Irán: la controvertida diplomacia económica europea

Artículo publicado el 2 de Diciembre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 2 de Diciembre de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Europa parece haber triunfado en sus planes sobre energía nuclear con Irán. Aún así, respecto a los envites militares de Estados Unidos, la diplomacia económica europea no es buena estrategia de futuro.

Los constantes esfuerzos negociadores de la UE pueden estar dando frutos. El Reino Unido, Francia y Alemania han persuadido a Irán para que congele su programa de armas nucleares hasta que se encuentre una solución de largo plazo para este conflicto de tan largo recorrido. Desde el pasado 22 de noviembre, la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) de Viena vela por el respeto de este acuerdo. Si la junta directiva de la AIEA prosigue con la moratoria de la UE, los Estados Unidos no exigirán que el conflicto se sustancie ante el consejo de seguridad de Naciones Unidas. Las sanciones de la ONU orientadas contra los mulás serían, pues, anuladas –soberbia victoria de los europeos que los norteamericanos y su beligerante presidente G.W. Bush no pudieron obtener anteriormente a pesar de todas sus amenazas de castigo o incluso de intervención militar-. Ha quedado claro: las suaves armas de Europa son más eficaces. Lo que los estadounidenses no han logrado en Irak a base de bombas, los Europeos parecen haberlo alcanzado en Irán con buenas palabras: han evitado internacionalizar un conflicto de talla mayor contra un “Estado-granuja”.

Las palabras de Europa y las armas de América

No obstante, las cosas son más complejas de lo que parece a primera vista. Primero, hay que precisar que Europa ha “comprado” la promesa iraní mediante contratos comerciales millonarios. El regreso a la fila por parte de los mulás no ha carecido de astucia: por un lado se aseguran voluminosas entradas de dinero proveniente de Europa, por otro lado evitan sanciones perniciosas y el peligro de una intervención militar norteamericana. No por ello hay que deducir de este comportamiento que hayan cambiado de ideas: según Teherán, Irán ha renunciado al enriquecimiento de uranio de manera voluntaria, libre y puntual.

Habrá que comprobar si Irán se toma en serio la aplicación del acuerdo en cuestión. Este país ya ha decepcionado y engañado muchas veces a Occidente. Corría el año 2003 cuando todavía el trío europeo se felicitaba por un acuerdo firmado con los religiosos, antes de desengañarse poco después con su ruptura. Las negociaciones sobre la resolución definitiva del conflicto nuclear podrían ser más difíciles de lo previsto, ya que Irán sigue sintiéndose amenazado por los bastiones estadounidenses situados en los países vecinos tanto como por el arma nuclear israelí. La guerra en Irak y el contencioso sobre el programa nuclear de Corea del Norte pueden haber convencido a Irán de que la bomba atómica es la mejor protección existente.

El forcejeo con los mulás le ha dado visibilidad a las actitudes radicalmente diferentes de norteamericanos y europeos en materia de solución de conflictos internacionales. Bush se ha mostrado escéptico repetidas veces respecto de los intentos negociadores de los europeos: según él, Irán debe ser sancionado –y no recompensado- por sus actividades nucleares. Tras las elecciones en los Estados Unidos, algunos comentaristas sostuvieron que los mulás radicales a la cabeza de Irán serían las próximas víctimas de la estrategia de cambio de régimen por parte de los Estados Unidos. A pesar del éxito de las negociaciones, Europa no debe cantar victoria: otros regímenes podrían a su vez soñar con solicitar su generosa financiación a cambio de detener su programa nuclear. La estrategia diplomática europea, basada en la retribución económica no se presenta realmente como alternativa duradera a las amenazas (militares) norteamericanas.