Italia, en el punto de mira de la inmigración clandestina

Artículo publicado el 28 de Febrero de 2006
Artículo publicado el 28 de Febrero de 2006

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Los 7.600 km de costa italiana representan por desgracia la puerta de entrada para la inmigración clandestina en dirección al espacio Schengen, por delante incluso de las fronteras de Ceuta y Melilla.

Desde que en 1997 Italia aplicara el tratado de Schengen, sus 7.600 kilómetros de costa se han convertido oficialmente en un problema europeo. Con la supresión de los controles de paso a personas entre las fronteras de los 15 países que acordaron el espacio Schengen, un clandestino que llega a las costas sicilianas no desembarca solamente en Italia, sino en toda Europa.

La presión se desplaza entre España e Italia

Al menos sobre el papel, puesto que siendo una realidad la existencia de un espacio Schengen, la coordinación de las políticas de inmigración en Europa deja hoy en día aún mucho que desear. Según los servicios italianos de inmigración, el giro de tuerca llevado a cabo por el gobierno socialista de José Luís Rodríguez Zapatero en materia de control fronterizo en Ceuta y Melilla habría provocado un incremento en el número de pateras que desembarcan en el sur de Italia, puesto que la presión se habría transferido de Marruecos a Libia. Las cifras así lo cuentan. Si por un lado, según las informaciones del ministerio español del interior, "los esfuerzos de la policía en 2005 han permitido incrementar en un 35% el número de inmigrantes rechazados en las fronteras" -provocando entre otras cosas 11 muertos en Melilla-, por otro lado, en Roma la historia es bien distinta. Los desembarcos clandestinos provenientes de África del Norte han crecido un 67,9% (en términos absolutos, de 13.594 a 22.824 personas) entre 2004 y 2005. Sobre estos, de todos los clandestinos que llegaron a suelo italiano durante 2005, casi uno de cada tres -un 32,4%- provenía de Marruecos. Una cifra que en 2004 no llegaba apenas al 2,4%

Margen libio, diplomacia europea

Para esta situación de emergencia, Italia responde buscando, por un lado la cooperación con el régimen libio del coronel Gadafi, y por otro, una orilla en la Unión Europea. Si, entre 2003 hasta y 2005 el régimen de Muhamar Al-Gadafi ha aceptado la repatriación de 7.737 clandestinos llegados a Italia, Roma ha conseguido también que la Comisión Europea financie con más de 1,5 millones de euros el programa Across Sahara: un proyecto entre Italia, Libia y Níger para el fomento del control de las fronteras y la lucha contra la inmigración clandestina. Aún hay más: en diciembre pasado, el Consejo Europeo decidió organizar una serie de encuentros UE-África sobre inmigración en el mediterráneo. Dos son las iniciativas que enmarcan estos encuentros; por un lado una conferencia entre ministros europeos y africanos que se llevará a cabo en 2006 en Marruecos, y por otro una conferencia sobre migración y desarrollo que se desarrollará en Bruselas en marzo. A todo esto, se añade el sistema Iconet, una red interna para intercambiar información entre los distintos Estados miembro sobre los flujos migratorios clandestinos.

Algo más que Mediterráneo

Dicho esto, al emergente problema inmigratorio italiano aún le quedan muchos flancos por combatir. Al país de la bota se le acusa además por parte del resto de países de la Unión Europea de ser incapaz de gestionar el "problema" de la inmigración ilegal de un modo eficaz y riguroso. El diciembre pasado, el Ministro del Interior francés Nicolás Sarkozy ya señaló a Italia por su desidia en el control de las costas sicilianas. Acusación que según Christopher Hein –un alemán que lidera el Consejo Italiano para los Refugiados– huele a "desgraciada propaganda política que no tiene en cuenta el hecho de que la mayor parte de los inmigrantes irregulares en Italia no provienen del mediterráneo, sino de Francia o Austria, siendo además los más asentados en el país", extranjeros que entran legalmente en el país pero que posteriormente no renuevan sus permisos de residencia.

A la vuelta de las próximas elecciones legislativas del próximo 9 de abril, dos posturas se contraponen. Por un lado, la coalición de centro-derecha intenta afianzarse a través de una política de acuerdos bilaterales con los países de origen o tránsito de los inmigrantes y a través de sus medidas anti-terroristas que buscan agilización en los trámites de expulsión de irregulares. Por otro lado, el centro-izquierda ha propuesto en su programa una serie de medidas que según Hein "buscan superar el concepto del 'trabajador huésped' e incluyen la participación en política de los inmigrantes a través de las elecciones administrativas, la superación de las cuotas fijas de inmigrantes y una ley orgánica sobre el derecho de asilo".