Italia y las tarjetas de débito: «si tienes dinero, más vale que sea en billetes»

Artículo publicado el 21 de Abril de 2016
Artículo publicado el 21 de Abril de 2016

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Desde 2011, la iniciativa del «Día sin efectivo» ha instado a los ciudadanos de Italia a deshacerse de las monedas y pagar con plástico. Claro que, en un país que tristemente recela de los pagos electrónicos, cabe el interrogante de si es posible vivir teniendo tarjeta.

«Prepárate para comer muchísimo, jamás confiar en los horarios de los autobuses y siempre llevar dinero en efectivo», esos fueron los tres consejos que me dieron mis amigos antes de mudarme a Italia. En un abrir y cerrar de ojos, ya me había acostumbrado a la deliciosa dieta italiana. También descubrí que podía reemplazar las largas esperas en la parada de autobuses por una caminata rápida y que eso me ayudaba a compensar todas esas calorías ingeridas. Y, a pesar de todo, hasta el día de hoy no me acostumbro a la «cultura del efectivo».

Participando en el «Día sin efectivo» con mi tarjeta

El que las tiendas y restaurantes no ofrezcan la opción de pago con tarjeta es una costumbre italiana que me produce dolores de cabeza cada vez que me doy cuenta, luego de pedir un café en un bar, de que no llevo efectivo en la billetera. Esta lenta adopción del pago electrónico tiene complejas raíces culturales —siendo una de ellas la falta de confianza en el dinero «virtual».

«Si tienes dinero, más vale que sea en billetes», me dijo un hombre mayor hace una semana en una pequeña tabaccheria de San Giovanni, en Roma. La vendedora se había negado a venderme goma de mascar al ver que yo sacaba una tarjeta de mi billetera. El señor me mostró un pagaré por cinco euros mientras señalaba la cajetilla de cigarrillos que quería comprar. «Así de simple», agregó mientras se iba a otra tienda.

Aquél día, dejé a propósito mi efectivo en casa para probar mi suerte y ver si podía sobrevivir en la ciudad con tan solo una tarjeta. Lo que me inspiró esta aventura fue el Día sin efectivo, una iniciativa italiana que comenzó en 2011 a fin de generar conciencia sobre los aspectos positivos de las operaciones electrónicas —este año es el 5 de abril. Su propósito es derribar los obstáculos hacia los pagos «sin billete» en el país

Mi experimento incluyó visitas a supermercados y pequeños negocios llevando a cabo compras de entre dos a diez euros. En casi todos los lugares, los vendedores me miraron con sorpresa al ver mi tarjeta —a pesar de que había cajeros automáticos junto a los mostradores. En el caso de los supermercados, al principio parecían recibir sin problemas a los usuarios de tarjetas, pero cuando le pregunté a una joven empleada de un almacén de Esquilino si podía pagar con tarjeta, me respondió que debía gastar al menos cincuenta euros.

Ya en la estación de trenes Termini, lista para comprar un boleto a Perugia —iba asistir al Festival Internacional de Periodismo— vi una expendedora de boletos automática y me sentí tan contenta que, de la alegría, me abalancé sobre ella. Sin embargo, hasta el hotel en el que me hospedaba durante mi estadía me envió una confirmación por email con el descargo de responsabilidad: «únicamente pago en efectivo».

«Creo que es una cuestión de confianza»

Según estudios, los italianos usan efectivo en más del 89 % de todas las transacciones, mientras que el promedio en la UE es del 60 %. Daniela, una arquitecta romana, piensa que el efectivo es más seguro para comprar en pequeños negocios o mercados: «Pero cuando compro algo en una tienda que ya conozco, prefiero pagarlo con tarjeta» y explica: «Creo que es una cuestión de confianza».

El cineasta Fabio de Teramo abona con tarjeta sus compras online y su inscripción en los festivales de cine— pero solo porque no tiene otra opción de pago: «siempre uso efectivo cuando compro en una tienda o ceno en un restaurante. Lo considero el método de pago más seguro porque es una transacción directa. No hay posibilidad de que terceros accedan a tu información personal durante el proceso».

Además de la poca confianza en las operaciones electrónicas, otra razón por la que se prefieren las compras en efectivo es por la alta tasa de cargos adicionales. Según los comerciantes, los bancos les cobran hasta un 2 % de cargo por las operaciones con tarjeta de crédito, un gasto que no pueden permitirse.

Alfredo, empresario de Roma, cuenta una anécdota de la vez que intentó comprar algunos dulces. No llevaba efectivo y el vendedor no tenía una máquina para procesar pagos con tarjeta, así que tuvo que caminar 10 minutos hasta el cajero automático más cercano para poder comprar su dosis diaria de azúcar. «Hubiera sido más fácil si yo hubiera podido pagar con tarjeta», se lamenta, «pero comprendo que no quieran pagar cargos adicionales».

Un informe de 2014 report sobre lavado de dinero señaló que el efectivo es el medio de pago preferido para las operaciones en la economía informal italiana, ya que garantiza que dichas operaciones no puedan rastrearse y sean anónimas. Asimismo, al evitar los pagos electrónicos, los restaurantes y tiendas no imprimen recibos, por lo que pueden declarar ganancias mucho menores. Por último, el uso excesivo de efectivo aumenta el riesgo de actividades criminales.

«¡Recuerden olvidarse del efectivo!»

Geronimo Emili de «Día sin efectivo» tiene una visión distinta. Su opinión es que los consumidores no están al tanto de los altos precios que conlleva el producir papel moneda en cuanto a costos de impresión, transporte, numeración y pago de guardias. También señaló que, solamente en Italia, cada ciudadano paga con sus impuestos alrededor de doscientos euros anuales para la fabricación de: «Entonces, ¿qué sale más caro: las comisiones de los bancos o la producción de efectivo?

La iniciativa del «Día sin efectivo», patrocinada por la Asociación de la Banca Italiana (ABI), la Banka Sella y Payleven, invita a los ciudadanos a olvidarse del efectivo por un día. Ya saben, si se animan, este 5 de abril salgan con su tarjeta. Como dice el lema de la iniciativa: «¡Recuerden olvidarse del efectivo!»