Irak, cuando la guerra es una mentira.

Artículo publicado el 14 de Marzo de 2005
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Artículo publicado el 14 de Marzo de 2005

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Presentación en exclusiva de Víctimas, el último libro de Massimo Nava, célebre reportero del Corriere della Sera.

De Georgia a Argelia, de Ruanda a la masacre de los Balcanes, el último libro de uno de los reporteros italianos más célebres, Massimo Nava, es "un viaje no sólo al horror de las guerras que en estos decenios han devastado el mundo (…), sino también a la gruesa cortina de falsedades y realidades que tanto dificultan el acceso a la verdad", según el prólogo de Claudio Magris. Un viaje entre conflictos ligados en general a la disputa por un recurso cada vez más escaso: el petróleo. A continuación, publicamos dos piezas (un reportaje y una reflexión) relativas a la guerra llevada a cabo en mayo de 2003 por los Estados Unidos contra Irak. Un país que, después de Arabia Saudí, posee –como nos recuerda el actual corresponsal en París del Corriere della Sera– las mayores reservas de petróleo del mundo. Un país que, desde el inicio de la intervención, ha sufrido según estimaciones a la baja "entre 15.000 y 17.000 víctimas civiles". ¿Cómo justificar estas muertes?

Bagdad, 16 de marzo de 2003

Cuando el crepúsculo refresca el aire se encienden los luminosos de los grandes almacenes, restaurantes y pizzerías al aire libre. El centro de Bagdad, con su extensión de sillas de plástico y mesas, ofrece, pues, imágenes típicas de las fiestas de verano. Como si fuera un rincón del adriático pero con minaretes y olor a kebab. Tráfico loco, brochetas de cordero, bailes en los patios, parejas de novios paseando, niños en los tiovivos. La guerra, durante algunas noches, se vuelve ficción. Me pregunto si no es ésta una extraordinaria virtud de los iraquíes, legado de una civilización milenaria, útil recurso natural de quien sabe que el petróleo será el botín de los próximos conquistadores.

Un Irak aislado del mundo perpetúa la exclusión de sus jóvenes. Unos jóvenes que acumulan diplomas inútiles, hablan inglés, se dedican a la pintura y a la poesía, miran los partidos italianos de fútbol y acuden a los desfiles de moda. Los carteles de Totti y Batistuta son las novedades en el mercado de los libros y de los periódicos que los iraquíes venden junto con el oro familiar para sobrevivir. En la televisión, el Calcio italiano supera en audiencia a las manifestaciones por la paz que se producen en todo el mundo. En el imaginario de las masas, Sadam puede aparecer, como la guerra, inminente y virtual, invisible pero omnipresente en imágenes por cualquier rincón de la ciudad. Es difícil ver otras figuras, salvo la estatua de Alí Baba y los personajes de Disney pintados sobre los muros de los parques de atracciones (…).

En el Irak laico que viste a la moda occidental, que esta noche también escuchará la música americana en los restaurantes y en la radio del hijo de Sadam, la religión podría convertirse en el factor decisivo del futuro. Más que ningún otro de los sentimientos colectivos. Más que el miedo y más que la resignación.

El viernes por la noche, en la majestuosa mezquita Musa Al Kadim de gran valor para los chiíes, el rito del rezo y del lamento de las masas renueva la pasión de Husseín, el sobrino del Profeta, cuyo martirio originó el cisma. La Historia y las cartas geográficas dejaron entre el Tigris y el Éufrates una parte de la población chií, mayoría demográfica marginada por el régimen de Sadam (...). La duración de la guerra y de la resaca post-Sadam dependerán de la persistencia de los sentimientos de la víspera, del miedo que favorezca la rendición, de las ganas de soñar un futuro o de la implosión religiosa, étnica y tribal.

No sé si los iraquíes que he encontrado se rendirán pronto o entregarán al raís "sus vidas y sus almas", como quisiera la propaganda del régimen. En verdad, no hay ni rabia ni orgullo en Bagdad, pero sí la digna espera del veredicto de las masas pronunciado sin proceso.

París, enero de 2005

Vivimos en el interior de una fábrica de mentiras a su vez condicionada por una falsa percepción de la realidad, influida por grupos de presión que controlan el sistema informativo y supeditan las decisiones. Estamos en la época de la mentira funcional, versión moderna de la "desinformatia" soviética, con el agravante de concebirse en función del acontecimiento en sí y a priori; diseñada sobre la deformación de la realidad en función de los intereses y de las estrategias.

(...) Es un hecho que millones de americanos sigan pensando aún que Irak estaba directamente relacionado con los atentados del 11 de septiembre y que los "arsenales" a disposición de los malos fuesen una razón suficiente para desencadenar la guerra. Todo esto es hasta lógico, si tenemos en cuenta que millones de ellos ya han contemplado en el cine monstruosos atentados, efectos catastróficos, secuestros de presidentes, guerras estelares y terrorismo bioquímico.

El terrorismo de Bin Laden es muy fácil de comprender y quizás de combatir, pero en nuestra realidad mediatizada se convierte en un hiperterrorismo planetario para cuya derrota no basta la inteligencia, la coordinación entre policías de todo el mundo, el control de la financiación, las fuerzas especiales, la diplomacia para la paz en Oriente Medio, y a lo mejor un enfoque político y económico de los problemas del mundo árabe. tan diferente. Hacen falta guerras convencionales, ejércitos, fortalezas voladoras, aviones invisibles, tecnología sofisticada y, naturalmente, bombardeos masivos y millares de víctimas civiles inocentes. Nadie que se interrogue sobre la más demencial de las estrategias, es decir, la de atacar un Estado y una población con objeto de destruir un terrorismo sin Estados, sin fronteras, a buen seguro supranacional, a menudo insertado en nuestras propias sociedades, incluso hasta alimentado a través de nuestros canales financieros o mediante negocios con Occidente. Tal es el caso de la familia de Bin Laden y la de Bush. Frente a la amenaza terrorista, Occidente sigue creyendo en la supremacía militar. Como si la guerra fría no hubiese acabado; como si tuviésemos aún necesidad del escudo anti-misiles; como si los numerosos Bin Laden pudiesen ser eliminados utilizando portaviones y misiles tierra-aire.

A lo mejor nos viene bien reflexionar sobre los héroes de la mitología griega: al fin y al cabo, ¿la "inteligencia" de Ulises no fue más útil que la fuerza de Aquiles?

(Editado por Fazi Editore, Víctimas: en las librerías a partir del 18 de marzo.)