Islandia: Piratas, ¡al timón!

Artículo publicado el 21 de Abril de 2016
Artículo publicado el 21 de Abril de 2016

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

En Islandia, el Partido Pirata lidera cómodamente las elecciones nacionales luego de que la filtración de los papeles de Panamá diera a conocer las cuentas offshore del ex primer ministro Sigmundur Davíð Gunnlaugsson. Informe de un país listo para amotinarse.

El Partido Pirata islandés desconfía de los políticos en general. Esta entidad en contra del sistema y que en sus orígenes era una plataforma destinada a la libertad de información, hoy en día,  lidera las elecciones generales luego de que el ex primer ministro demitiera debido al escándalo de los papeles de Panamá.

Información reciente indica que, en la actualidad, el partido obtendría cerca del 43 % de los votos. Es más, antes del escándalo, una encuesta llevada a cabo el 11 de marzo dio a conocer que los Piratas gozaron el año pasado de un promedio del 38 % , manteniéndose así en la primera posición. Por consiguiente, si Islandia celebrara sus elecciones hoy, no podría formarse ninguna coalición mayoritaria sin la participación pirata.

«La gente siente que luchamos por cambios que reformen el sistema, no cambios menores que puedan revertirse fácilmente», asegura el partido en su sitio web.

Con Birgitta Jónsdóttir, exactivista de WikiLeaks, como su presidenta, el grupo no quiere ser tildado ni de izquierda ni de derecha: «nosotros nos consideramos hackers, por así decirlo, de nuestros sistemas de gobierno actuales desactualizados»

«No podrán resistir por mucho tiempo más»

El partido sostiene que la falta de transparencia política fue lo que le permitió al ahora ex primer ministro Sigmundur Davíð Gunnlaugsson y a otros dos importantes funcionarios llevar a cabo actividades bancarias cuestionables desde lo ética. A juzgar por las protestas que han tenido lugar en la capital de Reykjavík, el pueblo comparte esa opinión.

A grosso modo, 23.000 personas —cerca del 10 % de los habitantes islandeses habilitados para votar— han concurrido a las marchas, convocados casi en su totalidad a través de las redes sociales. La página de Facebook Jæja funciona como una plataforma online que informa a los participantes sobre futuras protestas.

Uno de los administradores de esta página, Sara Oskarsson, es una artista y afiliada al Partido Pirata, aunque ella prefiere identificarse como una ciudadana «muy preocupada y enojada». «Jæja no representa a ninguna organización o movimiento salvo a sí misma», explica. «Es una plataforma para que la voz del pueblo sea escuchada».

Al parecer, la opinión pública no está muy a favor del accionar de la clase dirigente. De hecho, incluso los periódicos locales predicen que tanto al gobierno actual como a los ministros supuestamente involucrados en el escándalo les esperan tiempos muy difíciles.

«No podrán resistir por mucho tiempo», asegura Paul Fontaine, editor de noticias de la revista islandesa Reykjavík Grapevine. «En tanto la oposición siga ejerciendo presión, las protestas continuarán y el disentimiento crecerá dentro de sus propias filas».

El periodista estadounidense agrega que, después de dos coaliciones que incluyen a cuatro partidos diferentes, «el pueblo ve a los Piratas como una excepción a la regla». Fontaine cree que las políticas de los Piratas, las cuales se basan en una democracia directa y de mayor transparencia, resultan «muy atractivas al un pueblo cansado de la corrupción».

Valgerður Björk Pálsdóttir, Secretaria General del partido Futuro Brillante, comparte esta visión: «lo único que quiere el pueblo es una política sin corrupción y funcionarios honestos que se comporten de acuerdo a lo que predican». Asimismo, admite que es posible que el electorado vea a los Piratas como «una bocanada de aire fresco, algo muy distinto del gobierno actual», pero tiene la esperanza de que la gente también se preste a escuchar a Futuro Brillante.

Una constitución por y para el pueblo

La diferencia entre el Partido Pirata islandés y movimientos similares en otras partes del mundo es que tiene un mayor apoyo electoral y un plan sobre economía y gobernanza más amplia. Por ello, el que los Piratas gobiernen Islandia no es una idea tan descabellada.

El partido argumenta que hay que escuchar al pueblo y «presionar para tener nuevas elecciones tan pronto como sea posible». También resalta la necesidad de adoptar una nueva constitución, por considerar que la actual es «completamente confusa» en temas cruciales.

En 2013, el país estuvo cerca de convertir en ley el proyecto de una «constitución más participativa». En una reunión que duró un día, se les pidió a los ciudadanos que enumeraran los principios que quisieran ver en las nuevas propuestas. Luego, los participantes tuvieron la oportunidad de opinar sobre el contenido de los documentos a través de Facebook, Twitter, correos electrónicos y cartas. En total, se obtuvieron alrededor de 3.600 comentarios sobre un total de 360 sugerencias.

A pesar de que la propuesta fue aprobada en un referendo de octubre de 2012, el Parlamento la «cajoneó», lo que despertó la disconformidad popular. «Podría decirse que el gobierno actual la ‘tiene como rehén’ y ha saboteado el proceso para que entre en vigor», explica Oskarsson.

El ascenso y la caída de Sigmundur Davið Gunnlaugsson

Los Piratas tendría que haber esperado un año más hasta que finalizara el mandato del gobierno actual, pero la participación de Gunnlaugsson en los papeles de Panamá lo cambió todo.

En 2013, Gunnlaugsson parecía tener todo bajo control. Además de ser el primer ministro más joven en la historia de Islandia, era famoso por no ceder ante el sistema bancario nacional después de la crisis financiera mundial de 2008. Sin embargo, su popularidad había declinado en el último tiempo y su participación en el escándalo de los papeles de Panamá fue la gota que colmó el vaso.

Según la filtración de información, en 2007, Gunnlaugsson y su esposa, Anna Sigurlaug Pálsdóttir, establecieron una sociedad en las Islas Vírgenes Británicas para depositar su herencia y bonos emitidos por tres de bancos islandeses. Al asumir como parlamentario en 2009, vendió sus acciones a su esposa por la suma de un millón de dólares estadounidenses, pero no declaró la existencia de su sociedad en los registros tributarios.

El público considera que estos bonos son un conflicto de interés ya que podría decirse que, por consiguiente, los bancos manejaban al gobierno de Islandia. Frente a las propuestas masivas, Gunnlaugsson presentó su renuncia y propuso como nuevo primer ministro a Sigurður Ingi Johannsson, exministro de Pesca y Agricultura.

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El presente artículo fue publicado por nuestro equipo local en cafébabel Aarhus.