Iberia empieza en Lisboa

Artículo publicado el 12 de Diciembre de 2007
Artículo publicado el 12 de Diciembre de 2007
El Iberismo sigue vivo: el 28% de los portugueses y el 45% de los españoles desea una unión de España y Portugal.

Lisboa. La capital del Estado europeo con las fronteras fijas más antiguas. Asomada a su desproporcionada Plaza del Marqués de Pombal se yergue la redacción del Diário de Notícias, el periódico más leído de Portugal. Esta mañana, su tira cómica transcribe una conversación entre dos vecinas de Beja, una ciudad portuguesa fronteriza con España. “¡Qué bonito fue ver a los Príncipes Felipe y Letizia paseando por Beja!” – “¡No me digas que eres de las personas que piensan que deberíamos ser españoles!”, contesta la otra – “No, no”, aclara la primera, “soy de las que piensan que los Príncipes deberían ser portugueses.”

Raro es el día en que no hay noticia o chiste en Portugal relacionado con España. Por encima de complejos nacionalistas, en el país aún planea el ideal del Iberismo: el proyecto, nacido en el siglo XIX en la mente de los republicanos federalistas de ambos países, de unir España y Portugal creando un nuevo Estado: Iberia.

Pasiones nacionalistas al descubierto

Hoy, el iberista portugués más famoso es el Nobel de literatura José Saramago -al que hace poco se sumó otro Nóbel, el alemán Günter Grass-, que reside en España y en verano volvió a declarar a los medios de comunicación “estar convencido de que Portugal acabará por integrarse en España formando una unión descentralizada”. No todos los comunistas como él piensan lo mismo. Fernando Bárbara, en la sede del Partido Comunista de Portugal en el barrio lisboeta de Graça asegura querer “defender la soberanía nacional de Portugal”. Su compañero de militancia, João Narciso, apostilla: “Estamos en contra de la uniformización cultural en la península ibérica, aunque es cierto que ambos países comparten problemas en la esfera internacional”.

El tema desata pasiones y provoca crisis como la del reciente ministro socialista de Industria, Mário Lino, cuando se declaró “iberista convencido” y la oposición conservadora llevó el grito al cielo pidiendo explicaciones y acusándole de “poner en peligro la independencia de Portugal”.

Mucho más que política

“No se puede limitar el iberismo a la política”, sostiene con vehemencia Ramiro Fonte, el director del Instituto Cervantes de Lisboa, algo así como la embajada cultural de España en la capital lusa. “Es reduccionista; un falso debate creado mediante eslóganes en los medios de comunicación”, añade este experto en literatura portuguesa. “Que Portugal se una a España es política ficción”. Una aseveración con la que coincide la portuguesa Fernanda Menéndez, profesora universitaria de Lingüística española, para quien “la unión es una utopía, porque los portugueses provocaríamos los mismos roces que ya se dan entre vascos y catalanes con el resto de España. En cambio, en lo económico la integración es buena: pienso mucho en el iberismo como una estrategia para defender nuestros intereses en Europa”, subraya.

Ambos insisten en la vertiente cultural del Iberismo. “Iberia es una entidad panlingüística”, prosigue Menéndez, “en la que, quitando el euskera, todos podemos entendernos unos a otros con facilidad. Somos todos bilingües, aunque estaría bien que los españoles aprendieran más portugués”, se lamenta en un portuñol sin vacilaciones.

“Portugal siempre ha hecho más esfuerzo por conocer España que a la inversa”, retoma Ramiro Fonte. “Todo intelectual portugués reflexiona sobre el iberismo, pero hoy interesa España más que nunca, porque Portugal vive un sentimiento de crisis que le acompleja. Mira demasiado a España, a la que tiene idealizada”, se arriesga a advertir. Y añade: “Cuando ambos entraron en la UE se tenía más confianza en Portugal que en España, un país demasiado complejo, pero ahora los portugueses creen que España ha hecho mejor los deberes”. “Yo”, remata más tarde la docente Menéndez, “visto español, como español, leo español, estoy casada con un español y doy clases en la Universidade Nova de Lisboa, que está flanqueada por el centro comercial El Corte Inglés a un lado y el hotel NH Barcelona por otro, ambos de capital español”.

Si existiera Iberia

Desde el punto de vista geográfico Portugal y España “conforman una misma entidad frente al resto de Europa”, señala Menéndez. Con 1.214 kilómetros de frontera sin obstáculos orográficos, estos países han tenido siempre una Historia común o paralela. Unidos formarían el Estado más grande de la UE, con 78 escaños en la Eurocámara. Desde su adhesión en 1986 a la UE, Portugal ha multiplicado por cuatro sus exportaciones a España y por tres sus importaciones desde aquel país. En las elegantes calles Garret y Largo de Chiado, en pleno centro de la ciudad, saltan a la vista las novedades editoriales en las vitrinas de las librerías Bertrand, Portugal o Aillaud & Lellos. Autores españoles por todas partes: Julia Navarro, Enrique Vila-Matas, Javier Marías…, bajo la incansable mirada del gran poeta lisboeta Pessoa, sentado impertérrito en la terraza del mítico Café A Brasileira.

Fotos: El premio Nobel de literatura, José Saramago (Foto, La Dulcinea/Flickr); Ilustración aparecida en el diario español El País sobre el Iberismo" (Foto, Zone41/flickr); Estatua de Fernando Pessoa en el café A Brasileira de la Rua Garret de Lisboa" (Foto, Hect/Flickr)