Irán, ¿qué fue de la Revolución Verde?

Artículo publicado el 21 de Abril de 2011
Artículo publicado el 21 de Abril de 2011
Es el otro Egipto. Ese de la Plaza Enghelab de Teherán. Ese que, dos años después de unas polémicas elecciones y uno tras unas protestas fuertemente reprimidas, sigue estancado. El poderoso es siempre el mismo: Ahmadinejad, capaz de influenciar en los Guardianes de la Revolución y garantizar el orden interno. Nada ha cambiado en el país de la Revolución Verde, de la que ya casi no se habla.

Fue en Irán, en la Plaza Enghelab de Teherán, donde meses atrás se inauguraron las protestas. Fue allí donde se empezó a entrever la revolución que vendría después en Oriente Medio y el norte de África. Fueron ellos los pioneros de la ‘Revolución de Twitter’, los primeros que consiguieron esquivar el sistema de censura gracias a las nuevas tecnologías.  Pero,  ¿qué ha pasado? Han conseguido reprimirlos.

Aún así, el movimiento verde sigue vivo en las redes socialesLa última protesta dirigida por el ex primer ministro y excandidato a las elecciones presidenciales de 2009, Mir Hossein Musavi y por el expresidente del Parlamente iraní, Mehdi Karroubi, se remonta a febrero. Hace dos meses. Las protestas causaron un muerto y dos heridos. Entre los más de noventa opositores que acabaron entre rejas está Baqer Oskui, mandatario de la sección juvenil de Etemad Melli, el partido de Karroubi. La misma suerte corrieron Ramtin Meqdadi, responsable del movimiento juvenil de Moussavi en la ciudad de Babol y el escritor Hamed Shamlu. El Gobierno iraní lo había dejado claro: toda manifestación estaba prohíbida. La orden fue dictada con la intención de evitar que cualquier tipo de protesta fuera aprovechada por la oposición para despertar en el ánimo de los iraníes aquellos sentimientos que motivaron las protestas de 2009. Pero los jóvenes no lo escucharon. Por eso la policía abrió fuego contra la multitud. Facebook no bastó para parar la violencia; Twitter no consiguió hacer razonar a los Guardianes de la Revolución que, callados, continúan ejercitando su poder con las fuentes petrolíferas de fondo, auténtica savia del régimen.

En junio de 2010, la Marcha Verdeya lo había intentado. En dos días 18 personas fueron ahorcadas. Ahora, pasará algún tiempo antes de volver a ver a los jóvenes en la plaza . Pero su rastro se sigue viendo en redes como Facebook o Youtube. En los últimos días, se han publicado videos en los que se explica cómo sortear la censura. Y ya comienzan a preparar la manifestación prevista para el próximo aniversario de las pasadas elecciones, los días doce y trece de junio.

Un movimiento dividido

 En Irán, todo acaba así. Cada vez que se presenta una ocasión para los movimientos populares, se produces detenciones y ejecuciones en cadena. Como en Egipto, Siria o Yemen. Pero en la casa de los persas, la revolución  se anunció, pero no se ha producido. Al contrario. La Marcha Verde se ha difuminado y hoy lucha por volver a las calles. ¿Por qué? Es culpa del bloqueo empresarial y militar y de la absoluta ausencia de un programa político unitario, de un líder oficial, se explican. La guerra está dentro del Movimiento Verde. Así lo confirma el periodista iraní Omid Habibinia: "En este momento hay muchas posiciones distintas entre los reformistas. Algunos quieren mantener el sistema político actual y otros pretenden reformarlo solo en parte, pero creo que la mayoría de la población no cree ya en la República Islámica. Estas diferencias y la brutal represión del Gobierno han llevado a la división del Movimiento Verde en fracciones". Después, agrega: "Pero incluso si aparentemente la Marcha Verde ha reducido su actividad política en las calles, en Irán han nacido muchas nuevas organizaciones y movimientos en los que se discute de política”.

Dos años después, la Revolución Verde aún tiene muchos retos por delanteDiscutir, discutir y discutir. Hay quien piensa en  poder reformar el sistema y quien quiere derrocarlo, derribarlo cuanto antes. Pero, al parecer, este no es el único problema que queda por resolver para que la protesta despegue. Es la composición misma del movimiento la que frena la revolución iraní. Solo lo forman jóvenes y universitarios; las masas populares y los trabajadores asalariados no están convencidos, al igual que los comerciantes de los grandes bazares de Teherán. Estos últimos disfrutan de un régimen fiscal muy beneficioso. Y ahí está la clave: el Estado no les reclama impuestos y se permite así dejar de ofrecerles derechos y poder de decisión. A la mitad de la población, un sistema así le satisface. En cambio, los jóvenes, los verdes, no buscan un cambio en el statu quo, sino la confirmación de esos derechos ‘occidentales’ que, al contrario que los egipcios, ya conocieron es su infancia.

La élite revolucionaria

El doce de junio de 2011, el Movimiento Verde volverá a desafiar al gobierno al grito de “¿¡Dónde está mi voto!?”. Lo harán para denunciar el fraude electoral. La censura, la pobreza, las desigualdades sociales y el papel minoritario y servil de la mujer son temas importantes, pero aún secundarios. Para triunfar este 12 de junio, los manifestantes tendrán que incluir esas reivindicaciones. Y hacerlo mejor de cómo lo han hecho en el pasado porque el reto que acometen esta vez es mucho más grande. La idea de Irán concebida y difundida a base de tweets por los jóvenes para el mundo es ahora un modelo. De hecho, es el modelo que ha inspirado la victoriosa revolución egipcia.

"El movimiento verde se basa en una élite y, hasta ahora, no ha terminado de incorporar a las clases más bajas"

Reconciliar democracia e Islam, tradición y modernindad, pasado y futuro. Estos son los retos. Para conseguirlos, los jóvenes deberán acercarse al proletariado. Así lo explica Farian Sabahi, profesor en la Universidad de Turín y periodista especializado: “El movimiento verde se basa en una élite y, hasta ahora, no ha terminado de incorporar a las clases más bajas. Los historiadores creen que fue esa precisamente la debilidad que tuvo el partido comunista Tudeh en los tiempos del Sha. Militábamos burgueses rebeldes e intelectuales de izquierda, pero no el proletariado urbano, con quienes se comunicaba mejor el ayatolá Jomeini”. Es fácil ver la diferencia. En la Plaza del Tahir, en El Cairo, estaba quien tenía hambre. En Irán, estaban aquellos que tienen un ordenador desde que nacieron, quienes comen buena carne y beben vino. Y precisamente ese el punto más importante. El éxito del movimiento verde, explica Sabahi, depende de su capacidad de implicar “a los sindicatos, que en estos meses han estado en el punto de mira de la autoridad”. Hace falta mantener la motivación de los manifestantes, estrechar los lazos con quienes trabajan dentro del sistema y mantener la atención internacional. Claro que esto último también depende de todos nosotros.

Foto Portada: (cc) Marcus Smith/flickr;  Free Iran (cc) Beverly & Pack/Flickr;  Where is my vote? (cc) Anthony  Posey/flickr; video cortesía de Youtube