¿Irán y Europa juntos de la mano hacia la bomba atómica?

Artículo publicado el 16 de Febrero de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 16 de Febrero de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Entre “el Gran Satán” y “el Estado granuja” el diálogo brilla por su ausencia. Europa prefiere adoptar una retórica simple e intenta negociar con la república islámica. ¿Quién acabará con la resistencia de los mulás?

”No hay que romper conversaciones con la República Islámica”, afirmaba a principios de noviembre de 2004 Javier Solana, Alto Representante para la política Exterior de la Unión Europea. Desde hace un año, la troika europea formada por Francia, Alemania y Reino Unido se esfuerza por mantener el diálogo con los dirigentes iraníes. Durante estos primeros meses de 2005, hay que aceptar que han empleado muchos esfuerzos a cambio de pocos resultados a largo plazo. Tras las dos últimas rondas negociadoras, en noviembre y diciembre de 2004, Irán ha aceptado suspender sus actividades de enriquecimiento de uranio –aunque no para siempre- y ha “facilitado” el acceso a los observadores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) a todos los lugares que deseen. Los mulás, por ahora, se las apañan bien. Este país aún no ha sido concernido por importantes sanciones comerciales a pesar de las pocas concesiones hechas a la diplomacia europea.

Un arsenal iraní subestimado

Por otro lado, nadie a parte de los propios mulás conoce la envergadura del arsenal iraní. Unos dirigentes que han logrado esconder durante dieciocho años la existencia de un programa nuclear pueden perfectamente seguir despistando al resto del mundo. Desde el descubrimiento en 2002 de un emplazamiento experimental de enriquecimiento de uranio en Natanz, así como de la construcción de un reactor en Arak, en la región de Ispahan en la que ya antes desarrollaban actividades ligadas al enriquecimiento de uranio, la AEIA denuncia el secretismo que rodea gran parte de las actividades nucleares iraníes. Los inspectores de la agencia atómica gozan en realidad de pocos medios para verificar las informaciones prestadas por las autoridades iraníes. La localización de las instalaciones militares iraníes se ha vuelto complicada. Después de los bombardeos efectuados por las fuerzas israelíes contra el reactor nuclear irakí Osirak en 1981, los iraníes han procedido a la dispersión de sus emplazamientos de desarrollo de armas nucleares por todo el país. Incluso algunas instalaciones nucleares han sido desplazadas hacia el subsuelo.

Sin medios concretos de presión

Según los Estados Unidos, Irán necesita aún tres años para poder fabricar una bomba atómica. La urgencia es real y ello explica sin duda el nerviosismo norteamericano ante las negociaciones a paso lento entre Europa e Irán. Dicho esto, ¿qué alternativa proponen los estadounidenses? Como subrayó –no falto de juicio- el responsable iraní de las actividades nucleares, Hassan Rohani, el pasado mes de diciembre, aunque Irán figure en el “eje del mal” invocado por Bush “no debemos olvidar que las sanciones más duras contra Irán siempre han venido del lado de los demócratas”. Durante su mandato, Bush nunca ha puesto en funcionamiento medidas concretas contra Irán, a pesar de su duro discurso. ¿Poseen realmente los EE UU los medios necesarios para amedrentar a los iraníes? Ni siquiera la llegada de Condolezza Rice a la secretaría de Estado lograría materializar la amenaza de una intervención contra Irán, y es que le será difícil a los norteamericanos planear una acción militar concreta contra dicho país al menos en lo que resta de año, debido al esfuerzo dedicado a Irak. Sólo queda la amenaza blandida muchas veces por Colin Powell durante su mandato como secretario de Estado consistente en elevar el caso de las actividades nucleares iraníes ante el Consejo de Seguridad de la ONU con el fin de que se adopten sanciones económicas y comerciales contra Irán. Por ahora, el juego de los europeos ha impedido que los norteamericanos ejecuten esta amenaza, y los mulás han sabido usar con destreza a los europeos como parapeto contra las intenciones de los EE UU.

Pero aunque el caso fuera llevado ante el Consejo de Seguridad, ¿qué podrían temer los iraníes? El portavoz del ministerio iraní de asuntos exteriores, Hamid Reza Asefi, declaró: “preferimos aclarar la cuestión dentro del marco de la AIEA, pero no nos preocupa acudir ante el Consejo de Seguridad de la ONU, ya que no supondría para nosotros el fin del mundo”. Irán posee un aliado de peso dentro del Consejo de Seguridad. Resulta que China se encuentra a punto de firmar un enorme acuerdo gasístico con la República Islámica. Aunque el gigante oriental escuche con atención las inquietudes de Washington y de Israel, parece poco probable que los chinos renuncien a un acuerdo energético inédito votando contra Irán en un eventual debate en el Consejo de Seguridad sobre el asunto nuclear.

Mientras los ayatolás sigan en el poder, Irán tratará de desarrollar una tecnología nuclear oficialmente para uso civil. La prensa del régimen publica de tanto en tanto frases como “nadie detendrá nuestro programa”, pues Irán se encuentra en su “derecho”. En ausencia de sanciones concretas aplicables al régimen, para descartar el peligro de utilización con fines militares de instalaciones nucleares será necesario parar a los ayatolás. En vez de buscar cada uno por su lado y a su manera la solución a esta crisis nuclear, la UE y los EE UU harían mejor en encontrar soluciones para ayudar al pueblo iraní a decidir por si miso, en democracia, si desean o no desarrollar la energía nuclear en su país sólo con fines civiles.