Igualdad y no cantidad

Artículo publicado el 24 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 24 de Septiembre de 2005

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El 26 de septiembre se celebra el quinto aniversario del “Día Europeo de las lenguas”. Esta celebración de la diversidad lingüística de Europa no puede ocultar el hecho de que la Unión Europea necesita reexaminar su política en materia de idiomas.

Desde la ampliación, la Unión Europea ha estado operando en 20 idiomas oficiales más el irlandés que será oficial a partir de 2007. Aunque la mayoría acepta que esta cantidad de lenguas enriquece a Europa, existen ciertos problemas logísticos a los que se enfrentan las instituciones al tratar con tantos idiomas. Mientras tanto, el discurso de la Unión Europea que proclama que “todas las lenguas europeas son iguales” suena cada vez más hueco ya que ciertas lenguas están siendo eliminadas.

Genocidio cultural

A principios de mes, Patrick le Lay, el director bretón de la principal cadena de televisión francesa -TF1-, acusó al gobierno francés de “genocidio cultural” contra los bretones, argumentando que class="external-link">Francia mantiene una política lingüística dirigida a erradicar el bretón y demás lenguas que se hallan en su territorio por motivos de egalité. Una igualdad donde sólo tienen derechos los francoparlantes. ¿Cómo puede esto aún ocurrir en estos tiempos de supuesta diversidad lingüística?

Mientras algunas comunidades idiomáticas, naciones sin Estado y regiones tienen un alto nivel de derechos lingüísticos, otras no tienen virtualmente ninguno. Se refleja a nivel de las instituciones europeas, donde existen grandes discrepancias sobre el uso de la lengua. El vasco, el catalán y el gallego son lenguas co-oficiales del Estado español; el irlandés será idioma oficial y de uso en la Unión Europea de aquí a un año; y el Reino Unido ha aprobado una ley de lenguas diseñada para regenerar el Galés y el Gaélico-escocés. Sin embargo, otras lenguas no consiguen tanto. El sorbiano mantiene una constante batalla en Alemania en contra de los recortes presupuestarios, en tanto que la política de los gobiernos francés y griego tratan de eliminar las diferencias lingüísticas de sus territorios.

¿Lingua franca?

La UE en general ha sido digna de admiración por el esfuerzo en poner en práctica la importancia de la diversidad lingüística y por hacer del multilingüismo la piedra angular de su política. Los detractores se quejan de que una única lengua es necesaria para hacer el trabajo más fácil, pero esto es injusto de cara a los ciudadanos europeos. En la actualidad, el inglés -que ha sido catalogado como “lengua asesina” por el académico danés Tove Skutnabb Kangas en una entrevista reciente con Eurolang- es de hecho la lingua franca y el segundo idioma preferido por el 85% de los ciudadanos dentro de las instituciones europeas.

Es necesario un cambio para proteger la diversidad lingüística y se debe elaborar una adecuada política de lenguas. Pero, ¿cómo conseguir ser justos con todos los ciudadanos de Europa? En este momento hay una práctica rudimentaria -concebida en 1958- mediante la cual la mayoría de los documentos se traducen a todas las lenguas oficiales. Algo práctico para la originaria CEE de seis miembros, pero no para la Europa de los 25. Por ejemplo, ¿es necesario traducir toda la documentación que incumbe sólo a Malta al danés y al húngaro?

Igualdad lingüística

Una solución (concebida por los irlandeses en los noventa y resucitada por los académicos catalanes en 2003) se crea desde las comunidades de lenguas minoritarias. La idea consiste en declarar a todas las lenguas europeas como oficiales, pero esta denominación se diferenciaría de las actuales lenguas más usadas, que sólo son 3 ó 4 -inglés, francés, alemán y posiblemente el español-. La clave de esta idea es que el ahorro de tener sólo unas pocas lenguas en uso compensaría a la larga los costes provocados por convertir a todas las lenguas en oficiales.

Esta propuesta tiene en cuenta un cambio, un sistema flexible donde las lenguas minoritarias puedan ser usadas a nivel europeo, donde las diarias negociaciones de las instituciones son llevadas a cabo en tres o cuatro lenguas, permitiendo encuentros con lenguas menos utilizadas dependiendo de los asistentes.

En el corazón de esta propuesta laten los temas de la representatividad democrática y la accesibilidad de los ciudadanos, conceptos clave para acercar Europa a sus gentes.