Italia: ¿indulto culpable?

Artículo publicado el 30 de Mayo de 2007
Artículo publicado el 30 de Mayo de 2007

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Italia ha excarcelado a más de 26.000 presos para hacer frente a la aglomeración que sufren las instituciones penitenciarias. Sin embargo, la criminalidad sigue en aumento.

En Italia, 26.000 presos han sido excarcelados en los últimos meses gracias a los indultos previstos en la ley 241 de 31 de julio de 2006. Se trata de una medida de amnistía generalizada que ha otorgado reducciones penales de hasta tres años para algunos delitos cometidos antes del 2 de mayo de 2006. Entre ellos, los de homicidio, robo, lesiones personales y la compra de votos. Se excluyen los delitos de terrorismo, prostitución de menores, violencia de género, usura y tráfico de drogas. En un principio estaba previsto realizar unas 12.000 excarcelaciones anticipadas, pero con el paso de los meses las cifras se han duplicado. El pequeño éxodo de la población carcelaria ha permitido a las instituciones penitenciadas lanzar un pequeño –aunque fugaz- respiro de consuelo. De hecho, su situación en junio de 2006 era más bien grave: sesenta mil presos para una capacidad estándar de 45.000 personas.

Los italianos tienen miedo

Algunas de estas excarcelaciones han suscitado la polémica en todo el país. Basta pensar en los componentes de la célula de Al Qaeda en Gallarate, Lombardia, que planificaba atentados en toda Europa, o a la reducción de la pena del topógrafo de Foligno que había sido condenado por el homicidio de dos niños de 4 y 13 años. Incluso se ha discutido por los homicidios cometidos por antiguos presos indultados. Hay que recordar lo que le sucedió a Antonio Pizza, un comerciante de 28 años asesinado mientras intentaba impedir el robo de su coche por parte de un criminal liberado pocas semanas antes.

El presidente de la República, Giorgio Napolitano, intentó calmar los ánimos durante una visita a la cárcel romana de Revivia el pasado 8 de mayo citando datos del Departamento de Administración Penitenciaria, según los cuales sólo el 12% de los indultados reincidieron en sus crímenes en los primeros seis meses desde que se puso en marcha la medida, frente a las tasas de reincidencia habitual del 68%. Sin embargo, el director general de la Seguridad Pública, Giovanni de Genero, presentó los resultados de una investigación destinada a conocer la eficiencia de la seguridad italiana relativa al periodo agosto-octubre de 2006, que aseguraba que los atracos y los robos habían aumentado de modo vertiginoso después de implantarse los indultos. Otro informe, esta vez de la asociación Antigone, defensora de los derechos en el sistema penitenciario, revela que se ha pasado de 39.000 a 42.000 detenciones. Además, en muchas cárceles la asistencia sanitaria es insuficiente y el 50% de los presos utiliza psicofármacos.

“La gente está perdiendo la confianza en la justicia”

E.B, inspector jefe de la Policía de Milán, declara que los indultos no han respondido de manera adecuada al problema de la masificación de las cárceles y que tras la aplicación de la medida han aumentado los peligros y la inseguridad ciudadana. “Las excarcelaciones –afirma- se han concedido según los requisitos formales, sin un acercamiento real a la peligrosidad social del sujeto”. El inspector sostiene que es “más que probable un aumento de la microcriminalidad, pues no se ha activado ningún programa de reinserción social. Por experiencia puedo afirmar que aquellos que por lo general cumplen condena por robos y raptos son difícilmente recuperables. Algunos salen de las cárceles sin tener un trabajo o una casa: la ilegalidad es su único medio de supervivencia”. Y prosigue: “Los datos han sido manipulados por los políticos, pues son susceptibles de interpretaciones parciales o distorsionadas. No nos dejemos engañar por los porcentajes de los indultados que regresan a prisión. Lo que importa es el aumento de las denuncias depositadas en los tribunales”. Según S.M, teniente del cuerpo de los Carabineri, “con el indulto ha aumentado la desconfianza de los ciudadanos en lo que concierne al sistema jurídico, farragoso y lleno de triquiñuelas: incluso nosotros nos encontramos a menudo con las manos atadas. Muchas veces a las víctimas sólo les queda resignarse o recurrir a la justicia privada”.