Inmigrantes polacos en Irlanda: ¿no hay mejor lugar que en casa?

Artículo publicado el 24 de Febrero de 2010
Artículo publicado el 24 de Febrero de 2010
La ampliación de la UE en 2004 supuso, contra todo pronóstico, la consolidación de los inmigrantes polacos en la sociedad irlandesa y, sorprendentemente, el renovado afecto por su nueva casa, a pesar de los cambios positivos que ha experimentado su país natal, opuestos a los sufridos por la economía irlandesa

A finales del 2009, cuando la mayor parte del mundo seguía inmersa en los lodos de la recesión, de la que sólo se salvan unos pocos, Polonia se convirtió en el único país de la zona euro que registró un crecimiento económico en una tasa estable del 1,2%. Asociado desde tiempos ancestrales a un ambiente oscuro y deprimente y a un historial de políticos de comportamientos excéntricos, Polonia experimenta desde su adhesión a la Unión Europea en 2004 una rápida y exitosa remodelación. Un país que, gracias a una fuerza de trabajo competente, ciudades atractivas impregnadas de una melancólica arquitectura y una política exterior dinámica, ha sabido posicionarse en el mundo. Dos mil kilómetros al oeste, la imagen es bastante diferente.

Antes de que los expertos pronosticaran que la economía irlandesa disminuirá un 7% antes de las fiestas decembrinas, la población ya estaba luchando contra una de las recesiones más duras de su historia. Muchos edificios de viviendas en construcción se quedaron a medio construir. Las oficinas de empleo se empezaron a llenar de abogados cualificados, contables, arquitectos y jóvenes licenciados. Banqueros y políticos, resignados, se apresuraron a trabajar juntos para reunir lo que quedaba de la economía llamada 'El Tigre Celta', reducida a un gatito perdido y con hambre. Los buenos tiempos habían terminado.

Feliz en Irlanda

Irlanda, la que fuera ojito derecho de la economía de la UE hasta hace poco, tenía entre los años 1995 y 2005 una población exitosa, brillante y muy lejos de cualquier recesión. Un café capuchino tenía un precio desorbitado, como desorbitados eran los precios de los pisos. Con la ampliación de la UE y la apertura de nuevas fronteras y nuevas posibilidades para los países de Europa Central y Oriental, la huella que Polonia va dejando en la sociedad irlandesa, estableciendo tiendas, periódicos y anuncios polacos, va más allá de un mero grupo de población que se establece en otro país. En el año 2005 había ya 200.000 polacos viviendo en tierras irlandesas.

"Nunca he recibido ningún comentario crítico por trabajar aquí durante la crisis"

Entre abril de 2008 y el mismo mes de 2009, sólo 30.000 inmigrantes de Europa Central y Oriental decidieron regresar a sus países de origen. Es decir, la mayoría rechazó la salida de la crisis de su propio país en pos de vivir en su país de adopción e intentar sacarlo de la recesión económica. "La ética de trabajo es totalmente diferente en Polonia", explica Dawid Kuc, inmigrante polaco procedente de la ciudad sureña de Nowy Sącz, que se trasladó a Irlanda en septiembre de 2007. “Mis amigos que trabajan en Polonia en el mismo sector que yo suelen terminar su jornada laboral muy tarde, ya de noche, y trabajan además los fines de semana. La calidad de vida aquí es mejor”. Con un máster en gestión financiera, Dawid estaba buscando “algo diferente” y lo encontró en las oficinas de KPMG de Dublín. "Nunca he recibido ningún comentario crítico por estar aquí trabajando durante la crisis", comenta. "En general me gusta mucho mi vida y mi trabajo aquí en Irlanda; es cierto que existen recortes salariales y pocas posibilidades de promoción, pero hay una gran calidad de vida", afirma. "La comunidad polaca aquí es muy agradable y la vida es buena". Dawid no piensa regresar a su país en un futuro próximo.

Justyna Taraga, procedente de la cuarta ciudad más grande de Polonia, Wroclaw, lleva viviendo aquí desde 2004. Trabaja en el departamento de atención al cliente de un banco y es igual de optimista que David. "Por supuesto que tengo muchos amigos que perdieron sus puestos de trabajo, pero eran tanto polacos como irlandeses", admite. "Muchos están ahora en el bienestar social, o hacen cursos para mejorar sus habilidades". "Tengo un trabajo divertido, he conocido a un montón de gente. Soy feliz aquí". Justyna tampoco tiene planes de cambiar de país por el momento.

No sólo para hacer dinero

trabajando en un ciber café en IrlandaEn Irlanda existe la esperanza de que la vitalidad y el positivismo de la comunidad polaca puedan aportar energía y vigor a la psique deprimida del irlandés, herido aún por la reciente caída económica. Si bien se había hablado durante los años del 'baby boom' de los efectos positivos de los genes polacos en el aumento del atractivo irlandés, ahora puede ser que su actitud positiva ayude frente a las dificultades actuales. "Mi novia polaca es genial, siempre me da su punto de vista y se agradece", dice Dylan Francis, trabajador de un pub en Galway. "No puede entender cómo se escandaliza la gente porque caiga un poco de nieve y como la mayoría se queja del la temperatura que hace (por debajo de los dos grados), cuando en Polonia suele haber menos veinte".

Como Dylan, muchos irlandeses se alegran de la solidaridad de los polacos en los últimos meses. "En los buenos tiempos se hablaba mucho de que los polacos estaban aquí para hacer dinero, que enviaban la mayor parte a su país para volver cuando las cosas se pusieran difíciles", comenta Derek O’Hana, taxista. "Hay que ser honestos: muchos de ellos han echado raíces aquí y nos ayudan en los momentos difíciles. Son buenos trabajadores y los necesitamos tanto en las crisis como en los buenos tiempos", asegura. Justyna va más allá. "Si estás en un país mucho tiempo no es tan fácil levantar el campamento e irse sólo porque la situación económica haya cambiado. La mayoría de nosotros tenemos socios, coches y apartamentos que pagar ahora, un hogar. Nuestra vida está aquí".

Fotos: principal por ©przemion ; chica polaca trabajando en un ciber café por ©Julie70/ Flickr)