Hipster, Hippies y LA LIBERTAD

Artículo publicado el 24 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 24 de Octubre de 2013

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Conceptos desafortunados para la pasividad de nuestra generación, a la que le falta el valor para comprometerse. ¡Aprovechemos las oportunidades que tenemos!

Tres conceptos más o menos indefinibles. ¿Por dónde empezar? ¿Qué tienen estas tres palabras en común?

El fenómeno mediático más debatido últimamente es seguramente el hipster. El hipster existe como el hippie o como la libertad. Al escuchar o leer esta palabra me entran arcadas, y eso que antes era cool ser hipster (de nuevo, escalofríos mientras la escribo). Nadie quiere ser hipster. Quien pretenda serlo, en realidad no lo es. Usamos esta palabra hasta la saciedad, la repetimos en los debates a más no poder, nos sirve como palabrota y también para que nos califiquen como tal. Existe una lucha continua sobre el estilo reconocible de este tipo de criatura, que insiste en ser diferente al resto. Si lleva en su bolsillo un Nokia 3310 o un Iphone con Instagram es todavía una cuestión por resolver. ¿Vive en alguno de los barrios berlineses de Neukölln, Kreuzberg, Wedding o Moabit?

Los hippies y la H impronunciable –llámemoslos así– tienen algo en común. Son subculturas que gozan de una creciente atención mediática en la actualidad (su popularidad es exagerada, sobra decirlo). El sociólogo suizo Walter Hollstein resume el movimiento hippie del siguiente modo: “La meta de los hippies era un mundo antiautoritario y sin jerarquías, un orden social sin diferencia de clases, sin normas, sin opresión, sin crueldad y sin guerras”. No obstante, me viene a la mente como contraejemplo Uschi Obermaier, la diosa hippie de la revolución sexual en la Alemania de finales de los 60. Por lo demás, la frase se puede quedar completamente tal y como está.

Hollstein añade: “Los hippies prohibieron la sociedad del miedo en la que se teme a superiores, vecinos, a la policía, al destino, al anonimato y ofrecieron como alternativa una comunidad en la que la libertad dominaba a la autoridad, la colaboración a la competencia, la igualdad a la jerarquía, la creación a la productividad,  la honestidad a la hipocresía, la sencillez a la posesión, la individualidad al conformismo y la felicidad al materialismo.

Pero no ha funcionado, contraria la naturaleza de las personas. Aunque menciona el concepto de libertad. Según una de las muchas definiciones de este concepto, la libertad se refiere a la capacidad de las personas para tomar decisiones por voluntad propia. Nunca nadie ha podido describir esta utopía de la libertad en palabras. Durante siglos los filósofos, los políticos y todo tipo de personas inteligentes han formulado tesis para luego contradecirlas. Cuanto más imprecisa y abstracta es la descripción, más se adecua a la realidad. De este modo queda un gran espacio donde cada individuo interpreta la libertad a su manera.

Con el fenómeno H(ipster), los hippies se han vuelto a poner de moda. El símbolo de la paz está por todas partes, de Primark a Chanel, lo puede llevar desde un krocha hasta un súper snob de los de antes. En la época hippie se fumaban porros, se hacían manifestaciones, se escribían canciones y se daban discursos por la paz. Ahora todo está online. Nada es en realidad a favor de la libertad, sino más bien a favor del individuo. Un share en Facebook, una firma en una petición online, algún alboroto contra un político; la mayor manifestación es el flashmob.

Yo estoy, ante todo, megafascinada por la moda y la música hippie, con todo el tinglado hippie, al menos, de forma superficial. Por lo que respecta a la libertad, incluso en un momento de debilidad quise tatuarme la palabra 'libertad' en árabe y se me antojó que eso compensaría la no existencia de mi religión. Entonces en algún momento de mi tardía pubertad, tuve la inspiración de que la libertad es tan irreal como Dios. Quizá pueda existir de forma parcial, pero nunca nadie podrá vivirla de forma plena. Ser libre es y siempre será bonito, tal y como lo formuló un periodista estadounidense: la libertad, uno de los bienes más valiosos de la capacidad de imaginación. Eso sí que no se puede arrebatar.

Aunque la libertad siempre ha sido una utopía, se ha luchado por ella con gran convicción. Existía una protesta que era moderna. Era cool comprometerse con la causa. Pero, ¿quién se embarca hoy en día? Todos los que se comprometen son los de izquierdas, los ecologistas, los hippies, los veganos… Probablemente los hippies ya eran conocidos así por otras generaciones de edad más avanzada. Por los conservadores. ¿Y qué pasa con los estudiantes? ¿y los jóvenes? ¿No comprendieron nada de la causa de sus camaradas?

No espero que mis conciudadanos pueblen las calles desnudos sujetando un porro en la mano izquierda y llevando en la mano derecha una pancarta con el lema Bombing for freedom is like fucking for virginity.  Eso pondría a muchos en contra de la causa por la cual en realidad se manifiestan, como en el caso del orgullo gay. Pero eso ya es otro tema

Tengo que concluir. Sé que me van a calificar de buenaza, de izquierdas y ecologista por el simple hecho de participar en algunas peticiones online, consumir productos bio, comer apenas carne, manifestar un mínimo de compromiso social, divagar sobre la paz y gustarme la moda de segunda mano. Eso me molesta, no porque no quiera serlo, sino porque no lo soy. Lo que hago y lo que represento no es ni siquiera tan de izquierdas, debería ser en realidad un mínimo estándar.