Irlanda : la vida en verde

Artículo publicado el 2 de Septiembre de 2013
Artículo publicado el 2 de Septiembre de 2013

Asocia el color verde e Irlanda y obtendrás fácilmente esas imágenes de San Patricio o de un shamrock, el trébol celta y símbolo nacional. Sin embargo, el color verde no te llevará a pensar en el compromiso con el medio ambiente del país. Esto es debido a que Irlanda va un poco por detrás en este aspecto. ¡Pero avanza a grandes pedaladas!

Bajo el sol vacilante de junio, los ciclistas con sus cascos y sus chalecos fluorescentes van sobre las calles mojadas de Dublín mientras los jóvenes en traje de neopreno saltan alegremente en el Liffey, el río que atraviesa la capital irlandesa. A simple vista, la ciudad recuerda a cualquier ciudad media europea. Limpia y acojedora. 

Dublín a cambiado para bien en 10 años. En la gran época de los años 90, el Tigre celta rugía en los motores de los miles de coches comprados con la euforia del crédito fácil. La ciudad estaba congestionada y los residuos de una sociedad de consumo nueva alimentaron los vertederos. Después llegó la recesión. Y con ella, nuevas preocupaciones. 

Cuando llegó a Dublín en 2003, la francesa Anne Bedos comprobó que era imposible hacerse con una bicicleta de oferta a un precio razonable. La ciudad estaba salpicada de motos abandonadas en favor de los bonitos coches de crédito. A través de su asociación Rothar ( que significa bicicleta en gaélico), Anne sale a buscar esas viejas bicicletas, con el consentimiento del Ayuntamiento, para devolverles a su lugar.

Diez años más tarde, Irlanda organiza su segundo National Bike Week, este sería un pequeño balance del progreso: el Ayuntamiento ha creado carriles bici y pintado marcas en las calles para los ciclistas, para evitar los accidentes y ha prohibido los camiones en el centro de la ciudad - aunque no para los impresionantes autobuses de dos plantas que circulan a tu izquierda. Instaurados en el año 2009, las Dublin Bikes ( bicicletas públicas ) son conocidas por ser el gran éxito de Europa. ¿El resultado? ¡Más del 68% de nuevos ciclistas en 10 años!

¡Todos en sillín!

La gran vuelta de la "pequeña reina" es un síntoma de lo que vive Irlanda hoy en día. Permite ganar dinero - los irlandeses son los europeos más endeudados- . La gasolina y los transportes públicos son caros. Y en segundo lugar permite reducir el efecto invernadero. Es un pequeño impulso para una Irlanda muy retrasada con sus compromisos de reducción de la emisión de carbono.

El Partido de los Verdes irlandeses puso en marcha, cuando estaba en coalición en el Gobierno en el año 2009, una iniciativa que ha contribuido en gran manera a animar a la gente a que cojan las dos ruedas: el Bike to work scheme, un dispositivo para "ir al trabajo en bicicleta". El acuerdo se hace con el empleador, que se compromete a reembolsar hasta 500 euros en la compra de una bicicleta para el commuting, los trayectos diarios entre el hogar y el trabajo. En Penny Farthing Cycles, en Camdem Street, el vendedor nos asegura sonriente que 2 de cada 3 bicicletas se compran gracias esta pequeña ventaja y que después de 4 años el entusiasmo sigue estando ahí. 

"Todas estas medidas contribuyen a normalizar el uso de las bicicletas, es verdad" recuerda Anne Bedos, "pero hay todavía mucho a hacer. Muchas cosas se hacen aún a un nivel local o por la voluntad de una persona, como las Dublin Bike, que surgen del antiguo alcalde de la ciudad, Andre Montague. Pero Irlanda echa de menos verdaderamente una visión global relacionada con la protección del medio ambiente". 

La influencia del exterior

Buen conocedor de la política en Irlanda desde hace 30 años, Demond O´Toole, miembro del consejo central del Partido Laborista, confirma que el medio ambiente no es una preocupación importante a nivel político: "La totalidad de medidas y de normas adoptas los últimos años no es una transposición de las directivas europeas. Y pasa también en otros terrenos, como el social" añade. 

Anne y Desmond reconocen que la sociedad irlandesa comienza a comprometerse ahora tímidamente en el combate de la ecología y la protección del medio ambiente y apoyado por una cierta influencia exterior. Los europeos que viven en Irlanda y que representan casi el 10% de la población, aportan en sus costumbres ciertas prácticas y también un cierto espíritu de empresa. 

Es el caso del belga Olivier van der Elst que vio en 2007 el potencial de crecimiento del mercado de las bicicletas eléctricas. Con su mujer irlandesa crearon la sociedad Green Aer, en un sector dónde estaba todo por hacer. Bajo una tienda de campaña en la península de Howth, esperan en este sábado lluvioso, la llegada de la carrera organizada para promover su gama de electric bike, de marcas alemanas u holandesas. 

"Los atascos de Dublín tienen una superficie reducida, el trayecto medio diario se sitúa entre los 12 y los 15 kilómetros. Es ideal tener una bicicleta eléctrica, puesto que con su sistema de asistencia, nos permite hacer un poco de ejercicio sin sudar. Es un medio de transporte amable", explica. Cuando le recordamos las lluvias como un freno a este mercado, se defiende, " ¡hay más días de lluvia en los Países Bajos que en Irlanda! No es un problema para la gente de aquí. Por contra, el viento, sí lo es. ¡ Donde hay la necesidad de un pequeño empujón eléctrico!". 

Una nación pragmática

Gordon, que acaba de hacer 18 kilómetros desde el centro de la ciudad, forma parte de los convencidos. Este jubilado irlandés instala regularmente su puesto delante de los edificios de oficinas para hacer promoción de su vehículo eléctrico de cuello blanco. Hace algunos años que él formaba parte de la gran mayoría de irlandeses que veían la ecología como algo para militantes. 

"Irlanda es más una nación de pragmáticos que de idealistas", analiza Desmond O´Toole. "Estamos muy atados a la riqueza de nuestra naturaleza. Pero los irlandeses a menudo razonan en términos de qué ventaja pueden obtener si hacen cualquier cosa. Así que si hay algo de dinero de por medio, no será la conciencia ecológica la que vaya a frenar las cosas". 

En otros términos, la ayuda no vendrá de los políticos. Pero gracias a que las mentalidades evolucionan, las prácticas se democratizan. La recesión oblgia también a hacer esfuerzos. La sociedad civil más abierta a las iniciativas exteriores toma poco a poco estas costumbres. La semilla está plantada, no hay más que esperar. 

Este artículo forma parte de una serie de informes mensuales que llevan en varias ciudades EUtopia on the Ground. Consulte la página para obtener más información acerca de nuestro deseo de "más Europa" desde Atenas a Varsovia. Este proyecto ha contado con el apoyo financiero de la Comisión Europea en el marco de una sociedad de gestión con el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Fundación Hippocrene y la Fundación Charles Léopold Mayer para el Progreso Humano.