Irak: de la desesperación a la democracia

Artículo publicado el 20 de Mayo de 2004
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Artículo publicado el 20 de Mayo de 2004

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Cunde el desánimo entre quienes apoyaron la guerra de Bush y de Blair a medida que cada día se nos ofrecen nuevas historias de horror desde Irak. Aun así, el Choque de civilizaciones puede evitarse

Siempre he pensado que Sadam Husseín era un sátrapa perverso; que cualquier cambio en Bagdad no conduciría sino a una situación mejor. Así, mientras ha existido la esperanza de que las cosas fueran a mejor, no me ha preocupado la inexistencia de un mandato de las Naciones Unidas ni que las armas de destrucción masiva no aparecieran por lado alguno. Por eso apoyé la guerra. Así de sencillo.

Los últimos acontecimientos, incluidas las atrocidades contra prisioneros de guerra iraquíes, el asesinato de Izz ad Din Salim, así como los asesinatos de extranjeros, han demostrado que me hallaba equivocado. Los degradantes e inhumanos actos que los estadounidenses han aplicado (¿aplican?) a prisioneros iraquíes, con o sin connivencia desde Washington, sólo pueden reforzar la pretensión de que no se dan diferencias entre las reglas de comportamiento estadounidense y el régimen de Sadam Husseín.

¿No se suponía que iba a ser distinto? El nuevo Irak estaba supuestamente destinado a convertirse en un deslumbrante ejemplo de democracia y de respeto a la dignidad humana. En cambio, el sueño no se ha materializado.

Los países que se adhirieron a la coalición liderada por los Estados Unidos no viajaron a Irak en busca de petróleo o de réditos económicos. En Polonia se decía en un principio: por tu libertad y por la nuestra. Ellos creían que la democracia en Oriente Medio se hallaba por encima de cualquier mandato de Naciones Unidas, lo que significa que si la presencia de fuerzas polacas se encontraba entonces legitimada, ahora ya no sucede de este modo.

¿Qué puede hacerse?

Los europeos deberían retirarse de la región. Británicos y Polacos tendrían que admitir que su misión ha fracasado, no por su culpa, sino por la de su más íntimo aliado, los Estados Unidos de América. Ya no van a poder llevar la paz y la democracia a Irak.

Por su parte, los americanos tendrán que endosarse una buena lección de modestia. La cultura occidental no es superior a ninguna otra, Sra. Fallacci. Debemos aprender esta imprescindible lección con el fin de evitar que esto se convierta en una Palestina global en la que los iraquíes adopten el papel de palestinos y los Estados Unidos se conviertan en un Israel.

Toda la comunidad internacional debe ponerse a trabajar. Un nuevo mandato de la ONU es necesario. Musulmanes y otros Estados no occidentales, como Japón, Nigeria o India, tendrían que comprometerse más con la nueva situación para Irak. Ya no hay lugar para tropas europeas, norteamericanas o rusas en Bagdad.

La lucha contra el terror debe ser emprendida a escala global. Por lo pronto, las redes de financiación de Al Quaeda, así como sus fuentes de abastecimiento en armas tendrán que ser neutralizadas. La soluciones militares siempre deben ser contempladas como último recurso.

Occidente requiere de líderes. Ahora tendremos que purgar nuestra culpa por lo de Irak. Afortunadamente, Blair se marchará este verano. El Secretario estadounidense de defensa debería responder ante la Corte Penal Internacional, ésa que los EE.UU. se niegan a reconocer. ¿Y Bush? Cualquiera menos Bush.

¿Y por lo que respecta a Europa? Por favor, nada de os lo dijimos por parte de París o de Berlín. No tenemos tiempo para eso. El 11 de Marzo ha demostrado que la guerra contra el terror también es nuestra guerra. Lo fundamental es la unidad y el trabajo político conjunto con el fin de evitar más tragedias como la del 11 de septiembre.

Multilateralismo; cambio de líderes en Washington y Londres; una nueva postura ante el terrorismo: tal es lo que necesitamos para huir de la teoría de Huntington, para lograr la paz, la democracia y el respeto a los Derechos Humanos a lo largo de todo el Oriente Medio.