Iryna Vidanava: “Las elecciones no serán libres”

Artículo publicado el 26 de Septiembre de 2008
Artículo publicado el 26 de Septiembre de 2008
Periodista de treinta años en Minsk, la bielorrusa ha visto cómo el régimen de Lukaschenko ha cerrado su periódico. Libertad de prensa, activismo político y escrutinio de septiembre… Todo bajo vigilancia policial

“No les hagas caso, y no pasará nada”, me dice Iryna Vidanava sobre uno de los dos policías que vigilan la entrada del hotel al plantarse delante de nosotros. Trata de tranquilizarme: “Es normal”. Me encuentro muy incómodo teniendo que hacer la entrevista bajo la atenta mirada de este hombre. Es en estos momentos cuando empiezo a entender por qué el Comité para la Protección de los Periodistas, una organización independiente sin ánimo de lucro que lucha por proteger a los periodistas en el libre ejercicio de su profesión, ha definido a Bielorrusia como uno de los países más peligrosos para la práctica del periodismo. Y es siempre en estos momentos cuando me hago la pregunta de saber por qué una mujer joven de treinta años, después de una larga experiencia en el extranjero, ha decidido enfrentarse al régimen de Lukaschenko, armada con una pluma.

Redacción clandestina

Ha pasado del formato común en papel a tener que distribuir su periódico en cedé, debido a la persecución del régimen; Iryna tiene un currículo que haría temblar a sus colegas más célebres. Licenciada por la Universidad John Hopkins, corresponsal para Radio Free Europe, activista presente en las manifestaciones delante de la embajada bielorrusa en los Estados Unidos, donde fue directora de la revista de pensamiento independiente Student Thought.

En la actualidad trabaja para un periódico distribuido en disco compacto, el CdMag. Iryna cuenta que su peor experiencia como periodista fue la clausura del periódico en su versión en papel por el Ministerio de Información, con la ayuda de los servicios secretos, sin que existiera ninguna razón legal para hacerlo. La coordinación de su periódico empezó a hacerla a distancia, desde los Estados Unidos y nada más volver a su país llegaron los problemas. “El año pasado [antes del cierre] tuvimos que cambiar de sede tres veces: cada vez que la policía nos encontraba teníamos que mudarnos de nuevo”. Oficialmente, el periódico fue cerrado por fraude fiscal. “Me enfrento a seis años de prisión, pero no tengo miedo, mi inocencia será probada. Además creo que es preferible ser ilegal. ¡Trabajar en la clandestinidad significa que tenemos menos coacciones del exterior!

“Un Estado ideológico se está imponiendo desde la escuela primaria hasta el instituto”

Iryna cuenta cómo el régimen de Lukaschenko trata de infiltrarse en todos los aspectos de la sociedad bielorrusa. “Un Estado ideológico” se está imponiendo desde la escuela primaria hasta el instituto”: los ministerios de cultura y educación intentan controlarlo todo, desde las radios que escuchamos hasta la forma de vestirnos. Según un sondeo realizado entre los estudiantes bielorrusos hace diez años, y que Iryna considera todavía de actualidad, el 56 por ciento de las personas encuestadas nunca han participado en una manifestación. Según la joven periodista, el activismo se encuentra hoy día en una zona de sombra: la gente no se opone, sin estar tampoco a favor. Esto “no significa que la gente sea políticamente pasiva. La contracultura existe y todavía goza de buena salud en Bielorrusia, donde percibo una explosión de creatividad”.

(I.V)

¿El camino hacia Europa ?

“Soy un poco escéptica sobre el tema de la marcha europea [manifestación que tuvo lugar en Minsk en octubre de 2007 para protestar contra el régimen de Lukaschenko y pedir un acercamiento a Europa], hasta el punto de que pensé no ir”, confiesa. “Después, comprendí que no podía ausentarme. En principio por el rol que había asumido. En segundo lugar, porque si todo el mundo pensara así la oposición al régimen estaría condenada a desaparecer”. Le pregunto si no plantea un riesgo para la gente el lanzarse a la calle para después no conseguir nada. “Hay riesgo, es por eso que no hay que abusar de tales iniciativas. La gente entiende que lo que pasó en Ucrania no tendrá lugar aquí; no habrá una revolución de la noche a la mañana. Aquí, hay que trabajar para hacer avanzar el país poco a poco.

Mientras continúa nuestra entrevista, grabada con un micrófono oculto entre las páginas de un periódico y siempre vigilados por las miradas de los policías que van y vienen hacia nuestro sofá, me presenta una idea de Europa muy de política-realidad. “Es nuestra única salida, no tenemos elección. ¿Qué pasaría si Bielorrusia continúa fuera? Desde luego, prefiero que la gente esté bien informada sobre la Unión Europea y lo que ésta representa. 

Cuanto más hablamos, más me cuesta retener la pregunta que me inquieta. ¿Por qué una mujer joven como ella, con un futuro asegurado y una experiencia francamente importante en un prestigioso instituto como el John Hopkins, pudo tomar la decisión de regresar a Bielorrusia y arriesgar su vida por combatir al régimen? “Me fui a los Estados Unidos con la idea bien clara de volver cuando quisiera. Y aún mantengo esta idea. No descarto volver en el futuro, pero yo soy Bielorrusa, es mi país y no podría estar fuera por mucho tiempo. Las jóvenes bielorrusas que eligieron irse al extranjero son numerosas. Los que, como ella, eligieron volver, quieren hacer cambios en el país. Pero ella retoma: “Incluso los que no piensan volver, siguen activos. Muchos continúan las protestas por Internet”.

Régimen policial

¿Y las próximas elecciones del mes de septiembre? Iryna cree que la bomba de julio pasado era un presagio [el viernes 4 de julio pasado una bomba explosionó en Minsk durante la celebración del día de la independencia]. “No se tocó a ningún jefe de la oposición, pero el régimen utilizó este triste acontecimiento para interrogar a personas inocentes (unas 70), incluidos activistas políticos. Les verdaderos culpables no fueron identificados, lo que es llamativo en un régimen policial. Parece bastante claro que las elecciones de septiembre no serán limpias, ni libres”, me dice antes de irse cruzándose valientemente con los dos policías que nos han vigilado durante nuestra entrevista secreta. Un temor me golpea mientras permanezco sentado, pensando en la forma de recuperar mi grabadora sin ser visto.