Inmigración en Francia: humillación de los polacos

Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2007
Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2007
Desde el 1 de mayo de 2004, Polonia forma parte de la Unión Europea. Sus ciudadanos han adquirido el derecho de libre circulación en Francia, pero todavía no el de trabajo.

La invasión del “fontanero polaco” no se ha dado. Pese a una dura campaña de discriminación en Francia durante 2004, justo después de la integración de los nuevos países del Este, los flujos migratorios han sido menos importantes de lo que se preveía: el numero de trabajadores procedentes de los PECO (países de Europa central y oriental) representa, en la actualidad, menos del 1% de la población activa de la UE.

Oficialmente, no será sino hasta 2011 que las cláusulas que restringen la libre circulación de trabajadores de procedencia de los ocho nuevos países del Este deberían desaparecer. Pero países como Inglaterra y España ya han disminuido sus restricciones a la contratación de polacos o eslovenos, ya que esta inmigración tiene efectos “esencialmente positivos” sobre el mercado de trabajo de estos países occidentales, contribuyendo, por ejemplo, a reducir la escasez de mano de obra y mejorando el dinamismo económico.

Sin embargo, las restricciones a la contratación en Francia son el día a día de los nuevos europeos. Los polacos deben de tener un permiso de trabajo como “extranjero” para ejercer una actividad profesional.

Carrera de obstáculos

La obtención de un permiso de trabajo en el país galo supone una verdadera carrera de obstáculos. Un ejecutivo debe, una vez adquirida la promesa de contratación, esperar desde primeras horas de la mañana en la comisaría para ser atendido, recuperar una larga lista de papeles, completar su dossier y devolverlo a la comisaría.

Acto seguido, se dirigirá a la Dirección Departamental (provincial, Nde.) de Trabajo, antes de volver a la comisaría. Por último, el trabajador debe acudir a una visita médica convocada por la ANAEM (Agencia Nacional de acogida de extranjeros y emigrantes), etapa final de su laborioso recorrido.

El plazo medio del proceso ronda entre los 4 y 6 meses en la región parisina, cuando no es myor. En las provincias tampoco es mejor. El permiso tiene una validez de un año, y se extiende hasta los 10 para los más afortunados. Los peores situados deberán, a partir del año siguiente, rehacer la cola desde las 6 de la mañana, para conseguir el preciado permiso, renovado esta vez con más fácilidad.

Los “menos-que-nada”

Renata A. forma parte de los profesionales que han conocido este berenjenal. Titulada por una gran escuela de comercio francesa, perfectamente bilingüe, su recorrido casi termina en … ¡Polonia! “Había ahorrado un poco de dinero durante mis prácticas, para sobrevivir unos tres meses. Tenía el puesto, mi empresa me esperaba, pero aquello no avanzaba. A veces he tenido que hacer cola hasta cuatro horas, y desde las seis de la mañana en invierno”, recuerda. “Por otro lado, las Direcciones de Recursos Humanos de las empresas se encuentran impotentes ante estas situaciones que no conocen bien.”

Viviendo en Francia desde 2003 y trabajando desde hace tres años, confiesa su cansancio. “Tenemos la impresión de ser considerados como 'menos-que-nada'. Todavía no tengo el permiso por diez años, aun cuando estoy casada con un francés.”

Pawel P. en París, ha tenido la suerte de que su empresa coja el toro por los cuernos. Pero la espera no ha sido menos larga: 4 meses en total. “Para mí, lo más largo ha sido esperar la consulta médica previa. No se entiende por qué no se encargan de eso las revisiones médicas laborales. Sanitariamente, no somos, a priori, un país de riesgo, ¿no?”, comenta con ironía.

¿Hipocresía política?

En cuanto a Kasia, contratada por una sociedad americana cerca de Estrasburgo, ha debido esperar seis meses. “Menos mal que mi pareja trabaja porque si no, ¡no sabría cómo habría hecho! Sin embargo, he obtenido directamente el permiso válido por diez años. Mi empresa ha jugado un rol importante, porque el departamento de recursos humanos conocía bien el problema.”

Al tercer día de su mandato, Nicolas Sarkozy, el nuevo Presidente de la República francesa, ha visitado Varsovia. Una visita ultramediatizada con el objetivo de relanzar una cooperación ejemplar y un trato de reciprocidad. Entonces, ¿cómo explicar tal voluntad de cooperación por una parte y adoptar, por la otra, una actitud tan cínica? Bajo el anonimato, un alto cargo de la Embajada de la República Checa confiesa que el sentimiento que se tiene de cara a los polacos se acerca a la humillación.