Instituto Cervantes: ¿El español? Bien, gracias

Artículo publicado el 28 de Julio de 2009
Artículo publicado el 28 de Julio de 2009
Esta institución, creada en 1990, está dirigida sobre todo a la proyección cultural de España en el extranjero gracias a la difusión de la lengua y del hispanismo. Una red de éxito que bien podría servir de inspiración a otras importantes naciones europeas con un amplio patrimonio cultural

Gracias, Jorge Semprún. Este escritor y político español trabajó muy duro hasta que la institución vio la luz durante su época al frente del Ministerio de Cultura durante la etapa en el poder del socialista de Felipe González. Son institutos muy ligados al Gobierno, cuyas políticas proyectan más allá de las fronteras españolas. El Ministro de Cultura saliente del Gobierno de Zapatero, César Antonio Molina, llegó a ocupar el puesto de director de un centro Cervantes. Avalada por una comunidad lingüística de 400 millones de hispanohablantes en todo el mundo, España es asimismo una nación multicultural en la que conviven varias lenguas que los setenta institutos Cervantes repartidos en 40 países del mundo contribuyen a dar a conocer impartendo cursos de catalán, euskera y gallego, las tres otras lenguas co-oficiales de España.

Una expansión imparable: Brasil, Dublín y Fráncfort

Si bien las redes británicas o francesas racionalizaron su implantación al cerrar muchos de sus centros en el mundo, los institutos Cervantes conocen un fuerte desarrollo y solo en 2008 se abrieron cinco nuevos centros. En Europa, el instituto Cervantes de Fráncfort abrió sus puertas en octubre de 2008, convirtiéndose de este modo en el quinto del país, tras los de Berlín, Múnich, Bremen y Hamburgo. En 2008 se inauguró además el centro de Dublín, cuya dirección fue confiada a una joven poeta de 39 años, Julia Piera. Brasil es el país que cuenta con el mayor número de institutos abiertos, ya que tras la inauguración de los centros de Recife, Florianópolis y Belo Horizonte, ya son nueve los institutos ubicados en un país en el que están viviendo una gran expansión.

Con televisión en Internet

Una de las especificidades de la red cultural española consiste en apostar por internet para permitir un aprendizaje lingüístico a la carta. El AVE, siglas de Aulas Virtuales de Español, que permite seguir cursos en Internet, carece de un equivalente en las otras redes culturales europeas que se basan en un aprendizaje en aulas, más clásico. Pero la innovación no se queda ahí ya que desde 2008, el Cervantes es la primera red que dispone de televisión exclusiva en Internet. Propone así material pedagógico complementario a estudiantes y profesores. Con carácter más anecdótico, pero prueba de su voluntad por innovar, el Instituto Cervantes está presente también en una isla virtual de Second Life desde el año 2007.

Una estrategia: La lengua

(Dark Botxy/flickr)A diferencia del British Council o de la Alliance Française, la red cultural española tiene una misión principal asignada por el poder público, la de la difusión de la lengua. Y la llave de su éxito actual reside quizás en esta elección estratégica clara que le evita muchos dilemas a los que deben hacer frente británicos y franceses a la hora de gestionar sus propias redes. Así, los británicos se arriesgan a una posible dispersión de su acción al tratar la cultura bajo el ángulo de la 'globalización' o según una visión política que intenta unir la cultura con las posiciones globales de la diplomacia internacional. Unas políticas que obligan al British Council a actuar bajo temas transversales como el diálogo intercultural o la salvaguarda del medio ambiente.

En lo que se refiere a la red francesa, mantiene una presencia importante en países francófonos en los que su lengua es mayoritaria, en nombre de una política de civilización y de cooperación de vocación universal. Los institutos Cervantes no están presentes como tales en los países hispanohablantes, son los centros culturales de las embajadas, más modestos, los que los sustituyen en esos casos. Esto permite a España concentrar sus medios en unos sesenta países mientras que las otras redes culturales europeas cuentan con frecuencia con una red dos veces más extensa, con el riesgo que conlleva de una cierta atomización de su radio de acción.