Innovación en Estambul: jóvenes emprendedores con ganas de redes sociales

Artículo publicado el 3 de Octubre de 2012
Artículo publicado el 3 de Octubre de 2012
En Turquía, el tercer país del mundo que más utiliza Facebook, palabras como rubia están prohibidas en los nombres de los dominios. Sin embargo, a partir de las doce de la noche, Twitter rebosa de sonetos de amor 2.0.
El país está a punto de vivir un cambio de paradigma: sus jóvenes protagonistas utilizan Internet para ofrecer ideas innovadoras a una sociedad desconectada que se sacude bajo una libertad de expresión muy limitada.

Los olores del mercado de pescado en Karaköy van percibiéndose cuando llegamos al puerto. Un camarero se lamenta de que no haya ninguna cafetería turca que aproveche la vista excepcional que ofrece el Cuerno de Oro. “No es nada visionario”, bromea Engin Önder, un estudiante de Publicidad de 20 años. Önder es miembro del Institute of Creative Minds (ICM) de Estambul. Detrás de esta red de profesionales creativos, se halla un grupo de estudiantes de veintitantos que llevó las redes sociales a la calle a finales de junio. Esta corriente de periodismo ciudadano, conocida como 140journos, transmitió un debate en directo a través de Twitter —#notonuclearenergy contra #yestonuclearenergy— desde la famosa Torre de Gálata. Este movimiento ha dejado una marca imborrable en las calles de Estambul, donde han tenido lugar varias manifestaciones contra las leyes del país sobre terrorismo, y las redes sociales se han convertido en un foro público para el debate.

Sobrepasar los límites de los medios

“La revolución egipcia fue una llamada de atención para que las masas despertaran”, comenta la periodista Ahu Ozyurt, quien moderó el debate. Recorremos los grandes titulares de periódicos desde lo alto de una terraza cerca de la céntrica plaza Taksim: aparecen el gerente del Palacio de Topkapi, niñas forzadas a casarse, un profesor salido de la cárcel y el primer ministro del país. Ni rastro de las protestas curdas. Los periodistas turcos hacen uso de la autocensura para evitar ser despedidos, multados o condenados a prisión. Ozyurt, bloguera del portal independiente Gazeteport, piensa que esto es un fenómeno de una generación limitada a los medios de comunicación dominantes. La situación podría cambiar si los ciudadanos y los emprendedores sociales sobrepasaran los límites un poco más; especialmente en Turquía, donde el 50% de los 75 millones de habitantes tiene menos de 30 años.

Los miembros del “Institute of Creative Minds” —falta el cuarto, Safa— trabajan en un antiguo banco de la era otomana. Su espacio de trabajo se encuentra en el barrio de Beyoğlu, donde esta prohibido beber en la calle desde hace un año.

En Karaköy, Önder sabe perfectamente esquivar las olas que rompen en el muelle y que a veces le salpican los pies. “Tenemos el poder de generar noticias de gran interés periodístico en directo. Hagámoslo en los espacios públicos donde las voces no sean escuchadas e iluminemos el periodismo”, alienta Engin. Fundado en 2010, las ideas de este grupo experimental están cada vez más lejos de las clases de Empresariales de la universidad. Mientras estudiaban en Estados Unidos, Önder, Safa Soydan y Oğulcan Ekiz desarrollaron ICM bloguenado en directo desde las conferencias que se realizaban sobre la primavera árabe. Mientras que el seguimiento de los medios de comunicación fue inexistente durante la masacre que tuvo lugar en Uludere —municipio de mayoría curda— en diciembre de 2011, ocurrió totalemente lo contrario con la masiva llegada de mensajes vía Twitter desde Washington.

La tendencia a autocensurarse también llega a las redes sociales: “En Turquía, las redes sociales se orientaron hacia las celebridades y después hacia la política, pero realmente no se puede retuitear noticias sobre los curdos", añade Ahu, quien recuerda que no pudo informar sobre la masacre de Uludere: un hito para los medios de comunicación turcos. “Descubrimos la noticia en Twitter a las cuatro de la mañana. El comunicado oficial no fue hasta las ocho. Treinta y cuatro personas murieron. Fue un momento decisivo para Twitter. El gobierno empezó a interesarse por las redes sociales. No creo que quiera censurarlas —aunque en agosto de 2012 corrieron rumores sobre el plan del gobierno de bloquear Twitter y Facebook en determinados momentos (N. de R.)—. La gente utiliza Twitter para cosas triviales”.

Creando una comunidad

En Cihangir, un barrio cercano a la plaza Taksim y hogar de artistas y celebridades, el activista  Güray Gürsel relaciona el aumento de ventas de smartphones en el país con el crecimiento del activismo en las redes sociales. Conocido como Burus Vilis —su pronunciación en turco recuerda al actor Bruce Willis—, este músico se ha convertido en todo un fenómeno social y presenta un programa semanal de radio sobre las últimas tendencias, entre otras: #happybirthdayspongebob, #bigbanggroup y #lookafteryourfreedom —esta última sobre el festival de música One Love. El evento está patrocinado por la única marca de cerveza del país —Efes—, pero el alcohol ha sido prohibido por primera vez. Este es un ejemplo claro y paradójico de la desconexión de la actual Turquía  y del lugar que ocupan las voces de los jóvenes turcos en las redes dociales. Vilis ilustra la importancia de la “comunidad” en Twitter describiendo las operaciones de rescate organizadas y retuiteadas durante el terremoto de Van en 2010, el mismo año que salió a la venta el iPad.

Cerca de la plaza Taksim, este diario turco aprovecha toda una fachada para anunciarse.

Gracias a los 25 millones de usuarios turcos, prosperan los medios sociales. Un ejemplo es la iniciativa de Zumbara. Ayşegül Güzel, de 29 años, dejó su trabajo de asesora para poner en práctica en octubre de 2010 una iniciativa inspirada en los bancos del tiempo de Barcelona, donde estuvo viviendo una temporada. Es cierto que en Estambul no hay un Silicon Valley como en San Francisco o un Silicon Roundabout como en Londres, pero esta noche una docena de personas asiste al evento NetSquared, conocido por “utilizar la tecnología de las redes sociales para mejorar el cambio social”. Alrededor de varias tazas de té vacías sobre el alféizar de una ventana que da al Bósforo, Güzel asegura que “el banco del tiempo es mucho más flexible que la economía de trueque, ya que el coste del servicio es la cantidad de tiempo que el banco necesite”. Sin embargo, cree “que le falta un aspecto tecnológico”. En el sur de Turquía, su abuela entiende esta iniciativa “del tiempo, no del dinero” como una adaptación 2.0 del ritual turco del imejhe. El 80% de las iniciativas están ligadas a la cultura turca, pero Güzel admite que, al trabajar en la economía alternativa, su misión puede ser vista como parte de un movimiento hippy.

“Hay una gran desconfianza hacia el voluntariado social. Se ve como algo revolucionario”, admite Matthias Scheffelmeier, un alemán que, con 28 años, es coordinador nacional de la red global de de emprendedores Ashoka en Turquía. Su plataforma, ChangemakerXchange, ayuda a los emprendedores —incluida Güzel— a conectarse y utilizar las redes sociales y otras herramientas para intentar solucionar problemas que se pueden dar en la sociedad.

Creó Zumbara a través de una sociedad en la India y numerosos voluntarios. Sus más de 8.000 miembros han hecho uso de los 4.000 servicios ofertados, lo que equivale a más de 500 horas intercambiadas.

Al igual que el movimiento 140journos, Önder y su equipo se han pasado este año instagrameando (acción propia de la aplicación Instagram) y retuiteando entrevistas: desde la conmemoración del asesinato de Hrant Dink hasta el proceso que se está llevando a cabo contra Oda TV. A pesar de los esfuerzos para iluminar a las bestias negras del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan, quien ha tachado a la juventud de Estambul de “inmorales desenfrenados” según un reportaje de Ahu Ozyurt, Önder y Cía. ya preparan una aplicación sobre turismo gastronómico. “La gente hace fotos a las comidas de todo el mundo, pero la comida turca nunca aparece”, asegura este joven emprendedor de camino a su puesto de comida favorito, donde comemos un plato de garbanzos, arroz y alubias rojas acompañado de un buen vaso de ayran (bebida tradicional turca parecida al yogur).

Los jóvenes turcos eran en su mayoría apolíticos desde el golpe de estado militar de los años ochenta: el tercer intento en la corta historia del país. Hoy en día, son una generación de más de 100 periodistas y 700 estudiantes tras las rejas —principalmente curdos—; una generación armada con teléfonos inteligentes, tabletas electrónicas e infinitas ideas.

Este artículo forma parte del proyecto Orient Express Reporter II, la segunda edición de una serie de reportajes coordinados por cafebabel.com y realizados por periodistas de la Unión Europea que viajan a los Balcanes y viceversa. Nuestro agradecimiento a Burcu Baykurt y a Derya Kaya.

Fotos: portada, © cortesía de yaraticifikirlerenstitusu.com; texto, © NS.