Hungría, Orbán, la Constitución y yo: Manual de instrucciones

Artículo publicado el 9 de Febrero de 2012
Artículo publicado el 9 de Febrero de 2012
Hace tres años que gravito alrededor de Hungría. Periodista correponsal, paso en este país varios meses al año. Ausente durante casi medio año, he seguido las últimas evoluciones de Hungría a distancia, en Internet, y a través del a veces deformado prisma de los medios occidentales. Hoy, os cuento qué es lo que ha (realmente) cambiado.

Pequeño recordatorio de los hechos. El 1 de enero de 2012, la nueva Constitución húngara, acompañada de un conjunto de textos, entra en vigor. Teniendo en cuenta tres puntos sobre el total liberticida, la Comisión se enfada y apremia a Hungría a que revise su ley sobre el Banco Central, sobre la reforma de la justicia y la protección de datos. Durante ese tiempo, Orbán permece imperturbable, o casi. Si los sondeos muestran que su popularidad está bajando, el jefe de gobierno húngaro puede aún contar con un gran apoyo de la población, como demostró una manifestación organizada el 21 de enero, que juntó a unas 100.000 personas. ¿Y yo y yo y yo? Volví al país y me vi obligada a escribir un manual de instrucciones sobre la vida en Hungría. Porque en seis meses, el mundo ha cambiado, cuanto menos, un poco.

Un poder adquisitivo en descenso

Boom.La salida del avión me recuerda la dura realidad de Europa central en invierno: 1) Hace frío 2) Se hace de noche pronto y 3) el aeropuerto de Budapest se llama Liszt Ferenc desde marzo (y ya no Ferilhegy). El aterrizaje en el centro de la ciudad será todavía un poco más doloroso: hacer la compra en el supermercado local es un verdadero mazazo. A vista de pájaro, veo una subida de entre el 10 y el 20% del precio de mis productos preferidos. La culpa de les IVA, que ha pasado del 25 al 27% en 1 de enero, de la inflación que sufre el país (aumentó un 4% con respecto al año pasado) y del precio del carburante, por las nubes (420 Forintos/1,40 euros el litro de sin plomo). El total supone un extraño sentimiendo sobre "el paso al euro", dejando al Forinto, moneda depreciada, osciando entre 290 y 310 por 1 euro (cuando en junio, 1 euro eran 270 Ft). Es el resultado de una deuda colosal y de una política económica que las agencias de notación califican de poco fiable. ¿Y qué pintan los húngaros en todo esto? Algunos -los que ganan menos de 200.000 FT- han visto su salario (el salario medio, 450 euros más o menos, es de los más bajos de la UE) bajar, de facto, un 10%. Limpio.

Cuando comprar alcohol y cigarrillos es un lujo

Aviso para aquellos que pretenden gastar su pasta en alcohol: la palinka (agua de vida húngara) es más cara. Cerveza y fröccs (mezcla de vino y agua gaseosa) son todabía comprables. Lo que ya no se puede abordar son los cigarrillos. Después del 1 de enero está prohibido fumar en los bares. Durante el periodo de "tolerancia" todavía se fuma como un camionero...

El (re)bautizo de las calles

Y símbolo del cambio cultural en Hungría

Leer también "El nacionalismo en Hungría provoca vientos contrarios en Europa del este" en cafebabel.com

Cogiendo mi línea fetiche de tranvía (la 6), que une Pest con Buda a través de los grandes bulevares, descubro que ya no vale la pena colarse. La multa ha pasado de 6.000 a 16.000 Ft (haciendo la comparación, más caro que en el mero parisino). Y los controles se han endurecido. Sin duda, un medio para la BKV, agencia encargada de administrar los transportes de Budapest, de alimentar sus cajas, hasta ahora muy desinfladas (la afencia está a dos pasos de la quiebra, ya le ha puesto ojitos al ayuntamiento e implora la ayuda del Estado para seguir operando). Valido mi ticket: está aún, milagrosamente, a 320 Ft, una suma que parece exosbitante para el ciudadano de Budapest. Nueva sorpresa: después Rákóczi tér, se anunciaHarminckettesek tere, no del todo desconocida. La parada siguiente, Üllői út, ha cedido su sitio a Corvin negyed. En cuanto a Moszkva tér (plaze Moscú), también ha sido rebautizada. Detrás de todo esto se esconde una sutil política de cabio de nombres, instaurada en abril de 2011 pour el nuevo alcalde conservador de Budapest, Istvan Tarlos, uno de cuyos objetivos es, visiblemente, deshacerse de los nombres con una connotación demasiado comunista.

Pero, ¿dónde están los SDF ?

Volviendo a Blaha Lujza, veo que la sopa popular de hace unos años ha desaparecido y que los DSF han limpiado todo. Me doy cuenta aquí y ahora, mucho más que antes. Hay que decir que una sagrada espada de Damoles pesa sobre todo aquel interesado en dormir en los lugares públicos (multa de 450 euros).

La reconversión es los locales urbanos

Cuando me dispongo a planear mi noche, descubro con estupefacción que mis lugares favoritos están cerrando o, debería decir, conviriténdose en lugar asépticos, dirigidos de cerca o de lejos por los "relaciones". El excelente teatro alternativo Trafó será objeto de una reforma integral de su dirección el 1 de julio; Gödör, lugar emblemático de la juventud de la capital, ha visto cómo el equipo que lo dirigría recibí una oferta para hacer las maletas para hacer lugar al programador de los exitosos festivales VOLT y Balaton Sound. Por no hablar de la cuestión del teatro Új Színház…

Si está claro que el medio cultural sufre ataques (que ya habían comenzado el año pasado) y que el enchufe no nació ayer en Hungría, no lloremos entonces por el fin de lo underground de Budapest. Confío en la creatividad de los húngaros y en su buen sentido democrático para continuar asegurando el resplandor de su capital y de su país. Por mi parte, hago como todo el mundo aquí: sobrevivo.

Fotos : (cc) dandooo/flickr : supermercadi(cc)  DavidBlackwell/flickr, Forint  (cc) dandooo/flickr, Balatonsound (cc) macskapocs/flickr ; Vídeo : euronewsfr/YouTube