Hombres y sexo, una cuestión de medidas

Artículo publicado el 25 de Agosto de 2010
Artículo publicado el 25 de Agosto de 2010
Que el sexo fuerte es el más débil de los dos empieza a resultar obvio. Y ha llegado la hora de preocuparse: en Europa, crece el temor a tener un pene demasiado pequeño, la demanda de intervenciones de ‘alargamiento’ y el consumo de viagra, a veces para impresionar aunque, con mayor frecuencia, para no dar una pobre imagen.
En resumidas cuentas, todo aumenta salvo la satisfacción sexual de las mujeres

Los hombres están al borde de un ataque de nervios, lo que no es algo nuevo. Las mujeres han conseguido conciliar la carrera profesional con los hijos, estudian más y mejor y tienen una relación más flexible con las nuevas tecnologías. Fuman y beben menos, son más saludables y longevas y rara vez delinquen. Frente a la concepción de sexo débil, en Alemania, durante un congreso, se debatió la necesidad de crear un puesto gubernamental para defender la igualdad de oportunidades, pero de los hombres. En pocas palabras, el hombre moderno parece incapaz de hallar certezas. Ni siquiera bajo los calzoncillos.

Un mal que sufren cada vez más hombres

Los datos hablan claro al respecto: durante el Congreso Europeo de Urología celebrado en Birmingham, los expertos se refirieron a un fenómeno en "continuo crecimiento": los hombres están cada vez más preocupados por el tamaño de su pene. No se trata de afecciones físicas, sino de un problema enteramente psicológico. Así lo demuestra la investigación llevada a cabo por un grupo de expertos del Hospital Careggi de Florencia, en colaboración con otras instituciones italianas y extranjeras. Dicha investigación, de dos años de duración, evaluó una muestra de 67 hombres de edades comprendidas entre 16 y 55 años, que, insatisfechos con el tamaño de su pene, habían caído en una espiral depresiva sin salida aparente. En realidad, ninguno de ellos tenía un pene de tamaño inferior a la media. Su miedo consistía, simplemente, en no estar a la altura (o a la ‘largura’) de las circunstancias bajo las sábanas.

Remedio número uno: el bisturí

El hecho es que cada vez hay más hombres que pasan a la acción, para lo que optan por una visita al quirófano con el fin de sentirse más seguros de su virilidad. Del "Italians do it better" (‘los italianos lo hacen mejor’), que pregonaba Madonna, no queda, al parecer, sino un recuerdo desvaído. En Italia, las demandas de cirugía estética del pene se han duplicado en el último año, según declaró el presidente de la Sociedad Italiana de Cirugía Genital Masculina, Giovanni Alei, al diario La Repubblica. Tan sólo la Universidad La Sapienza de Roma recibió el año pasado alrededor de 300 solicitudes de intervención. No deja de sorprender, por otra parte, que los hombres tengan problemas para relacionarse entre sí y no únicamente a la hora de "afrontar" una relación sexual. De hecho, el tipo de intervención por el que se aumenta el tamaño del pene en reposo ha adquirido una gran popularidad: una ‘talla’ más para sentirse más cómodo (entre hombres) en la ducha, después del partidito de fútbol sala. "Si por arte de magia no quedara rastro de los hombres sobre la faz de la Tierra", escribe Maria Stella Conte en el diario La Repubblica, "tal vez las mujeres dejarían de operarse, pero no los propios hombres".

Remedio número dos: la pastillita azul

Sin embargo, en este mundo de hombres y mujeres, los primeros parecen a punto de sufrir una indigestión de viagra, aunque no tengan necesidad de ella. La propia Sociedad Italiana de Andrología así lo ha declarado: son cada vez más numerosos los jóvenes perfectamente sanos de entre 20 y 35 años que recurren a la ayuda de las drogas para impresionar a su pareja. "Muchos de estos jóvenes", explica Bruno Giammusso, secretario de la SIA, al Corriere della Sera, "consiguen los medicamentos que toman a través de cauces alternativos, por internet, o bien siguen los consejos de figuras paralelas a los verdaderos expertos en la materia. De este modo, ignoran por completo la posibilidad de desarrollar una dependencia psicopatológica: quien empieza a tomar el medicamento sin motivo corre el riesgo, si no recibe ayuda, de pensar que ya no será capaz de funcionar por sus propios medios".Pero, ¿por qué están tan preocupados los hombres?

Parte de la respuesta se refiere, precisamente, a las mujeres. Ellas están cambiando. "Ya desde la adolescencia las chicas están al corriente de la cuestión del tamaño y conocen el punto débil de los hombres. Y, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, hablan de ello. Bromean entre amigas y, en ocasiones, humillan a los muchachos", afirma la terapeuta sexual Gabriella Seghenzi. De hecho, cada vez son más los niños de 11 a 14 años que acaban en el psicólogo porque creen no estar suficientemente dotados. Se aíslan y rehúyen el contacto con las chicas. "El hecho de que se hable más de sexo y de que exista una mayor distinción entre la sexualidad y el amor, expone en mayor medida a los hombres a una valoración cuantitativa. No obstante, la verdadera novedad", concluye Seghenzi, “consiste en que la sociedad de hoy garantiza a la mujer el derecho a reclamar una 'prestación', a exigir un orgasmo”. Aunque, según la especialista, a menudo y debido a la pervivencia de una especie de conflicto aún no resuelto con los viejos estereotipos, las adolescentes se comportan con violencia y agresividad excesivas.

Cada vez son más los niños de 11 a 14 años que acaban en el psicólogo porque creen no estar suficientemente dotados

Ese es el punto. Las mujeres exigen y expresan su exigencia en voz alta. Sobre todo, cuando no están satisfechas. Por ejemplo, según una encuesta publicada en el dominical británico News of the World, de entre una muestra de 3.000 mujeres encuestadas, el 60% reconoció fingir el orgasmo y alrededor del 75% admitió hacer uso de un vibrador para estimular su rutina sexual. Por último, el 20% confesó haberse acostado con otros hombres en un intento desesperado de aumentar sus opciones de procurarse placer. ¡Viva la sinceridad!

"Es mejor ser hombre que mujer", escribía Isabel Allende en su libro Eva Luna (1987), "porque hasta el hombre más miserable tiene una mujer a la cual mandar". ¿Sigues creyéndolo así?

Fotografías: omnia_mutantur/flickr; VOLPE1981/flickr; mightymightymatze/flickr; axelsrose/flickr