India y Pakistán, 60 años tras el Imperio Británico

Artículo publicado el 14 de Agosto de 2007
Artículo publicado el 14 de Agosto de 2007

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Mientras India se afianza como potencia económica mundial, Pakistán sufre atentados casi a diario. Diferentes coyunturas para el 60 aniversario del fin de la dominación británica.

Pakistán vive una de las épocas más cruentas de su historia, con atentados casi a diario. Pervez Musharraf, su presidente-dictador, se encuentra entre las cuerdas presionado por todos los frentes posibles. Los islamistas moderados, que hasta ahora le apoyaban, han llegado a llamarle “asesino”, los talibanes han llevado la guerra hasta el mismo centro de la capital, y la oposición laica en el exilio no acepta a un presidente con uniforme militar.

También a los aliados internacionales, especialmente a los Estados Unidos, cada vez les es más incómodo mantener las alianzas con un gobierno que no consigue acabar con la talibanización del norte del país. Nadie está de su lado mientras no dé el golpe de timón esperado: conseguir un gran pacto nacional con los partidos políticos para sacar al país de la actual encrucijada. Pero el tiempo no corre a su favor, ya que Pakistán espera celebrar elecciones en otoño y las encuestas recientes indican que el 64% de la población se declara en contra de la reelección de Musharraf.

Poco antes de estas elecciones, el 14 de agosto, Pakistán celebra el 60 aniversario de la independencia del Reino Unido. Al día siguiente, lo hace India. Ambos estados compartieron administración, territorio y culturas durante más de 100 años, bajo el techo del Imperio Británico, pero con la independencia, decidieron dividir el subcontinente indio en dos estados: uno musulmán y uno hindú. Con la descolonización, nacía la moderna Commonwealth.

Sesenta años después, los indicadores económicos no dejan tan mal parado al gobierno de Musharraf, que ha conseguido reducir fuertemente la inflación y alcanzar altos índices de crecimiento del PIB. Así, la inestabilidad política y la falta de seguridad son en este aniversario los principales puntos que distinguen a los dos países.

Sin los británicos, la relación de vecindad en estas décadas ha sido más que tensa. Tres guerras han enfrentado a estos dos países, dos de ellas por Cachemira. Esta confrontación ha provocado una escalada que les ha llevado a ambos a desarrollar armamento nuclear, hecho que les ha comportado sanciones internacionales durante casi tres décadas. Estas sanciones han perjudicado seriamente a sus economías y sólo se han visto aligeradas en los últimos años, cuando han empezado a colaborar en la lucha contra el terrorismo.

Sin embargo, ambas economías, pero sobre todo la india, han sabido abrirse al exterior y crecer con el impulso de la globalización. Una creciente clase media urbana y una mano de obra especializada atraen a las multinacionales. Esto, junto a las reformas económicas desarrolladas desde los años 80, ha hecho que India se sitúe entre los países emergentes que más crecen económicamente y que más aportan a la economía mundial, según el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Camino a la estabilidad

El punto de inflexión en la mala relación entre los dos estados llegó con los atentados del 11 de julio de 2006 en los trenes de Bombay, perpetrados por islamistas, y en los que murieron 190 personas. Dos meses después, en la XIV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, acordaban iniciar un proceso de paz para intentar mitigar la amenaza islamista y poner fin al conflicto por Cachemira.

India ha aprovechado esta nueva situación para acercarse a los Estados Unidos. Si tras la independencia India se configuró de la mano de Nehru como un estado socialista más bien cercano a la Unión Soviética, ahora la geopolítica ha cambiado. Por ello, la que es la democracia parlamentaria más grande del mundo, acaba de firmar un acuerdo histórico con Estados Unidos que le permite acceder a tecnología nuclear civil norteamericana y almacenar combustible nuclear, estableciendo una excepción en la política de Bush en materia nuclear.

Y mientras India se convierte en la nueva compañera de Estados Unidos, Pakistán sigue inmerso en la inestabilidad. Las alianzas de la Guerra Fría, durante la cual Pakistán, con la ayuda de la administración norteamericana, apoyaba a los mujahidines para frenar la influencia soviética en Asia Central, quedan ahora muy lejos.

Una mayor cooperación económica entre India y Pakistán quizás pueda ayudar a dar el salto definitivo que necesita la región. Al menos, ya se ha dado el primer paso, ya que acaban de firmar un acuerdo para impulsar las relaciones comerciales y con el cual esperan multiplicar por cinco el volumen de comercio bilateral en 2010. La declaración conjunta tras el acuerdo mostraba un espíritu de entendimiento. Después de 60 años yendo cada uno por su lado, sólo la colaboración puede traer la estabilidad deseada.