hungría piensa en verde

Artículo publicado el 11 de Abril de 2014
Artículo publicado el 11 de Abril de 2014

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El aumento del poder adquisitivo en el país magiar, al igual que en otros Estados de la UE,  hace que cada vez sean más habituales los anuncios de productos “bio” que asoman en la televisión o en supermercados de ciudades como Budapest, Debrecen o Szeged. La pregunta es: ¿qué significa realmente ser “bio”?

Desde que se ini­cia­ra la re­ce­sión de la eco­no­mía eu­ro­pea en 2007, el con­su­mo de pro­duc­tos or­gá­ni­cos en Hun­gría se re­du­jo con­si­de­ra­ble­men­te de­bi­do a su ele­va­do pre­cio en com­pa­ra­ción con los pro­duc­tos con­ven­cio­na­les. Sin em­bar­go, en los dos úl­ti­mos años la de­man­da de pro­duc­tos eco­ló­gi­cos en el país ma­giar no ha pa­ra­do de cre­cer. La clave está en re­co­no­cer los pro­duc­tos que han sido cul­ti­va­dos de forma na­tu­ral de aque­llos que bien du­ran­te su cre­ci­mien­to, re­co­gi­da o trans­por­te han su­fri­do una mo­di­fi­ca­ción.

Szat­yor o el poder del ver­da­de­ro “bio”

“Ahora en Hun­gría exis­ten mu­chas tien­das lla­ma­das ‘bio’ pero es di­fí­cil en­con­trar algo ver­da­de­ra­men­te ‘vivo’ en ellas por­que el 70% de los pro­duc­tos que allí en­cuen­tras no son hún­ga­ros”. Tal y como ex­pli­ca Erika Kar­man, una de las pro­pie­ta­rias de la aso­cia­ción Szat­yor (“bolsa”), una can­ti­dad muy gran­de de la pro­duc­ción hún­ga­ra se ex­por­ta a Ale­ma­nia para pro­ce­sar­la y des­pués ven­der­la de nuevo en Hun­gría. De modo que el 85% de los pro­duc­tos eco­ló­gi­cos hún­ga­ros se ex­por­tan para des­pués ser re-com­pra­dos en el país de ori­gen.

Szat­yor es la mayor tien­da de pro­duc­tos or­gá­ni­cos en Bu­da­pest. Con ayuda de un grupo de vo­lun­ta­rios, Erika or­ga­ni­za cada se­ma­na dis­tin­tas con­fe­ren­cias con agri­cul­to­res y ga­na­de­ros, ta­lle­res sobre cómo fa­bri­car tu pro­pio ket­chup o ma­qui­lla­je, o ex­cur­sio­nes a gran­jas eco­ló­gi­cas con el fin de con­cien­ciar a sus clien­tes sobre la im­por­tan­cia de un con­su­mo res­pon­sa­ble.

“Cuan­do co­men­za­mos con este pro­yec­to, comenta Erika, la gente nos mi­ra­ba como si es­tu­vié­ra­mos chi­fla­dos, pero hace dos años todo el mundo co­men­zó a pen­sar sobre el uso de pro­duc­tos quí­mi­cos en la cos­mé­ti­ca y en la salud, y co­men­za­ron a en­ten­der que lo que los me­dios de co­mu­ni­ca­ción te cuen­tan no es siem­pre lo que ne­ce­si­tas”.

El auge de las gran­jas agrí­co­las

El año pa­sa­do, Móni­ka Sobják y otros 20 ami­gos de­ci­die­ron com­prar unos te­rre­nos en la Isla de Szentendre para poder cul­ti­var ali­men­tos 100% eco­ló­gi­cos y cum­plir con ello su sueño de poder de­gus­tar los mis­mos pro­duc­tos que co­mían de pe­que­ños en el campo. “Cada vier­nes que­da­mos con nues­tros clien­tes, ex­pli­ca Móni­ka, para en­tre­gar­les las cajas con los pro­duc­tos que nos han en­car­ga­do pre­via­men­te y así con lo que ga­na­mos pa­ga­mos a la per­so­na que tra­ba­ja en nues­tros cul­ti­vos”.

En Hun­gría, cada vez son más las per­so­nas que, como Móni­ka, se aso­cian y bus­can ma­ne­ras al­ter­na­ti­vas de cul­ti­var y dis­tri­buir pro­duc­tos or­gá­ni­cos a tra­vés de redes so­cia­les.

Entre al­gu­nos de estos “eco­agri­cul­to­res”, des­ta­ca la alar­ga­da fi­gu­ra del pro­fe­sor Matt­hew Hays, quien vive en el pe­que­ño pue­blo de Zsám­bok desde hace 14 años y se ha hecho con una clien­te­la de 40.000 per­so­nas. A pesar de haber su­fri­do un año de inun­da­cio­nes, un ve­rano seco y un in­vierno que ha lle­ga­do con an­te­la­ción, este pro­fe­sor de la Uni­ver­si­dad de Gödöllö no pier­de la son­ri­sa: “Si va­lo­ras la im­por­tan­cia de la co­mi­da or­gá­ni­ca, aun­que no ten­gas mucho di­ne­ro, gas­ta­rás antes en eso que en com­prar un par de za­pa­ti­llas nue­vas Nike”.