Hungría y los fantasmas del revanchismo

Artículo publicado el 1 de Abril de 2005
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Artículo publicado el 1 de Abril de 2005

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Predicadores autonomistas y películas prohibidas agitan los sentimientos nacionalistas de los magiares de Rumania. Y no son los únicos.

En Transilvania, la región centro-occidental de Rumania, la película Trianon ya no está prohibida. Sin embargo, a principios de este año el ministerio de cultura rumano la catalogó como ilegal, prohibiendo su proyección en Transilvania. El 10 de enero, Mona Musca, portavoz del ministerio, declaró a la agencia Ansa que tal decisión se basaba en el carácter "irredentista" de esta película que ya había suscitado problemas en Hungría con anterioridad.

Un documental incómodo

La película húngara Trianon, realizada por el director Gábor Koltay e inspirada en los libros del historiador Erno Raffai, presenta la vida de los húngaros que quedaron fuera de las fronteras de Hungría como consecuencia del Tratado de Trianón, firmado el 4 de junio de 1920 en el hotel francés del mismo nombre. Acordado en el marco de la Conferencia de Versalles al final de la Primera Guerra Mundial, este tratado estableció las condiciones de paz entre las potencias vencedoras y Hungría, una vez desaparecido el viejo Imperio Austro-Húngaro como consecuencia de la derrota de las potencias centrales en 1918. Hungría fue obligada a ceder Croacia al recién creado Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (Yugoslavia), Transilvania a Rumania y otros territorios a Checoslovaquia. En Rumania viven hoy alrededor de millón y medio de magiares. El pasado mes de diciembre se organizó un referendo informal en Budapest por parte de los partidos de la derecha, que si hubiera sido válido, habría otorgado la doble ciudadanía a los magiares de Rumania, una posibilidad rechazada tanto por el gobierno de Bucarest como por el húngaro.

El predicador nacionalista

Laszlo Tokes, pastor evangélico rumano de etnia magiar, manifestó su sorpresa cuando el nuevo ministro de cultura rumano prohibió la proyección de la cinta del director húngaro. En una entrevista publicada el 14 de enero en el periódico Evenimentul Zilei, el sacerdote, que ya en diciembre de 1989 encendió la llama de la revolución de Timisoara con su retórica anticomunista, recordó que Trianon fue proyectado en los cines rumanos a finales del pasado año, en plena campaña electoral. "Nadie prohibió la película entonces porque todos los partidos querían obtener votos de los húngaros de Transilvania", explica Tokes, que además es uno de los personajes entrevistados por Gabor en su documental. "En la película he hablado de la injusticia del Tratado de Trianón que arrebató a los húngaros dos tercios de su territorio. Los húngaros son un pueblo indígena en Transilvania y no debemos ser considerados una minoría", subrayó el pastor conocido por sus posiciones nacionalistas. "Los húngaros sufren todavía hoy las consecuencias del Tratado de Trianón. En los últimos 15 años, el número de magiares de Transilvania se ha reducido en 200.000 personas. Si este proceso continúa habrá una verdadera catástrofe étnica". Tokes ha manifestado además la esperanza de que la Europa unida garantice a los húngaros el "derecho a sobrevivir". "En una Europa sin fronteras no podemos reclamar territorios, pero queremos tener derechos, entre otros el de autonomía", concluye.

No sólo magiares

¿Pero qué se entiende por autonomía? Otra minoría étnica, los secleros, que asegura ser heredera de los hunos, reclamó el pasado 5 de febrero a los gobiernos de Rumanía y Hungría un estatuto de autonomía sobre base étnica. El presidente rumano Basescu rechazó esta propuesta el 17 de febrero, declarando que ninguna otra región será autónoma mientras permanezca en el cargo. Los secleros desean ver reconocida su identidad y aspiran también a la autonomía territorial, mientras que el gobierno rumano sólo aceptaría una mera autonomía administrativa en el marco de un proceso de descentralización territorial.

En un contexto tan caracterizado por conflictos fronterizos incluso en el pasado más reciente, Rumania es considerada un modelo en cuanto a los derechos de las minorías. Con 17 minorías nacionales representadas en el Parlamento de Bucarest, el país de los Cárpatos se ha encaminado claramente hacia un modelo de convivencia en la diversidad. Tras la caída del régimen comunista en 1989, las minorías nacionales fueron reconocidas. En aquellas poblaciones donde las minorías étnicas son mayoría, se decidió que su lengua materna sería empleada en la educación pública y en la administración pública y de justicia. En muchas ciudades de Transilvania, los nombres de las calles, pueblos, ciudades e instituciones están escritos en húngaro, alemán y rumano.

No obstante, todavía existen problemas de integración social, sobre todo con relación a la minoría romaní, y no son infrecuentes las protestas por parte de otras diversas minorías. La más grande -y en algunos aspectos la más temida- es la minoría húngara, antaño soberana de Transilvania. La más temida porque, en el pasado, Hungría intentó recuperar este territorio por la fuerza, aliándose en los años treinta con la Alemania de Hitler para conseguir dicho objetivo.