‘Invadamos Zingonia y matémoslos a todos’: el racismo crece en Italia

Artículo publicado el 10 de Septiembre de 2009
Artículo publicado el 10 de Septiembre de 2009

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El grupo de Facebook ‘Invadamos Zingonia y matémoslos a todos’ ya tiene 700 miembros. Miriam, una profesora voluntaria nos explica cómo el discurso anti inmigrantes, fomentado por partidos como la Liga Norte, complica la vida a los recién llegados a Italia

©Miriam Franchina¿Qué es Zingonia? A Miriam Franchina, que vive a cinco kilómetros del gueto italiano más importante del país, no le hacen esta pregunta muy a menudo. “Es un lugar dejado de la mano de Dios. Pero los milaneses no podemos olvidarnos de él, y los que viven allí tampoco”. Zingonia se proyectó como una utopía, una ciudad modelo con su propio hospital, su propio hotel y varios parques. Hoy en día, solo algunas personas irían a pasar sus vacaciones allí. “Se transformó en el Bronx de Milán”, dice Miriam. “Si le preguntarais a mis padres, os dirían que Zingonia estaba repleto de terroni (término despectivo para designar a los inmigrantes del sur de Italia), pero ahora, todos los italianos se han ido, incluso los del sur. Hoy en día, en los edificios en decrepitud viven africanos y asiáticos.

Miriam es profesora voluntaria de italiano. Muchos de sus estudiantes viven en Zingonia. Vienen a clase después de haber trabajado durante 12 horas en Milán “para hablar de sílabas, artículos y verbos”. Ali es un albañil egipcio titulado en psicología, su padre era opositor político de Mubarak. Jaspreet entró a Italia caminando, salió del Panyab y atravesó Rusia a pie. Asma salió de Marruecos para seguir a su amor senegalés: sus padres nunca le hubieran dejado casarse con un hombre negro. “La enviaron de vuelta en un ataúd tras haber sido atropellada. Se dirigía al trabajo, en bicicleta, a las cuatro de la mañana, por una carretera que no tiene carril bici a pesar de que es extremadamente necesario. Lo último que he sabido de ella, lo he leído en una necrología del periódico local”. Antes de que la infección se propagara.

©phaly / FlickrEl centro de Zingonia es la plaza Affari. Comparte el nombre con la bolsa de valores de Milán, aunque el comercio de cada una de ellas es muy distinto. Hoy en día, la única actividad comercial que existe en la zona es de otra índole. La prostitución es un mercado libre. “Una vez has aclarado que no estás en Zingonia por un tema de drogas, tienes que aguantar las miradas”, nos dice Miriam. “¿Quizá por qué estos marroquíes y paquistaníes están reprimidos sexualmente o más bien por qué se preguntan qué demonios hace una italiana entre ellos intentando entablar una conversación?”

La Liga Norte no es marginal

La región lombarda siempre ha votado a la derecha, pero desde hace unos años, la extrema derecha italiana, la Liga Norte tiene cada vez más adeptos. No se trata de un partido marginal pues su apoyo fue crucial para que Berlusconi ganara las últimas elecciones. En 2008, la Liga lanzó una campaña “para limpiar Zingonia, antes de que infecte las ciudades vecinas” y se instaló en medio de la plaza Affari.

Un diputado por la ciudad de Milán ha pedido que los asientos del metro estén reservados solo a los milaneses

La Liga está detrás de muchas de las medidas antiinmigrantes que pululan por el norte de Italia. En Capriate (provincia de Bérgamo) se han prohibido los Kebabs. En Friuli Venecia Julia (Italia nororiental), la Liga ha prohibido que las ambulancias transporten inmigrantes sin papeles. El diputado de la ciudad, Matteo Savini, ha llegado incluso a pedir que en el metro de Milán, los asientos solo sean para los milaneses. En Varella, la multa por llevar el burkini, el traje de baño que preserva el pudor islámico, es de 500 euros. Al preguntarle sobre esta ley, el alcalde de la ciudad, Gianluca Buonanno, comentó que “los musulmanes pueden nadar en sus bañeras”. Giancarlo Gentilini, uno de los miembros de la Liga más conocidos, desea “la eliminación de los niños gitanos y la limpieza étnica de los maricas”. En septiembre de 2008, Giancarlo Gentilini exigió una “revolución contra todos aquellos extranjeros que quieran abrir mezquitas, locutorios o tiendas”. Semejantes declaraciones no han mermado su reputación entre los votantes: ha sido alcalde de Treviso durante dos legislaturas (este cargo solo puede ser ocupado durante dos legislaturas) y ahora es teniente de alcalde. Giancarlo Gentilini es conocido porque, siendo alcalde, quitó todos los bancos del parque de la ciudad para “impedir que los inmigrantes puedan reunirse allí”.

Fantasmas con una historia que susurrarnos

©uno che passavaAmnistía Internacional ha criticado el ‘Pacchetto Sicurezza’ (el paquete de seguridad), un paquete de leyes de inmigración dictadas en Italia este año. Este ‘paquete de seguridad’ decreta que los inmigrantes ilegales no pueden reconocer legalmente a sus hijos y que si acuden a un hospital serán deportados ipso facto. Según estas nuevas leyes, incluso los inmigrantes legales tienen pegas para casarse: deben poseer el permiso de residencia desde hace al menos dos años. Ahora, ser un refugiado ilegal en Italia es un crimen penal. “Los sin papeles no están inscritos en nuestras clases. Solo están ahí, son unos fantasmas que tienen una historia que susurrarnos, unos fantasmas que tienen miedo de ser perseguidos por la policía”, nos cuenta Miriam.

Las redadas en los pisos de Zingonia son regulares e imprevisibles. “Pararon un autobús escolar e hicieron bajar a todos los alumnos en busca de clandestinos”. Miriam nos cuenta que cada vez que hacen redadas cortan el agua y la luz y despiertan a las familias a las cinco de la mañana. “Ahmed, uno de mis estudiantes, estaba muy orgulloso de sí mismo el día que fue capaz de escribir la frase: odio Zingonia porque no puedo dormir por las noches, la policía viene muy a menudo y nos despierta a todos”. Cada persecución sale en primera plana de los periódicos, con la cifra de clandestinos que han sido descubiertos. Cada clandestino deportado es una persona de menos que nos quita el trabajo, viola a nuestras mujeres, roba nuestro pan de cada día y abarrota las colas de las urgencias. Su suerte es una incógnita: un centro de deportados, la cárcel, un vuelo de vuelta a casa. Ojos que no ven, corazón que no siente. Lo más seguro es que vuelvan a empezar desde cero en otra ciudad, otra región, otro país. Siempre habrá un campo o un taller para acoger a esos trabajadores ‘baratos’.

Traducción del vídeo (resumen):

- "Quiero una revolución contra los ilegales de fuera de la UE. Quiero una limpieza en las calles, de todas las maneras en las que se molesta a mi país. Quiero una revolución contra los nómadas y gitanos. Destruí dos campamentos de nómadas y gitanos en Treviso. Quiero eliminar a todos los hijos de gitanos que van y roban a los ancianos. Quiero una tolerancia dos veces cero". 

- "Quiero una revolución contra los que quiere abrir mezquitas y centros islámicos. Incluso si aquí, la jerarquía eclesiástica dice 'dejémoslos rezar también...' ¡No! ¡Dejémosles ir a rezar al desierto! Voy a abrir una fábrica de alfombrar y regalarles una si se vuelven al desierto. Quiero una revolución contra los que abren locutorios, o tiendas que venden cosas extranjeras".

- "No quiero ver negros, marrones, amarillos o grises enseñando a nuestros niños. ¿Qué van a enseñarles? ¡La civilización del desierto!"