Islam/democracia: Te quiero y no te quiero.

Artículo publicado el 11 de Junio de 2003
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 11 de Junio de 2003

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Después de Stalin el Bolchevique, es Bin Laden el Islamista el que ha llegado con el cuchillo entre los dientes. Ha llegado la hora de retorcerle el pescuezo a los miedos más irracionales.

Son numerosos los europeos que blanden el fantasma del islamismo para pregonar su rechazo a una civilización que juzgan extraña a los valores de Occidente. En la lista de los prejuicios normalmente atribuidos al mundo musulmán, figura el de la incompatibilidad del Islam con el pluralismo político, el de su rechazo a la separación entre lo religioso y lo político o incluso el de su incapacidad más absoluta para la democracia. Desde el instante en que se abordan cuestiones sobre valores y creencias, las reacciones bordean frecuentemente lo irracional. Es como si ante nuestros ojos se erigiera un muro cada vez más estanco entre una Europa garante de los derechos humanos y de la democracia, y un mundo árabe musulmán condenado o bien a la dictadura laica, o bien a la democracia islámica. En el ámbito de la tradición culturalista estrenada por Samuel Huntington y su choque de civilizaciones, el Islam vendría a ser incompatible con la democracia.

« La democracia es el Islam »

Los primeros argumentos acerca de la incompatibilidad entre Islam y democracia descansan en la idea de que el Islam no reconoce el pluralismo. Entre los pensadores islamistas se encuentra efectivamente un grupo antidemócrata que rechaza el pluralismo en tanto enemigo de la unidad estructural de la comunidad musulmana (umma), viendose materializada esta unidad en el consenso de sus Ulemas (doctores del Islam) y la superioridad de la ley divina. No obstante, otro grupo afirma la existencia de una distinción fundamental entre las esferas política y religiosa. Es el caso por ejemplo de los Hermanos Musulmanes, de entre los cuales Rachet Ghanouchi llegó a escribir : « No digáis más que la democracia es ajena a nuestra cultura. Estáis equivocados, la democracia es el Islam. Las libertades no pueden representar un peligro para el Islam, pues ellas son su esencia. » Los siguientes versículos del Corán se citan con asiduidad para apoyar este punto de vista : « Escucha, Ser Humano. Te hemos creado a partir de un hombre y una mujer. Te hemos constituido en grupos y tribus para que os conozcáis los unos a los otros. » Estos versículos muestran que la deidad musulmana reconoce sin problemas el pluralismo e insiste en la necesidad del diálogo entre los pueblos. El derecho a « la oposición objetiva » se encuentra igualmente reconocido por la Sharia, es decir por el cuerpo de normas religiosas del Islam. Por este motivo el califa Abú Bakr pidió ser ayudado cuando se encontrara en el buen camino así como ser corregido cuando anduviera por el malo. De modo que es falso afirmar que el Islam es incompatible con el pluralismo. La unidad estructural de la comunidad es por otro lado sólo una idea espiritual ya que las sociedades árabes están organizadas en torno a los llamados Asabyats, comunidades de muy reducido tamaño.

Sharia contra « vox populi »

La relación del Islam con el mundo secular plantea igualmente un problema. ¿Está capacitado el Islam, basado en la Ley Divina, para reconocer a los grupos que no la respetan? En este sentido vemos declarar al líder del Frente Islámico de Salvación (FIS), Abbassi Madani, que no reconocerá las decisiones de la mayoría a menos que se ajusten a la Sharia. « El enemigo del Islam es el enemigo del pueblo. » Con todo ello, a pesar de que la experiencia nos haya demostrado la extrema intolerancia que hacia los movimientos laicos han tenido los movimientos políticos islámicos, los países musulmanes nunca se han visto bajo el control directo de una institución religiosa. Jamás un fâqîh (el especialista de la Ley) ha estado en el poder, ni los Califas Omeyas y Abasidas, ni los manlûks (jefes de la guerra), o los sultanes otomanos han sido jamás fâqîhs. Es más, las democracias occidentales no están exentas de referencias religiosas. Las constituciones alemana, británica y norteamericana (« In God, we trust ») contienen referencias al cristianismo. ¿ Y qué decir de las constituciones suiza y noruega, que prohiben a los no cristianos ocupar la magistratura suprema ? Todas las democracias admiten ciertos principios como intangibles, incluso la Francia laica. O la constitución alemana cuando expresa que ningún derecho será garantizado al ciudadano que no reconozca explícitamente sus principios…

Cuando Occidente se burla de la democracia

Hay que tener en cuenta además la psicología de la mayoría de los países árabes que dicen rechazar la democracia en tanto imposición de los valores imperialistas nacidos de Occidente. La relación del Islam con Occidente se halla sobradamente poblada de conflictos identitarios. Los países musulmanes identifican en efecto los valores de Occidente con las potencias dominadoras que las han importado estableciendo una dominación sobre sus países. El uso restrictivo de la democracia en estos países ha contribuido asimismo a desacreditarla. Un importante número de líderes islamistas sufrió la represión de las democracias que sin embargo aseguraban reconocer la libertad de pensamiento. Francia, por ejemplo, ha apoyado constantemente y etiquetado como democráticos a gobiernos totalitarios en la realidad, que oprimían a los movimientos religiosos. Además, la defensa de los valores democráticos ha sido siempre utilizada por parte de las grandes potencias para intervenir en los países de Oriente Próximo por motivos que nada tenían que ver. En esta línea intervino G. Bush padre en Irak en 1991 para « restablecer la democracia ». Quién sabe si una diplomacia menos esquizofrénica pudiera reducir el tan temible choque de culturas…

Los ambiguos lazos entre los islamistas progresistas y los revolucionarios suscitan dudas, es cierto, acerca de la sincera voluntad por parte de los demócratas islamistas de respetar los valores democráticos una vez en el poder. Algunos analistas apuntan que el compromiso de los islamistas moderados con las reglas del juego democrático no responde sino a una estrategia de poder – resultaría una campaña menos costosa que la militar – y no a una adhesión profunda a sus valores. El gran pensador Sayyid Qutba sostiene así la existencia de ciertos vínculos entre determinados grupos islamistas moderados y otros grupos revolucionarios en la clandestinidad, estos últimos trabajando en la preparación de una revolución armada en el caso de que fracasaran los primeros. Los Hermanos Musulmanes han colaborado con la organización secreta « al-jihaz al-khass » y se ha detectado el mismo tipo de relaciones en Túnez durante los años 80’ y 90’. Aún existiendo este peligro no basta sin embargo para confirmar la incompatibilidad del Islam y la democracia.