Imágenes y mitos de la pintura andaluza

Artículo publicado el 4 de Abril de 2011
Artículo publicado el 4 de Abril de 2011
Colección Bellver en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, del 9 de marzo al 29 de mayo. Hay mañanas en las que la vida te depara sorpresas muy agradables. En este caso me refiero a la del pasado 12 de marzo de 2011. Desperté con la decisión tomada: visitar la Exposición Bellver en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Después de aparcar mi espectacular Hyundai, subí al Metro -el más limpio de España y el más seguro del mundo-, en la parada de Ciudad Expo. En un santiamén me encontraba a un paso del Hotel Alfonso XIII. Tomé la antigua calle Génova, paseando entre franceses, ingleses, genoveses y alemanes. La catedral católica más grande del mundo a la derecha y el FNAC a la izquierda. Dos peruanos tocan sendas flautas, ante la emoción de los viandantes. Echo de menos a Cecilia, que esta mañana no ha podido acompañarme.

pedro1.jpg Paso junto a San Fernando -que me mira displicente desde su caballo-, por encima de donde hace poco se encontró una barca de época islámica. Y enfilo Méndez Nuñez, marino y héroe de la batalla del Callao. Ya estoy más cerca de la segunda pinacoteca más importante de España. A la derecha se abre Albareda -antigua calle de Catalanes-, y con el rumor agradable de muy pocos coches, deambulo por La Magdalena, junto a “Galerías Preciados”.

Saludo a Cruz Pérez, extraordinario portero de los infantiles del COLSSPE, en los años sesenta del siglo pasado. Cruzo San Eloy, y desde la acera de enfrente en la calle Fernán Caballero leo dos lápidas en una fachada. En la misma casa, en el nº 14, murieron Cecilia Böhl de Faber -Fernán Caballero-, y el pintor José García y Ramos, uno de los principales objetivos de esta visita cultural. Meditando por calles solitarias, todavía no son las diez de la mañana, y disfrutando de alguna que otra casa de Aníbal González, como la nº 4 de la calle Almirante Ulloa, camino por Monsalves y me encuentro en la Plaza del Museo.

Murillo me da la espalda. Ya tengo ganas de disfrutar con Romero Ressendi, Gonzalo Bilbao y Rico Cejudo. Estoy en la puerta del antiguo convento de la Merced. En la taquilla ubicada en el espléndido zaguán, un eficiente empleado me indica que es gratis, mientras me entrega el billete correspondiente. En Florencia, Coimbra o Lugano, visitar una exposición de este tipo podría costar 12, 14 ó 16 euros. Obedezco a las flechas indicadoras. Patio del Aljibe, con los azulejos de Cristóbal de Augusta. La segunda escalera más interesante de la ciudad de Sevilla. Claustro Mayor y el bronce de Susillo con la “Presentación de Colón a los Reyes Católicos”. Una amable señorita me entrega el folleto al pie de la rampa para discapacitados, como el que suscribe. Se accede a esta exposición temporal por los pies de la iglesia del viejo convento.

Ya me encuentro, casi solo, paseando por la Andalucía del siglo XIX. La colección expuesta contiene un total de 171 obras. ¡171 cuadros!

pedro2.jpg Podemos disfrutar de este espectáculo gracias a la gentileza de Mariano Bellver y al trabajo de profesionales -entre otros-, de la categoría de Rocío Izquierdo, Ignacio Cano, Fernando Panea y Enrique Valdivieso. La exposición se distribuye en siete ámbitos perfectamente delimitados, recreando espacios que logran un efecto de aproximación entre el lienzo y el visitante. En el primero de ellos, “Pintores y viajeros”, contemplaremos obras de autores casi desconocidos por estos lares, como Jules Word, Robert Kemm o Blanchard. Artistas ingleses y franceses que nos visitaron aprovechando el camino abierto por Richard Ford o los duques de Montpensier. Retrataron para siempre escenas de arrieros, bandoleros, fulleros, campesinos, en la Puerta Carmona o en un balcón de la Giralda.

En el “Costumbrismo romántico” nos encontramos con pintores sevillanos como Domínguez Bécquer o Cabral Bejarano. Mientras me deleito ante el óleo "Calando el melón”, pienso que hasta un asno, con su seriedad, puede dar la sensación de estar reflexionando. Al entrar en la sala de “Pintores andaluces en Italia”, comienzo a escuchar el acento de lombardos, piamonteses, venecianos, y también de algún descendiente de los antiguos dacios. Es el momento en el que nuestros paisanos se decidieron a viajar para aprender en Italia. Se impone el cuadro de pequeño formato, quadretto, y sobre todo se extiende la pintura a plein air, y con ello paisajes de la incomparable Venecia. Merece la pena detenerse ante “El ensayo del drama El bufón del rey”, del jerezano Álvarez Algeciras, y observar como están señalados el vestuario de señoras y el de caballeros. No obstante, en mi opinión, la joya de esta sala es “El recomendado”, del sevillano José Jiménez Aranda.

pedro3.jpg En el 4º ámbito, “La huella de los maestros”, nos encontraremos todavía con pinturas de tema mitológico como la “Bacanal” del carmonense José Arpa. Y la continuidad del tema religioso, con el ejemplo más claro en el cuadro “Santas Justa y Rufina”, en el que Roldán Martínez copia a Murillo, como se hizo durante todo el siglo. Para colmo, el original se encuentra a escasos metros, en la cabecera de la iglesia. Es sobrecogedor el cuadro “La caída de Murillo en el convento de los capuchinos de Cádiz”, aunque sólo estar ante el lienzo “Maestra de novicias”, de Alfonso Grosso, justifica pagar lo que hubiese sido necesario.

En “La pervivencia del costumbrismo”, disfrutamos de la presencia de grandes como García Ramos y Rico Cejudo, que llevaron este estilo hasta bien entrado el siglo XX. En este caso, por su excelencia, se hace difícil destacar una obra, si bien al mencionar los títulos nos podemos hacer idea de su contenido. “El sacamuelas”, “Prohibido arrojar a la plaza animales muertos”, “Pelando la pava”, “El ventilador”.

Por lo tanto, la pintura mitológica y religiosa ha dado paso a una pintura más anecdótica, íntima, secreta a veces, más humana en suma. No me resisto a dejar de señalar dos títulos. Juzguen ustedes mismos. “Una desgracia: la muerte del marido”, ”Otra desgracia: la muerte del burro”.

En el sexto apartado, “Paisajes y vistas”, se puede comprobar cuanto ha cambiado nuestra ciudad en los últimos 100 años. Nos deleitaremos con obras del sevillano Sánchez Perrier o del gaditano Hohenleiter, aunque debamos observar con prudencia alguna vista como la del “Paisaje sevillano con la Torre del Oro” del belga François Bossuett. En esta sala pienso que debo venir a esta exposición con mi hermano Josenrique, para que vea como pinta un García Rodríguez, por ejemplo en “Orilla del Guadalquivir en Triana”, de 1902.

“Hacia una nueva sensibilidad” es el séptimo y último ámbito de la exposición. Hemos alcanzado de pleno el siglo XX, y aquí nos encontraremos con figuras de la talla de Romero Ressendi, López Cabrera, y sobre todo con Gonzalo Bilbao, el autor de “Las cigarreras”, que también se puede disfrutar en nuestro Museo. En este momento cedo la palabra a mi añorado amigo, el profesor José María Medianero: “El estilo de Bilbao se basa ante todo en una pincelada ágil, suelta y conformadora que se aproxima a veces a la técnica impresionista, acompañada por un colorido brillante y rico en matices”. Y llegados a este punto, recomiendo encarecidamente a todos la visita a esta exposición.

Pedro José Suárez Rodríguez