conflicto con los separatistas, manteniéndose no obstante el riesgo de una nueva escalada bélica.

El seísmo que el 26 de diciembre de 2004 sacudió el océano Índico ha afectado especialmente a la provincia de Aceh. El tsunami, que en varios lugares de la costa ha arrasado prácticamente la población entera, ha destruido una región que se encontraba desde hace años en estado de excepción. Esta provincia al norte de la isla de Sumatra es el escenario de uno de los conflictos más largos y sangrientos de Indonesia. La lucha entre el ejército indonesio y los rebeldes del “Movimiento por un Aceh Libre” (GAM) se ha cobrado hasta el momento 10000 muertos, en su mayoría civiles, y ha dejado víctimas casi en cada familia.

Sin embargo, el tsunami ha hecho que esta situación cambie. Yakarta ha abierto esta provincia cerrada durante años a periodistas y representantes de los derechos humanos. El ejército y los separatistas han llegado a un acuerdo provisional de alto el fuego. No obstante, si el gobierno indonesio no consigue organizar la ayuda humanitaria de manera justa y eficiente, la frustración del pueblo no hará sino aumentar

En Estocolmo por un Aceh libre

La guerra civil se remonta a 1976, cuando el empresario Hassan di Tiro, hijo de una familia de la rancia nobleza de Aceh, fundó el GAM y proclamó la independencia de Aceh. Ante el temor de una ofensiva militar global, en 1979 se vio obligado a huir. Encontró asilo en Suecia y desde entonces ha dirigido la lucha por un Aceh independiente desde las afueras de Estocolmo. A menudo se ha afirmado que el GAM deseaba implantar un Estado islamista y, en opinión del experto, Romain Bertrand el objetivo de GAM es un sultanato... con di Tito como sultán.

No obstante, nacionalismo e Islam han estado íntimamente ligados desde siempre en Aceh. Ya desde finales del siglo XIX los religiosos islámicos (Ulama) de Aceh habían convertido la lucha contra el poder colonial holandés en una Guerra Santa. En los años cincuenta Darul Islam, un grupo radical islámico, luchó en Aceh no sólo por la autonomía de la provincia, sino también por convertir Indonesia al Islam. Sin embargo, los separatistas de GAM no son islamistas y su supuesta relación con Al Qaida, que el gobierno de Yakarta quiso dar a entender después del bombardeo de Bali en 2002, es pura ficción.

Tráfico de drogas y madera: el ejército saca ventaja de la guerra

De cualquier forma, la cuestión de cuál fue el motivo primero, si el Islam o el movimiento separatista, perdió su significado a principios de los noventa. La terrible actuación del ejército contra el GAM, que se ha cobrado innumerables víctimas civiles, así como la corrupción e ineficiencia de la administración, según Human Rights Watch, han intensificado la simpatía por el GAM. Además, el ejército ha desarrollado a lo largo de los años sus propios intereses en la región. El final de la confrontación pondría en peligro sus intereses en el negocio maderero y el tráfico de drogas, y por tanto el ejército está interesado en que la guerra finalice. A pesar de las promesas del presidente Yudhoyono de buscar una solución amistosa, el ejército continuó también durante 2004 la ofensiva con el objetivo de exterminar definitivamente el GAM. Sólo el tsunami, que ha llevado a Aceh a ser el foco de la atención publica, ha sido capaz de interrumpirla temporalmente.

Ya no se ponen en duda de los repetidos intentos de cambiar los disparos por la buena voluntad de ambas partes, ya que el día después del tsunami esto se cumplió de mutuo acuerdo. En esta situación el gobierno de Yakarta debe actuar de manera rápida y decidida y mostrar al ejército que no está dispuesto a tolerar la continuación de la lucha. Las próximas semanas serán cruciales: si el gobierno logra organizar de manera justa la reconstrucción y gestionarla con eficiencia, podrá recuperar su legitimidad frente a la población. La continuación de las operaciones militares, por otra parte, amenazaría no sólo con obstaculizar la entrega de ayuda, sino también con alienar aún más a la población.

Por ello, para unos la comunidad internacional ha fomentado el apoyo al gobierno indonesio para que se reconstruya la provincia destruida y así cumplir sus promesas de ayuda. Para otros, no hay que despistarse porque sólo la presencia prolongada de organizaciones internacionales y de los medios puede garantizar el control de la administración local y de los militares, así como mantener la presión sobre todas las partes. El intento del gobierno de restringir de nuevo el acceso a la provincia, supuestamente porque la seguridad de los voluntarios se vería amenazada por el GAM, preocupa. La comunidad internacional, de entre cuyos países Holanda como antiguo poder colonizador tiene especial responsabilidad, debe ejercer presión para que las partes vuelvan a sentarse a negociar.