Inmigrantes: todos los caminos conducen a...

Artículo publicado el 9 de Enero de 2007
Artículo publicado el 9 de Enero de 2007
Entre elecciones a representantes y católicos, los inmigrantes siguen creciendo en Roma: ya son el 10% de su población.

“La inmigración está presente en Italia desde hace casi 30 años. A pesar de ello, no tenemos un ministerio ni una política que se ocupe de ella", exprsa Franca Eckert Coen, Consejera del alcalde de Roma en asuntos multiétnicos. Aunque las estadísticas actuales sugieren que 114.000 ciudadanos extranjeros viven en Roma, el número de solicitudes de permiso entregadas al Ministerio del Interior muestra que la cifra es más bien de 300.000. De entre ellos, los rumanos son la comunidad más numerosa (alrededor de 75.000), seguidos por los filipinos (26.000), y los polacos, peruanos, egipcios y chinos alrededor de los 8.000. Por lo tanto, Italia es efectivamente un país de tránsito para refugiados e inmigrantes provenientes de África y de otras zonas en desarrollo del mundo .

Destino a ninguna parte

En muchos casos, Roma ha evolucionado hasta convertirse en un destino final. Según Coen, el Vaticano y otros grupos religiosos podrían dar explicación a esta tendencia. En primer lugar, son una fuente de apoyo moral, un lugar de refugio y algunas veces también de subsistencia. En segundo lugar, la asistencia sanitaria gratuita y la educación están garantizadas, incluso para los extranjeros sin permiso de residencia. Por último, Roma ofrece un nivel de vida mejor que las zonas del sur de Italia, donde los inmigrantes se ganan la vida principalmente en la agricultura.

Manos vacías

Algunos trabajos están restringidos para los no - italianos. Para los inmigrantes es difícil conseguir trabajo como taxistas, y la función pública está cerrada para ellos. Sin embargo, les está permitido tener sus propias empresas, y a menudo aprovechan sus oportunidades en el comercio y el catering. Su presencia es dominante en las calles de Roma, a la hora de vender sus productos, alrededor de la estación de tren Termini y en el área que rodea la Piazza Vittorio Emanuele II.

Según el último informe publicado por la Oficina de estadística de Roma, cerca de tres cuartos de los no italianos están empleados en la capital. La mitad están al servicio de familias italianas, y los sectores de catering y construcción son la forma de vida de alrededor del 10% de ellos. Evidentemente, los trabajadores extranjeros están preparados para aceptar trabajos menos importantes que los italianos considerarían por debajo de sus posibilidades. El informe también destaca que la mano de obra extranjera es más joven que la media. Más de la mitad son mujeres, que trabajan sobre todo como niñeras o cuidando personas mayores.

Asuntos de familia

El número creciente de matrimonios mixtos indica hasta qué punto los extranjeros se han integrado en la población italiana. En una quinta parte de los matrimonios, al menos uno de los esposos tiene ascendientes extranjeros. “Es interesante ver que entre los matrimonios mixtos, en alrededor de 1.000 casos, es la madre la que es extranjera, mientras que sólo en 341 casos lo es el padre”, comenta Coen. ¿Quiénes son las extranjeras más atractivas para los hombres italianos? Las estadísticas dicen que las rumanas, rusas y sudamericanas.

“Italia es el único país europeo sin una ley de asilo que limite ampliamente la gestión del flujo migratorio", explica Claudia, una abogada joven. El gobierno ha aprobado hace poco una ley que da la ciudadanía a las familias después de haber pasado cinco años viviendo y trabajando regularmente dentro del país.

Sistema de representantes

En diciembre pasado, los inmigrantes de Roma eligieron a sus representantes para el gobierno local por segunda vez. Todos los ciudadanos no comunitarios mayores de 18 años que están viviendo, trabajando y estudiando en Roma pudieron emitir su voto por uno de los 41 candidatos. Los recién elegidos, cada uno representando un área geográfica: África, Europa (países no miembros de la UE), Asia y América, ahora tienen el derecho de participar en las reuniones del Consejo local. "A pesar de no tener derecho al voto, pueden hacer proposiciones sobre ciertos temas”, comenta Coen. Al contrario, Claudia, que vive en una zona con una alta concentración de inmigración, piensa que “su participación en el Ayuntamiento es un importante paso político hacia adelante, pero cambia muy poco su vida diaria”.

El principal reto

Aunque el número declarado de habitantes católicos decreció en las últimas décadas (al 86%), Roma todavía se puede identifcar como una ciudad puramente católica, y esto es algo que la mayoría de los romanos creen también. El estudio de Coen revela que 20 religiones diferentes son reconocidas por el gobierno local - una sorpresa para los nativos, que a penas habían percibido los cientos de presbiterianos, baptistas, budistas o musulmanes que viven a su alrededor.

“La actitud de los italianos hacia la inmigración está influida en gran parte por la política y el populismo”, dice Claudia. “La gente tiene la percepción de que los inmigrantes significan peligro, y a menudo se les considera como los responsables del aumento de la violencia, o la falta de seguridad ciudadana. No hay duda de que el creciente número de inmigrantes establece un cambio en esta actitud.”

Coen tiene una misión fundamental: cambiar la visión que los italianos nativos tienen de los inmigrantes. “Tienen que entender que la gente que viene a Roma está aquí para ampliar la comunidad italiana”. Los problemas de inmigración aquí siempre se mezclarán con cuestiones religiosas. Depende de los nativos si ahora están preparados para aceptar las diversas adiciones a su sociedad.

Fotos: Judit Járadi