Hogares belgas que abren sus puertas a refugiados

Artículo publicado el 7 de Mayo de 2018
Artículo publicado el 7 de Mayo de 2018

El Gobierno belga sigue deteniendo a refugiados y migrantes sin documentación. Por eso, ante la falta de respuestas institucionales, los ciudadanos han comenzado a organizarse para que a nadie le falte un hogar. 

Marie es una de las 39.000 personas en Bélgica que noche tras noche abre su casa a refugiados y migrantes para que tengan un lugar seguro donde dormir. Cada día se conecta a Facebook, busca a alguien que pueda conducir hasta el Parque Maximilien, recoja a uno de los migrantes que esperan allí, y lo traiga a su casa, a 20 kilómetros a las afueras de la ciudad. Allí les ofrece un plato caliente y una cama durante el tiempo que quieran o necesiten. El motivo de su presencia no importa. Pueden estar huyendo de la guerra en Siria, de la persecución en Eritrea, o pueden haber venido a Europa en busca de trabajo. A algunos de ellos no vuelve a verlos nunca, mientras que otros regresan para quedarse con ella de forma regular. Pese a todo, Marie no se considera una persona "política". Pero como ella dice, no puede simplemente quedarse de brazos cruzados mientras el Gobierno belga, siguiendo a otros Gobiernos de Europa, introduce más medidas restrictivas con respecto a los migrantes. A través de Plateforme Citoyenne de Soutien aux Réfugiés (Plataforma ciudadana para el apoyo a los refugiados), otros voluntarios como Marie ofrecen una perspectiva de la solidaridad que es más que un mero simbolismo.

"Puedo ayudar en esto"

Plateforme Citoyenne se creó en el verano de 2015, al igual que muchas otras iniciativas similares lo hicieron para aportar, de forma espontánea, una atención básica a los refugiados que llegaban a Europa. Conmovidos por la presencia de migrantes que dormían en el parque de Bruselas, un grupo de ciudadanos creó una página en Facebook con la que coordinar las donaciones de comida, tiendas de campaña y sacos de dormir. En poco tiempo, los voluntarios habían establecido una escuela para niños en el parque y espacios seguros para las mujeres. Esas actividades se han trasladado ahora a un edificio de cuatro plantas en Jette, un barrio a las afueras de Bruselas. Funcionan a gran escala y a tiempo completo. El edificio es un laberinto de pasillos y habitaciones de oficinas, como si fuera una institución burocrática. Cuando lo visité, había gente saliendo y entrando todo el rato, y en él se daban clases de idiomas, reuniones sociales y visitas de colegios, todo al mismo tiempo. Pero la Plateforme todavía funciona completamente gracias a los voluntarios y sus actividades son fundamentalmente espontáneas.

Al principio, Plateforme Citoyenne era como muchas de las otras iniciativas para ayudar a refugiados que han surgido en los últimos dos años y medio. Sin embargo, a finales del verano de 2017, todo empezó a cambiar cuando la policía belga llevó a cabo una serie de redadas de alto impacto en el Parque Maximilien con el objetivo de detener a aquellas personas sin documentación para su posterior deportación. "Muy mal", cuenta Marie, "las detenciones me dejaron impactada". Quedaba claro que el Gobierno no era simplemente ineficiente o no tenía voluntad política para ayudar a los migrantes. Todo lo contrario: estaba activamente en su contra. Cuando Marie dio el paso para apuntarse y convertirse en anfitriona, en octubre de 2017, el grupo de Facebook contaba con unos 5.000 miembros. Ahora hay 39.000 y sigue en aumento, y cada noche unos 400 o 500 migrantes encuentran una cama a través de Plateforme Citoyenne.

Por supuesto, no todos los miembros del grupo de Facebook son voluntarios activos. La propia Marie había formado parte del grupo antes de convertirse en anfitriona, pero como mucha gente hace en redes sociales, tan solo había dado a "me gusta" o leído alguna publicación de vez en cuando, sin llegar a transformar su membresía virtual en acciones. Casi todos los voluntarios trabajan a tiempo completo y muchos tienen familia. Marie, por su parte, es una madre soltera de dos niños pequeños que trabaja como educadora en una asociación intercultural. Sin embargo, algunos de los conductores hacen hasta 6 viajes cada noche, y personas como Marie pueden albergar a 4 personas por noche durante los siete de la semana.

Muchas personas se unieron a Plateforme Citoyen de forma casi involuntaria, a través de amigos o cuando, tras pedirles ayuda, se dieron cuenta de que no pueden mantenerse al margen y no participar. Stella, otra madre que trabaja en una oficina en Bruselas y es conductora voluntaria, recuerda la primera vez que participó en diciembre de 2017. "Un amigo me llamó y me dijo: 'sé que te desplazas al trabajo, que tienes coche, tienes que ayudar. Necesito que vayas a Bruselas, al parque, y que recojas a alguien allí. Su nombre es Haroun, lleva una camisa roja, y te estará esperando a las dos en punto. Lo vas a reconocer incluso si lleva puesto algo diferente'". Stella condujo al parque y el joven no llevaba la camisa roja: "De alguna manera lo reconocí,  y no sé si fue su sonrisa o qué. En cualquier caso, me acerqué, le abrí la puerta y le dije: 'Haroun, este es tu sitio'. Estaba visiblemente cansado y no quise hacerle muchas preguntas. Bajé el volumen de la música en el coche y le dejé dormir".  Stella había oído algo sobre Plateforme Citoyenne en las noticias, pero apenas sabía nada sobre ello, por lo que cuando dejó a Haroun en casa de su amigo, le preguntó. Su amigo le explicó y Stella pensó: "Es verdad que yo también puedo ayudar en esto". 

No rendirse

No fue posible hablar con ninguno de los refugiados y migrantes que Plateforme Citoyenne alberga actualmente, ya que la mayoría no tienen la documentación para permanecer en Bélgica y no desean ser identificados. Sin embargo, algunos migrantes son a su vez voluntarios en Plateforme Citoyenne. Lubnan es un chico iraquí de 23 años que solía cocinar para otros migrantes en el parque junto con voluntarios belgas. Cuenta que en 2015 intentó llegar a Grecia desde Turquía cuatro veces antes de recorrer a pie el camino hasta Hungría. Cuando llegó a la frontera húngara, un contrabandista le dijo que se metiera en un camión con otros migrantes para esconderse de la policía. Estuvo atrapado sin agua en aquel camión durante dos días. "Fue aterrador", explica. "Podíamos oír a la policía fuera, pero dentro estaba tan oscuro que ni siquiera podía verme la mano". No quiso hablar más sobre la situación en Irak y prefirió hablar sobre "la buena gente, mis amigos". Recientemente se le ha concedido el asilo en Bélgica y dice que le gusta el país por la bienvenida que ha recibido de iniciativas voluntarias.

Ahmed, también de Irak, llegó a Bélgica hace siete años y ahora ayuda a educar a otros sobre la realidad de ser refugiado. Por ejemplo, acude a la casa proyecto de Jette para relatar sus experiencias a un grupo de escolares. Temblaba visiblemente cuando hablaba sobre lo que había vivido en su país: "No puedes imaginarte la guerra. Igual crees que te la puedes imaginar, la ves en la tele, pero no puedes imaginarte lo que es abrir los ojos y verlo delante de ti". Antes de la guerra, Ahmed tocaba en la Orquesta Filarmónica Nacional Iraquí, y cuenta que tenía "una familia preciosa, una casa preciosa, muchos amigos...todo lo que uno necesita". Pero ahora no tiene nada. Sin embargo, tras conseguir el asilo, volvió a la universidad, aprendió francés e inglés y ahora toca de nuevo el violín. "No puedes dejarlo todo y rendirte", afirma. "No puedes estar todo el tiempo pensando sobre la guerra. Tienes que seguir con tu vida".

De hecho, los voluntarios de Plateforme Citoyenne no solo ofrecen ayuda material o práctica, sino que también intentan ayudar a la gente a hacer solo eso: seguir con sus vidas. Una de las dos personas a las que Marie albergó su primera noche, un joven de Sudán, ahora se queda con ella regularmente cada semana. "Nos llevamos muy bien", cuenta Marie. "A mis hijos les encanta jugar con él. Y están siempre preguntando: si van a tener algún amigo nuevo por la noche". Marie cuenta cómo ahora tiene una red de amigos entre los refugiados y otros voluntarios. Sonríe cuando comenta: "A veces nos juntamos solo para pasarlo bien. Nos reunimos en casa de alguien, apartamos la mesa y las sillas, ponemos música y bailamos".

Le pregunto cómo los voluntarios, por su parte, compaginan sus actividades con la vida del día a día. Tanto Marie como Stella tienen trabajos a tiempo completo, como casi todos los que están involucrados en Plateforme Citoyenne. "Es muy cansado", admite Marie. Lo más difícil, dice, no es el alojamiento en sí, sino coordinarse e intentar encontrar a alguien que lleve a sus huéspedes desde Bruselas a su casa o desde su casa a Bruselas. "Todo el mundo trabaja, todo el mundo está ocupado", cuenta, y se necesita tiempo y esfuerzo para encontrar un conductor por las mañanas cuando ella misma está en el trabajo o cuidando de sus hijos. Pero también dice que para ella lo más destacable sobre Plateforme Citoyenne es la "buena voluntad extrema" de la gente involucrada. "Todo el mundo, de verdad, es todo el mundo", comenta. "Se ayudan unos a otros y siempre están dispuestos a echarse una mano" de una forma que cree que falta en otros grupos en redes sociales.

La cercanía humana, un acto político

Marie explica que hay personas no involucradas que admiran lo que hace, pero que no lo harían. "Dicen que les da miedo". Le pregunto si, ella, como madre soltera, también podría tener una razón para estar asustada. Después de todo, muchos de los migrantes son hombres jóvenes. "No", responde. Queda claro que no se le ha pasado ese pensamiento por la mente. "Estas personas son mucho más vulnerables que yo. Tienen mucho más que perder". Lo más importante es que las personas que acoge a menudo se convierten en sus amigos.

Plateforme Citoyenne es una organización apolítica, y esa es una de las razones por la que mucha gente está involucrada, cree Marie. "Está abierta a todo el mundo", cuenta. Sin embargo, los intereses políticos son altos. El Gobierno belga intenta en la actualidad aprobar una ley que permitiría a la policía entrar a los hogares para buscar migrantes indocumentados, un movimiento que muchos creen que apunta a los voluntarios de Plateforme Citoyenne. Esto ha venido acompañado por muchas otras medidas que, según muchas personas, socavan el derecho a una vida sin miedo en los espacios públicos. En febrero de 2018, la policía detuvo a migrantes indocumentados en un centro cultural, y se habían planeado redadas en el transporte público.

Marie nunca había estado involucrada en política antes, pero está de acuerdo en que unirse a Plateforme Citoyenne y acoger a ciudadanos es, para ella, "todo un acto político". Quiere enviar al Gobierno el mensaje de que se debería proteger a los migrantes, no criminalizarlos. También quiere llegar a sus conciudadanos. "Espero que lleguemos cada vez a más gente", comenta. "De hecho, a través de la cercanía humana". Y subraya de nuevo el hecho de que todos los que están involucrados en Plateforme Citoyenne son "tan simpáticos, que reaviva mi fe en la humanidad". 

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