Irán: La música clandestina sigue rebelándose

Artículo publicado el 3 de Febrero de 2016
Artículo publicado el 3 de Febrero de 2016

Si uno presta atención a la abundante producción artística clandestina en Irán, se puede escuchar la voz rebelde de la juventud. El primer aniversario de la muerte de un aclamado cantante permite analizar las relaciones entre el régimen iraní y su cultura underground.

Hace un año, Morteza Pashaei, de 30 años y cantante de pop, falleció de cáncer en Teherán y conmocionó a millones de iraníes. Recientemente, su admiradores rindieron homenaje al “rey del pop iraní”, por quien sentimos una profunda admiración.

Desde su muerte, la sociedad iraní ha experimentado un fenómeno inédito: Los jóvenes invaden los parques y los lugares públicos para rendir homenaje y murmurar las canciones de este valiente cantante fallecido. Morteza Pashaei era un estrella de la música pop en Irán, obligada generalmente a ser practicada en la clandestinidad.

Tanto su joven edad como su talento, su franqueza y su valiente lucha contra el cáncer, contribuyeron a su popularidad. La enfermedad no impedía a Pashaei subir a escena entre sesiones de quimioterapia. Pero también había otra razón más importante: Celebrar a un artista que iba en contra del sistema religioso, lo que le permitía manifestar a la gente su independencia e insubordinación.

Los medios de comunicación oficiales comprendieron la magnitud y el significado del acontecimiento y no tardaron en emitir el siguiente aviso: “Si continuamos construyendo barreras sobre el camino de los jóvenes sólo lograremos generar problemas”, declaró un responsable del régimen.

Las manifestaciones populares que ocurrieron tras la muerte del joven artista pusieron de relieve dos realidades: Primero, que la vida musical clandestina tiene un lugar importante en Irán y, segundo, que la sociedad podría rebelarse, como lo hizo en el año 2009.

Anestesiar a la sociedad

Si uno presta atención a la abundante producción artística clandestina en Irán se puede escuchar la voz rebelde de la juventud. El régimen islámico considera que toda forma de música rítmica y alegre está firmemente haram ("prohibida por la religión", ndlr), al igual que tocar un instrumento musical en público o escuchar a una mujer cantar. Así pues, nunca se ve un concierto de música en las cadenas iraníes o una mujer mostrando su talento en público. En un intento de anestesiar la sociedad, sólo la forma tradicional de música, lúgubre y sombría, está autorizada por los líderes islámicos.

En los años noventa, los jóvenes artistas comenzaron a rebelarse contra el sistema y fueron desarrollando la música pop en Irán, así como también el rock, el metal, el rap, y el hip-hop persa. Haciendo frente a las prohibiciones impuestas por las autoridades, una vida musical clandestina vivaz tomó forma en el país. Las composiciones se graban en condiciones difíciles, en estudios improvisados instalados en sótanos, y los músicos corren el riesgo de caer en las redadas realizadas regularmente por la “policía de la moral”. Son acusados de “conspirar con grupos satánicos”, de “inmoralidad” y de ser “instrumentos al servicio de la ofensiva cultural del Occidente”.

En sus permanentes esfuerzos por romper el orden establecido, los jóvenes artistas tienen que explorar nuevas avenidas en la creación artística. Si se inspiran en el rap y en el hip-hop occidental, ellos desarrollan su propia originalidad iraní. Los temas más comunes en el rap iraní son los males de la sociedad tales como la adicción, la prostitución, la injusticia, las crisis económicas y políticas, las relaciones amorosas y otras realidades de la cultura urbana de los jóvenes iraníes.

El rap iraní es una gran burla al régimen existente. Sin colocarse contra la religión, rechaza la cultura de la dictadura religiosa y ridiculiza un sistema basado en el dinero y la corrupción. Cuenta con sus propios activos y mira hacia el futuro a través de la protesta colectiva. En Irán, hacer rap es levantarse contra el orden injusto de los mulás.  

Los militantes de los derechos humanos insisten en que para la cultura es la hora de la apertura. Pero el presidente Hassan Rohani no introdujo ninguna modificación en relación con las libertades fundamentales y los artistas permanecen amordazados en el marco islamista que impusieron los portadores del poder.