Iva, la Diva del folk húngaro

Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2008
Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2008
Entrevista con la violinista, cantante y actriz, eslovaca por parte de padre, morava de madre, que llegó a Nueva York desde la República Checa. A sus 50 años, ocho álbumes propios y una docena de colaboraciones contienen su música, culta pero cálida y popular. “En el escenario quiero sentirme lo más libre posible y no transmitir tensiones al público”

Iva Bittová, artista polifacética checa, está de paso en Parma para la clausura del festival ParmaJazz Frontiere. Y a juzgar por el pequeño aforo de la sala del Palazzo San Vitale, en pleno casco antiguo de la ciudad, solo algunos privilegiados podrán asistir al concierto. De hecho, este 13º festival de jazz evolutivo, que intenta alcanzar los confines de la vanguardia musical contemporánea, parece casi privado, ya que en el escenario donde se desarrolla no hay espacio para invitar a las masas.

Niebla en el valle del Po

Nos encontramos a las cinco de la tarde, después de los ensayos. Cuando llego, las puertas de la sala, a primera vista desierta, están cerradas. El ambiente reinante es el de una típica tarde de domingo en la provincia de Parma, adormecida en el umbral del invierno. Pequeñas hojas secas caen de los árboles y acaban pegadas en los escaparates de bares y tiendas de moda. En la precoz tarde, la niebla se desarrolla entre los palacios y las plazas, iglesias y campanarios, así como en las casas, las calles y todo lo que contienen.

Un periodista que participa en la organización del festival me abre finalmente la puerta. Espero un instante a que termine de hablar con los técnicos. Sin estar verdaderamente satisfecha con la iluminación, que le preferiría más sutil, ella les pide, sin faltar a las buenas maneras, que modifiquen algunos detalles técnicos para el espectáculo. Después, la Diva se preocupa por conseguir algunas flores y velas para ponerlas alrededor de ella durante el concierto.

Música pop y folk vanguardista

Tanto en sus apariciones en público como en los ensayos, la expresión de Iva, que cambia a cada mirada que lanza, parece imperceptible. Armada con su violón, se deja llevar por la canción popular, que interpreta con virtuosismo. De Björk a Joanna Newsom, de Vashti Bunyan a Bat for lashes. Iva forma parte de los que, en su búsqueda de un arte lírico que atrae cada vez a más gente (incluyendo un lado pop), han seguido un camino ascético. Las tendencias musicales modernas prosperan, florecen y se extienden llevada por una generación de cantantes folk que descubren con sorpresa la mezcla de géneros. 

Pero la artista checa no se emociona demasiado… Aunque seducida por el rico panorama que ofrece la música contemporánea, con 20 años de carrera y siendo uno de los puntos de referencia de la vanguardia mundial, se mantiene firme en sus convicciones: no quiere innovar a todo precio. Sentirse lo más libre posible sobre el escenario es su principal preocupación. “No quiero transmitir las tensiones al público. Lo que significa que por cada canción nueva, necesito un año entero de preparación, o más. Pero eso es lo más bonito. Ejercitarme, perfeccionar y tomarme mi tiempo para elaborar las cosas”. Me explica, mientras estamos sentados en un pequeño salón con un frutero repleto de uvas al alcance de la mano. Su consciencia profesional y su sensibilidad han madurado en cada una de las etapas de su tortuoso camino, que comenzó en 1958 con su nacimiento en Bruntál, en la Checoslovaquia comunista. 

Desde que tenía 7 años, animada por un padre músico que esperaba de ella que tocara como un chico, se inicia al violón. Entre ella y su instrumento se desarrolla por aquel entonces una relación de amor y odio. “A los 14 años anuncié a mi familia que dejaba de estudiar y de practicar. Era demasiado para mí, no iba a tocar más. Fue por eso que me dirigí hacia el arte dramático”. Una actividad a la que se dedicó durante varios años. Después de haber participado en una decena de película, obtuvo numerosos premios (entre los más recientes se encuentra el premio a la mejor actriz en el festival Sinko V Sieti de Bratislava o el de Syracuse (EE UU) por su interpretación en Little Blue Girl en 2007).

Conservar siempre un poco de pureza

Sin embargo, a los 22 años, después de darse cuenta que la vida de actriz no era lo suyo, vuelve al violón. Es ese momento, me confiesa, “el más importante de mi existencia”. Los orígenes húngaros y eslovacos de su padre (gitano, para más detalles) jugarán un papel de vital importancia en el futuro artístico de Iva. Seguirá la senda de artistas como Béla Bartók o Zoltán Kodály (ambos húngaros) que supieron introducir en sus composiciones musicales elementos del folklore de su tierra natal. Por su parte, nuestra violinista le dará su propio toque, guiada por la experimentación. Antes de comenzar la actuación “me siento completamente libre”, o dicho de otra manera, sin ningún límite académico. Y lo que sabe sacar de su excepcional situación es algo sin precedentes.

“Es mi lenguaje. Mucha gente me dice que es original. Pero yo no estoy de acuerdo. No me impongo límites. Cuando tengo la ocasión, me gusta por igual trabajar con músicos de jazz, clásicos o incluso Djs”. Esforzándose siempre en “conservar un poco de pureza”, al contrario del “80% de la gente que calcula cómo hacer para que su música sea seductora y atractiva con el único objetivo de gustar al público”.

De Moravia a Nueva York

Instalada desde hace poco tiempo en Estados Unidos, ha encontrado un ambiente muy estimulante. Dejando tras de sí Moravia del Sur, presa de un desarrollo urbano descontrolado, es en el norte rural del Estado de Nueva York donde ha encontrado la tranquilidad perdida de su país de origen.

En una casa en medio de un bosque, vive con su hijo más joven. Antonin, también músico, es el último eslabón de una familia con tradición. Es así como las vicisitudes sufridas en Europa se atenúan poco a poco. ¿Y de la política? ¿Qué piensa Iva? ¿Del euroescéptico Václav Klaus, por ejemplo? “Hay muchas cosas en política que no comprendo”, reconoce. “Pero lo que sí sé, es que muchos políticos gastan una gran cantidad de energía únicamente para aparecer en los medios de comunicación y en la prensa. Se creen estrellas, eso me contraría”. “Pero me gusta Obama”, confiesa en un tono vagamente cándido esta partidaria resuelta de una música ‘liberada’. 

Con cierta prisa recojo mis cosas, incluyendo mi cámara, con dificultad. “¿Necesitas ayuda?”, me dice amablemente Bittová. Por desgracia, una huelga me impide llegar a tiempo a la stazione centrale para coger un último tren, lo que me obliga a renunciar al concierto vespertino.