Hoy precarios, ¿y mañana?

Artículo publicado el 6 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 6 de Septiembre de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El desempleo entre los jóvenes europeos es el doble de alto que el existente entre los que tienen entre 25 y 49 años. ¿Es esto acaso la expresión de un proceso de transición normal o por el contrario de una trampa con consecuencias a largo plazo?

Para Hans Dietrich, del Instituto sobre el Mercado de Trabajo e Investigaciones Laborales de Nüremberg (IAB), la cuestión decisiva es la duración de la precariedad. Los trabajos de estudiantes o los breves empleos tras los estudios no constituyen en su opinión un problema, sino una parte del proceso de transición desde la formación al mundo del trabajo.

Esta transición se produce en ocasiones hacia terrenos profesionales y sistemas de educación distintos y está sujeto a fluctuaciones coyunturales.

Por lo general se comprueba que: cuanto antes se produce el inicio de la vida laboral, más fácil será también la evolución en el empleo. Las prácticas y los trabajos temporales son en este contexto pruebas y anticipos antes de alcanzar un trabajo fijo. Dos tercios de los jóvenes franceses comienzan su vida laboral con un contrato. Un 45% obtiene finalmente de su empleador un contrato indefinido (según un estudio del Consejo Económico y Social – pdf). ¿Es por lo tanto la precariedad sólo una respuesta flexible a la rigidez del inamovible comportamiento ocupacional?

El progreso como trampa

La precariedad será problemática cuando la juventud poco preparada caiga en la trampa de conseguir trabajos de escasa formación sin posibilidades de formación posterior. Ello se debe a que aumentan posteriormente, según Dietrich, las probabilidades de una pérdida de empleo acelerada. Se refería especialmente a la gente sin estudios terminados, mujeres jóvenes e hijos de inmigrantes. Estas eran las causas principales del paro entre los jóvenes franceses que tenían como máximo el graduado escolar en 2004, representando casi el 45% y por lo tanto cuatro veces más que la tasa de estudiantes que habían terminado sus estudios (según INSEE).

Cada vez reciben más atención en los análisis sobre el mercado de trabajo los estudiantes que terminan sus prácticas no para ampliar su campo formativo o conseguir una cualificación adicional, sino para ganar dinero. Esto plantea algunas preguntas sobre la propia conciencia y las posibilidades de desarrollo de los jóvenes que se las apañan con trabajos temporales y temporadas sin empleo. Ellos deben probar su valía continuamente, sin recibir una responsabilidad real, mientras los trabajadores fijos ganan incomparablemente mucho más realizando el mismo trabajo. Al lado del mercado de los enterados con puesto de trabajo fijo y privilegios, y los no cualificados, personas mayores y los excluidos, se abre el llamado “tercer mercado de trabajo” para jóvenes, personas flexibles y preparadas a los que permanece prohibido durante largo tiempo el acceso por primera vez al mundo laboral. Por ello, las empresas cogen personas en prácticas sin seguridad social. Los contratos obligatorios esconden en algunos países de la UE que los ingresos de los empresarios aumentan con la antigüedad laboral. Finalmente las empresas tienden a contratar a trabajadores con exceso de cualificación y candidatos ajenos a la especialidad son excluidos, haciendo por lo tanto difícil la colocación para muchos licenciados alejados de las especialidades en economía. Las empresas sientan asimismo las bases para una posición precaria de muchos de los nuevos trabajadores.

Consecuencias concretas

Cada persona en prácticas que no contribuye y sin seguridad social fortalece el desequilibrio entre los cotizantes y los perceptores de subsidios y desestabiliza el ya de por sí cada vez más frágil sistema de seguridad social. Debido a un incremento de la esperanza de vida y de los cada vez más prolongados estudios se aumentará en los próximos años la edad de jubilación, si queremos que sobreviva el actual sistema vigente de pensiones. El que con 30 años no haya conseguido un trabajo fijo o perciba un salario ínfimo, no podrá 30 años más tarde jubilarse con todos los derechos.

¿Podrán los jóvenes que viven en unas condiciones de incertidumbre económica consumir menos hoy, y por lo tanto ser empujados al margen de la sociedad? Un estudio de IAB en diez países europeos muestra que no hay ninguna marginación de los jóvenes sin empleo. Ello se debe a que no poseen todavía una pronunciada actitud consumista y cuentan con la protección de sus padres. Si eso se dará en el futuro, cuando se prologa el desempleo juvenil o cuando la “generación precaria” quiera tener hijos, es en cualquier caso incierto. ¿Y cómo se presenta la tasa de natalidad en la UE? La edad en la que las mujeres tienen hijos se ha retrasado bastante en las últimas décadas. La inseguridad sobre el aterrizaje posterior en el mercado de trabajo puede agudizar la tendencia. A la vista del agotamiento del contrato generacional, esta situación, compartida por todos los países europeos, es explosiva.