Héctor Muelas, cuando la corrección política se interpone en el camino

Artículo publicado el 29 de Mayo de 2006
Artículo publicado el 29 de Mayo de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Héctor Muelas es el editor de la versión alemana de Vice, una de las revistas internacionales de cultura juvenil más importantes y, sin duda, una de las más polémicas.

Héctor Muelas desea sushi para el almuerzo y vamos a un pequeño restaurante al lado de su oficina. Las delgadas camareras asiáticas con sus mini-camisas de colores vivos se funden con la también colorida decoración, y revolotean llevando platos cuadrados llenos de sushi. Este español de veinticinco años se sienta; va vestido con una sudadera negra con capucha. Sabe lo que quiere, y pide rápidamente el almuerzo especial Maki con aguacate en vez de pepino. La camarera asiática asiente obedientemente; “ja”, dice ella con su suave voz asiática antes de desaparecer fugazmente en la cocina. La comida está en camino y Muelas me mira. Su rostro, severo y duro, denota cansancio.

Malos hábitos

Ser el editor de la edición alemana de la revista de cultura juvenil más relevante no es tarea fácil. Hay que conseguir historias raras, organizar e ir a fiestas, vender publicidad. Quizá por eso parece tan cansado. La revista es conocida por su polémico contenido, por sus publicaciones de genitales, caras de cadáveres y prostitutas inyectándose droga que aparecen al lado de anuncios de Adidas, Nike o Coca Cola. Es una revista de decadencia, de los malos hábitos a los que otras revistas, según Muelas, hacen la vista gorda con auténtica repugnancia. Vice es una revista gratuita autofinanciada con ingresos publicitarios. Se distribuye en tiendas, galerías y bares en gran parte del mundo de habla inglesa, en los países escandinavos, en Japón y -desde Julio de 2005- también en Alemania. La gente que coge la revista o acaba conmocionada y con los ojos abiertos de par en par o se mueren de la risa. Y Muelas, el chico joven de pelo negro con bolsas en las ojeras que atestiguan la ingestión de alcohol la noche anterior, es responsable de causar esta reacción en cada alemán que ojea la revista.

Muelas no parece ser el candidato predestinado para este trabajo. Habiéndose licenciado en comunicación audiovisual en una de las principales universidades de Barcelona, pasó dos años en una universidad alemana como estudiante Erasmus, perfeccionando sus habilidades artísticas en una escuela de bellas artes. Al principio, comenzó a trabajar de publicista para compañías como BMW. También trabajó en instalaciones audiovisuales, protagonizó exposiciones en Alemania y Suiza y fue ayudante del aclamado artista audiovisual John Armleder. En resumen, su formación apuntaba cada vez más hacia una carrera en los medios audiovisuales. Por no mencionar que todo el trabajo que había hecho hasta entonces había sido en español y que su alemán era rudimentario.

Desde fuera

Entonces, ¿por qué alguien de veinticinco años que no conoce el alemán lo suficiente y sin los estudios adecuados acaba en este puesto? “No sería bueno para la revista tener un editor alemán,” dice, sorbiendo la sopa de Miso que la camarera acaba de traer a la mesa. “Como extranjero ves las cosas desde fuera”, y esto comulga con la filosofía de Vice. Publica historias con una perspectiva completamente diferente a la de los medios dominantes, dice Muelas. Sin la autocensura de la corrección política que Muelas ve en los cobardes medios dominantes que se supone hablan de la realidad tal y como es.

“Nosotros queremos y odiamos por igual a todo el mundo. Blancos, negros, rojos, verdes y azules, cristianos, budistas, judíos y musulmanes... ¿Por qué no podemos hablar de sexo y raza de la misma manera que lo hacemos cuando estamos entre amigos? El tipo de amigos a los que se refiere son aquellos que llaman a sus grupos de música favoritos culos de mono, que “prueban” a ser bulímicos durante una semana para escribir un artículo divertido sobre el tema, y que van preguntando a los soldados en Irak cuando fue la última vez que tuvieron sexo. Es un consejo editorial de jartos que escribe sobre raza y sexo de la misma manera en la que lo harían los jartos, o según Muelas, la juventud de hoy en día.

Quiero hacerle más preguntas sobre el papel provocador de Vice, pero el almuerzo especial Maki, decorado con forma de cuadrados de nueve piezas de sushi cada uno, me interrumpe. De inmediato comenzamos a masticar las algas, el arroz y el pescado. Sin haber terminado de rumiar, empieza a hablarme sobre el papel de Vice en los medios actuales. “Vice provoca a los lectores de una forma inteligente. Es el contenido lo que es chocante. Le ha dado la vuelta al periodismo y cuestiona conceptos de una forma inocente y caótica. Cuando queremos publicar un artículo sobre la prostitución, hacemos que sea una prostituta quien lo escriba. Puede que ella tenga problemas con la ortografía o la gramática, pero eso es parte de su mundo. Cada número temático de Vice es una plataforma para que gente anónima, raros de verdad o gente normal y corriente cuenten sus historias personales, tan absurdas como puedan llegar a ser. Algunas veces se presentan como inocentones, otras suenan como gilipollas arrogantes, pero debajo de las capas del lenguaje grosero y del sexo, los hay que valoran muchísimo el mundo”, dice Muelas. Aun así, no es seguro que los lectores lleguen al punto de descubrir esta profundidad o simplemente se rían entre dientes y con disimulo de las desgracias de un drogadicto mientras leen Vice en el baño.

Nos insultan

Continuamos hablando de los lectores de Vice y en particular de las reacciones que provoca la publicación. Según Muelas, los liberales y los de izquierdas opinan que Vice es una revista racista o fascista. Los conservadores, por su lado, acusan a Vice de ser un lustroso fanzine anarquista. Muelas no está de acuerdo: “Los de izquierdas nos llaman conservadores y los Nazi-maníacos nos llaman anarquistas. ¿Crees que esos gilipollas de derechas aceptarían nuestro estilo de vida de tetas, culos y drogas? No, nos odian.” Él hace una distinción entre la reacción europea a la revista y la americana. “Nuestros lectores en Europa son más críticos y tiene mayor formación cultural que los lectores en EE UU. En Europa, los lectores creen que las historias tratan de cultura juvenil con una base global. En los EE UU, la gente considera que las historias son representativas de su propio país.” Quizá esta comprensión de cultura juvenil internacional es el ingrediente clave para su éxito en Europa. Ahora, la juventud piensa que la perversión es guay. Vice planea establecerse en Holanda, y otros países ser convertirán pronto en objetivos.

La camarera vuelve para un último pedido. De postre él pide un paquete de tabaco. La camarera llega con un paquete blando de Malboro y los dos comenzamos el festín de nicotina. ¿He sido Vice-ado? Bueno, es nicotina, no crack. Él enciende un último cigarro y pregunta: “¿algo más?” Su jefe pasa por delante del restaurante y señala al reloj. “No”, le digo yo. Y entonces desaparece por la puerta en medio de una nube de humo.