“Hoy admitimos que no podemos vivir sólo de nuestro prestigio”

Artículo publicado el 16 de Noviembre de 2006
Artículo publicado el 16 de Noviembre de 2006

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Algunos productores franceses afirman que la globalización es un hecho, pero no una fatalidad. Sus armas de defensa: la calidad y el Marketing

Investigador de Física jubilado, Robert Deloche, de 70 años de edad, dedica su nuevo tiempo libre a arreglar la propiedad vitivinícola familiar en la región de Burdeos. Convencido de que la modernidad y el conocimiento tradicional no están reñidos, este aprendiz de bodegas cultiva una actitud pragmática.

¿Cómo se pasa de los laboratorios de Física a las viñas?

Chateau Gontier, la finca que cultivo pertenece a mi familia desde 1865. Su situación es un tanto excepcional: veinte hectáreas de viñas en una colina sobre la desembocadura de la Gironde, en pleno corazón de la región del Bordelais. Allí ví a mi abuelo, y después a mi padre, trabajar la tierra para sacar una de las mejores cosechas AOC (denominación de origen) de la región. Por desgracia, en 1954 nos vimos obligados a arrendarla. Luego, cuando recuperé el viñedo cincuenta años después, la tierra estaba en muy mal estado. Como siempre estuve sentimentalmente muy ligado a ella, me propuse devolverle el esplendor de aquella época. Trabajo colosal el que me ocupa desde el año 2002.

¿Cuál es para usted el encanto de esta ocupación?

Éste es un oficio muy atractivo, físico y que requiere de mucha atención. Llego a pasar hasta diez horas al día en la bodega. Lo organizamos todo según la gama de viñedo, procurando que respiren bien, que los racimos no estén muy cargados y evitar así que las uvas se pudran, todo con un cierto sentido estético. A veces, uno tiene la impresión de estar modelando un jardín botánico y llego a considerarme un artesano. Fabricar un buen vino, pude ser arte.

¿Cuál es para usted el estado de ánimo de los productores vitivinícolas en Francia?

Hay muchos productores muy preocupados por la situación. Y yo también, por supuesto, me pregunto si conseguiré sacar mi cosecha adelante en esta época de crisis. Sin embargo, tengo la impresión de que los viticultores franceses cada vez son más conscientes de las nuevas exigencias del mercado. En Francia y, particularmente, en la región del Bordelais creímos durante mucho tiempo que podíamos vivir sólo con nuestra fama y prestigio. Ahora, tenemos que admitir que eso no es suficiente.

¿A qué desafíos tiene hoy que hacer frente la profesión?

En la actualidad, el sector sufre una sobreproducción global. Ahora bien, yo soy el primero en reconocer la calidad de nuestros competidores de América. Chile o California, entre otros, producen, desde mi punto de vista, con gran calidad. Acepto, pues, la globalización, la competencia fruto del liberalismo mundial. Y por eso me preocupo no sólo de hacer un vino de calidad, sino también de encontrarle compradores. También he reflexionado mucho sobre varios métodos de venta. Busco por ejemplo crear compradores extranjeros, especialmente en China. De hecho, he contactado con comités de empresas del país. Además, estoy de acuerdo con la simplificación del etiquetado para que sean mejor comprendidas en el extranjero. ¿Quién por ejemplo, en Texas, ha oído hablar de cincuenta y siete denominaciones de origen del Bordelais? Indicar la cepa de la vid como complemento del origen geográfico contribuye también a esta accesibilidad.

El proyecto de reforma de Bruselas prevé arrancar 400.000 hectáreas de viñas en Europa –el 12% de la superficie total vitivinícola- en los cinco próximos años. ¿Crees que es una solución para la crisis?

Estoy de acuerdo con las medidas relativas arrancar vides cuando éstas son para vinos malos, que desafortunadamente existen. Porque, además, son estos vinos los que inflan la producción global teniendo más peso en el mercado. No obstante, es importante distinguir las malas vides en tierras mediocres y las malas hierbas crecidas en las buenas tierras, y en este último caso la solución es volver a plantar como yo hice en mi finca.

¿Crees que tiene futuro el vino europeo?

¡Si no lo creyese, hubiese vendido mi propiedad en lugar de dedicarle mi jubilación! Simplemente, es que hoy ya no se trata sólo de saber producir un buen vino, sino que también hay que ser capaz de comunicar. Los viticultores deben sobre todo dar a conocer la cultura europea del vino. Italia, España, Francia y buena parte de otros países europeos comparten este amor hacia la viña desde tiempos lejanos. Pero esta civilización se está perdiendo en beneficio de la comercialización masiva. En las grandes superficies americanas, de un año para otro se produce un vino idéntico en decenas de millares de hectolitros, un poco como los muebles de Ikea; mientras que en el Bordelais, en un terreno que dista 800 metros de otro se pueden obtener vinos radicalmente distintos. Es ése el arte: hay que saber cómo hacerlo. Y hacerlo saber.