Humildad europea vs. despotismo americano

Artículo publicado el 28 de Junio de 2004
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Artículo publicado el 28 de Junio de 2004

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Para acabar con el caos en Irak, EE UU debe renunciar a sus propios intereses y aceptar acuerdos. Le bastaría con aprender de Europa.

Los americanos partieron a Bagdad con el propósito de derrocar a un dictador sanguinario y sin escrúpulos y crear una nación libre, democrática y próspera. Irak debía convertirse en un modelo para todo Oriente Medio que obligara a otros regímenes autoritarios a hacer reformas. Un proyecto grandioso fracasado de manera grandiosa.

La alegría por la liberación del dictador duró poco en vista de la incapacitación política y falta de respeto con la que se combatió a la resistencia. Sin entender el idioma y menospreciando la cultura, los invasores atentaron contra la dignidad y la autoestima de los iraquíes. El escándalo por las torturas en la prisión de Abu-Ghraib, bajo el símbolo del Sadam de la represión, parece dar la razón a los que vaticinaban una transición más duradera.

La esperanza por la recuperación económica, unida a la ayuda para el desarrollo y al fin del embargo, resultó una ilusión. Y esto, porque la administración estadounidense estaba más interesada en cerrar encargos lucrativos para sus propias empresas, que en mejorar la situación de los iraquíes. Ahora los secuestros y la inseguridad general han fozado a la mayoría de empresas occidentales a abandonar el país. Dejan atrás a los iraquíes sin agua y sin electricidad, sin trabajo y sin esperanza de recuperación.

La esperanza se llama Allawi

Pero ahora sí que todo debe cambiar. El 28 de junio de 2004 los invasores estadounidenses habrán entregado la soberanía total a un gobierno de transición iraquí bajo la dirección de Iyad Allawi, con lo que se dará fin a la invasión. Allawi tiene hasta finales de enero de 2004 para preparar elecciones libres, con el respaldo y el apoyo de la ONU, mientras que las tropas de EE UU permanecen en el país a petición del propio Allawi, para garantizar la seguridad y el orden hasta que las fuerzas policiales iraquíes puedan hacerse cargo de dicha función.

Esto lo ha decidido por unanimidad el Consejo de Seguridad de la ONU, después de largas negociaciones y con el consentimiento de importantes países contrarios a la guerra, como Alemania y Francia. Con ello parece bastante encauzada la solución del conflicto iraquí, vencida la escisión europea, y superado el abismo transatlántico. Cabría preguntarse qué alcance real tiene la nueva concordia europea y si puede cumplirse lo que promete la resolución.

Europa parece otra vez unida. Aunque en un principio París y Berlín se encontraban solos, ahora Madrid se ha pasado -con la elección de Zapatero- al grupo de los contrarios a la guerra, e incluso Blair se distancia de los EEUU, viendo la situación militar y los escándalos que se suceden continuamente. Para los estadounidenses no queda otra opción que la de realizar concesiones en la nueva resolución de los europeos. Pero se duda de que esto no sea más que un ajuste táctico o incluso un gesto de cara a la galería antes de la inspección de la ONU. Bush se caracteriza por una fuerte conciencia misionera y nunca se ha preocupado de la opinión de los demás. Siempre que pueda renunciar a Europa, renunciará.

Pero incluso si Bush piensa arreglárselas sin Europa, Irak no puede, a causa de la debilidad de su gobierno de transición, preservar la seguridad; y la presencia de los americanos, mientras están en calidad de invasores, contribuye más a la violencia que a la solución de esta. Por culpa de la guerra, hoy Irak se ha convertido en una incubadora de terrorismo, de manera que a todo Occidente debería interesarle su pacificación. Por eso, la presencia de los europeos es menos una cuestión de deseo que de necesidad. Circunstancia que provoca, sin embargo, que la entrega del poder del 28 de junio no sea únicamente un lavado de imagen.

No obstante, que la situación mejore con la cesión de la soberanía a un gobierno iraquí, depende en gran medida del abandono real del poder por parte de EEUU. Sólo si tiene la última palabra puede ganar Allawi cierta legitimidad política. Mientras que parezca una marioneta de los estadounidenses, no serán aceptados ni él, ni la policía ni la administración; y seguirán sucediendose las agresiones.

Está por ver que la nueva resolución pueda contribuir a solucionar la situación. Habría de preguntarse en principio si las metas de los estadounidenses no pecan de ambiciosas. Teniendo en cuenta la escalada de violencia que impide la creación de nuevas estructuras políticas, económicas y sociales, la única meta posible es la estabilidad. Para garantizar esta, los EEUU deben recurrir a estructuras ya existentes, cumplir acuerdos, aceptar al lider local y ganarse al clero moderado.

Hacen falta compromisos

Aunque el plan americano para el "Gran Oriente Medio", sobre el que discutió el G8 en su reunión de Georgia, no sea precisamente un adalid de sensibilidad, se muestra humilde y dispuesto a transigir.

El plan trata a los países desde Marruecos a Pakistán como una unidad, aunque su único rasgo común sea el de ser musulmanes, y esboza un catálogo de reformas, sin que estos hayan sido consultados o incluidos; países que, por su parte, rechazan mayoritariamente el plan.

La UE ofrece con la Cooperación Euro-Mediterránea una alternativa que se debe probar. La idea de que la democracia la instauren ellos mismos, fomenta la sociedad civil, los medios de comunicación y el diálogo intercultural. Este es un proyecto a largo plazo y no se corresponde con la férrea necesidad de seguridad, estabilidad y desarrollo de Irak. Sin embargo, los EEUU podrían extraer una enseñanza: para lograr una transformación, hacen falta socios que te tomen en serio, que te demuestren respeto, que te incluyan en las consideraciones y te permitan decir la última palabra.