Italia de nuevo en crisis

Artículo publicado el 2 de Abril de 2008
Artículo publicado el 2 de Abril de 2008
“Il Professore” destituido. “Il Cavaliere” será promocionado?

Por Véronique Strobel et Guillaume Delmotte Traduccion: Rebeca Santamarta

En una escena de La Familia d´Ettore Scola, que se desarrolla poco después de la Segunda Guerra Mundial, el personaje interpretado por Vittorio Gassmann, un universitario romano próximo al Partido de Acción )un pequeño partido inspirado por el socialismo liberal de Carlo Rosselli) reacciona violentamente a lo que Philippe Noiret compone, un francés, reprochándole su condescencia cuando se permite juzgar sobre la vida política italiana. En esta animada conversación, se entiende bien otra escena que se interpreta: el francés acompaña a la que siempre ha amado, una música encarnada por la sublime Fanny Ardant, de paso por Italia para una serie de conciertos que tiene que hacer. La nueva crisis política que vive Italia, seguida de la caída del gobierno de Romano Prodi (69 años), podría llevar a hacer comentarios sarcásticos por parte de otros europeos y, concretamente, de los franceses, descubriendo la inestabilidad crónica que sufre su sistema político y que vendría del temperamento latino de nuestros vecinos transalpinos.

Dejando de un lado los clichés que circulan sobre Italia, es un hecho del que se desesperan los propios italianos: su país permanece ingobernable, lo que provoca el desafío creciente vis-a-vis de la clase política y de las instituciones, conduciendo a movimientos de opinión calificados a veces de “anti-políticos”, como el iniciado por Beppe Gillo, el “Coluche” italiano. No obstante, hay también en Italia una corriente profundamente cívica como la encarnada hace algunos años por el cineasta Nanni Moretti y que intenta apropiarse de la cosa pública. La repetición de estas crisis y de estos fracasos del centro izquierda es sorprendente: en 1996, la coalición de “L´Ulivo” gana las elecciones legislativas después de dos años de gobierno de Berlusconi. Dos años más tarde, R. Prodi fue obligado a dimitir a continuación de la salida de sus aliados del partido de la Refundación comunista. En 2006, el centro izquierda, en el cuadro de una coalición ampliada (L´Unione”) llevada de nuevo por R. Prodi, consigue, con corta ventaja, ganar las elecciones legislativas contra Silvio Berlusconi, que ocupaba el Palacio Chigi desde hacía cinco años y que, por otra parte, puso en duda el resultado. En 2008, menos de dos años después, son, esta vez, los centristas católicos, los que hacen caer a “Il Professore”. En estos últimos años, el gobierno no ha podido llevar a buen puerto la totalidad de las reformas que constituían su programa y esto se debe esencialmente a las divisiones en la mayoría. ¿Qué balance podemos hacer de estos dos últimos años? Como destaca Marc Lazar, profesor de Ciencias Políticas, “Italia a reencontrado una credibilidad internacional y europea. Se han saneado las finanzas, se ha promovido la liberación de ciertos sectores ha sido lanzada y se han llevado a cabo políticas de apoyo a los más desfavorecidos. Pero los electores del centro-izquierda están muy decepcionados. Nada se ha hecho en la enseñanza superior y la formación de excelencia, cuando se había establecido como prioridad. La ley sobre los conflictos de intereses, estancada desde hace años, no ha sido votada. El centro-izquierda no ha osado enfrentarse al Vaticano y lo intenta cada vez menos, sobre todo en cuestiones de sociedad. La laicidad divide profundamente al partido democrático. Asistimos a una derrota muy grave del centro-izquierda”. (Libération, 25 de enero de 2008). Después de este nuevo fracaso, el reto de los debates actuales es hoy la reforma de la ley electoral. En 2005, Silvio Berlusconi instituyó el sistema de la proporción integral. Hoy hay 34 partidos representados en la Cámara de Diputados. La coalición que sostenía el gobierno de Romano Prodi contaba con 13 y reagrupaba los movimientos más dispares, desde los altermundialisatas a los demócratas-cristianos, pasando por los neocomunistas, los socialistas-demócratas, los liberales reformistas o incluso los republicanos laicos. A fin de satisfacer las exigencias de cada uno, este gobierno no contaba con menos de 103 ministros y secretarios de Estado. El escenario es, entonces, el siguiente: fragmentación del panorama político, coalición heteróclita, gobierno pletórico. Los actores políticos italianos intentan desde hace poco, a derecha e izquierda, modificar este estado de hecho constituyendo grandes fuerzas políticas con vocación mayoritaria con el objetivo de estabilizar el sistema. Es el caso notable del centro-izquierda con la creación del Partido Demócrata o también las declaraciones de Berlusconi sobre su intención de fundar un nuevo partido de derechas.

Esta crisis política se da en un contexto económico difícil. Desde hace ahora varios años, la economía italiana parece de hecho estar en punto muerto, poniendo a mal a todo el país y a sus habitantes. Con una productividad en la barrera del cero y salarios que no han crecido en siete años, descubrir que España tiene, por primera vez desde su entrada en la Unión Europea, una renta per cápita más elevada que la Península italiana no sorprende tanto. Con un gobierno más inestable que nunca, las empresas se ven obligadas a bloquear sus proyectos, no sabiendo todavía si la política económica futura será la de Berlusconi o no, en todo caso bien diferente de las reformas deseadas por Romano Prodi. Sin olvidar el abismo entre Norte y Sur que muestra una economía bastante floreciente en el Norte en oposición total con el alto índice de paro que se encuentra en el Sur, y los no menos inquietantes problemas de Nápoles y de la Campania donde los desechos cubren las calles desde hace varias semanas… Una situación a al que la mafia napolitana, la Camorra, no parece ser ajena. Una economía italiana en mala salud que se aleja cada vez más del pais que estuvo en los fundamentos de la Unión Europea. Dos escenarios son ahora evocados. Bien la puesta en marcha de un gobierno de transición que lleve a buen puerto una reforma de la ley electoral, que es la opción deseada por el Presidente de la República, Giorgio Napolitano (83 años), que acaba de nombrar con este objetivo al Presidente del Senado, Franco Marini (74 años). O bien la convocatoria de elecciones anticipadas que podrían volver a dar la mayoría a la derecha y a su líder Silvio Berlusconi. La segunda hipótesis parece la más probable, tanto por la presión fuerte de la derecha como por la posición débil del centro-izquierda. En el fondo lo que parece como el colmo de esta situación es que sea Silvio Berlusconi, a pesar de su balance como jefe de Gobierno, a pesar de su edad (72 años), que aparezca como el único recurso, aunque la derecha tiene también sus divisiones, entre los regionalistas de la Liga del Norte y los postfascistas de la Alianza Nacional. Walter Veltroni, líder del Partído Demócrata, no parece tampoco adecuado para tomar el relevo de Romano Prodi en el centro-izquierda.

Las lecciones de la crisis italiana

¿Qué lección se puede sacar en Francia y particularmente en la izquierda? En el Partido Socialista, se pone en cuestión tanto la línea política de ”L´Unione” y especialmente la elección de gobernar con el centro, que sería la razón del fracaso electoral, como la ley electoral en vigor en Italia que perpetúa la “partidocracia” que ha marcado toda la historia de la República Italiana desde sus comienzos. La experiencia de “l´Unione” en el poder muestra que si no bastaba más que una coalición de centro izquierda, forzada por el sistema de escrutinio, no podía haber un solo trazo de unión antiberlusconi. La iniciativa de la creación del Partido Demócrata, que reúne a los demócratas de izquierda y a los centristas de la “margherita” tiene como objetivo precisamente estabilizar el juego político ofreciendo un punto de anclaje en el centro-izquierda. Del mismo modo, es probable que el anti-sarkozysmo no baste para unir a todos los oponentes de Nicolas Sarkozy, desde Oliver Besancenot a François Bayrou. Pero, en Francia, el modo de escrutinio mayoritario, no obliga a estos partidos a entenderse. Es la gran diferencia con Italia donde un cambio de ley electoral es más que deseable a fin de ver las mayorías claras, teniendo como vocación ejercer el poder a largo plazo.

(Photo: Flickr/naman5)