Jacques Barrot sobre la inmigración: “Los Estados miembro están condenados a la solidaridad”

Artículo publicado el 15 de Octubre de 2008
Artículo publicado el 15 de Octubre de 2008
El vice-presidente de la Comisión Europea, comisario de Justicia e Interior, habla del controvertido camino que ha tomado la política de inmigración de la UE

¿Necesita Europa inmigración?

Sí. La situación demográfica de Europa exige una migración que debe ser concertada. La vocación de Europa es también la voluntad de facilitar el intercambio entre los países. La inmigración es al mismo tiempo una exigencia económica y moral.

A comienzos de octubre, la canciller alemana, Ángela Merkel, dio las gracias a los primeros inmigrantes mediante la ceremonia ‘Alemania les agradece’ ¿Concibe usted un evento parecido a escala europea?

Existen numerosos actos simbólicos de ese tipo para dar las gracias a los inmigrantes que se han ganado de verdad un lugar. Nosotros podríamos imaginar probablemente este tipo de actuaciones una vez hayamos redactado la nueva directiva sobre las condiciones de recepción a los refugiados.

La política de inmigración europea no se inserta por lo tanto en una lógica de gratitud. Voces críticas les reprochan construir una “Europa dentro de una fortaleza”

Estamos saliendo de un periodo en el que la seguridad tenia una gran influencia y las fronteras se habían convertido en una obsesión. Hoy el pacto por la inmigración, que la presidencia francesa ha hecho adoptar, es un pacto de equilibrio, en el cual al mismo tiempo se tiene el legítimo deseo de rechazar la inmigración irregular y tener una Europa más dinámica en la acogida a los inmigrantes.

En el pasado, los 27 Estados miembro no se ponían de acuerdo sobre un proyecto común de inmigración. ¿Cómo pudo usted convencer al Sr. Zapatero de firmar el pacto sobre la inmigración siendo esta muy beneficiosa para España?

El Sr. Zapatero, como la mayoría de los jefes de Estado, sabe muy bien que lo que sucede en uno de los Estados miembro tiene efectos sobre los otros Estados miembro y que los Estados están condenados a ser solidarios entre ellos. Ahora, todos son partidarios del pacto. Hay unan convergencia de puntos de vista. Cuando hablamos de lucha contra la inmigración ilegal, se espera de la Comisión que regule la acogida de trabajadores estacionarios y de becarios remunerados. Al mismo tiempo, se reflexiona sobre un programa de acogida de refugiados iraquíes en Europa. No estoy totalmente seguro de que esta voluntad de parar la migración, esta visión tan segurizada de los flujos migratorios, sea la única que prevalezca. 

Su antecesor, António Vitorino, dijo en una entrevista en 2004 que no es necesario considerar “el mercado como el único criterio para la inmigración”. ¿Qué fue lo que provocó este cambio de opinión?

La inmigración está, como mínimo, ligada al mercado de trabajo. Evidentemente, hay otras dimensiones: el reagrupamiento familiar, por ejemplo, que se contempla en todos los textos. Pero no veo qué sentido tendría la inmigración si no fuera posible que los inmigrantes encontraran un empleo. Por supuesto, existen problemas en cuanto a la superación de las diferencias entre los países ricos y los países más pobres. Debemos responder con acuerdos bilaterales y un apoyo a la movilidad que nos deberían permitir coordinar inmigración y desarrollo.

Usted se declara partidario de una “Europa abierta, pero con reglas de juego bien definidas”. En la política de inmigración actual, ¿dónde se manifiesta este espíritu de apertura?

De entrada, en el marco jurídico de las migraciones regulares, con la Carta Azul para los trabajadores cualificados, que tendrán la posibilidad de venir a Europa, que tendrán el derecho al reagrupamiento familiar, y que, al mismo tiempo, permitirán mediante una migración circular, beneficiar a sus compatriotas con los conocimientos que hubieran adquirido en Europa.

¿No se trata entonces de inmigración selectiva que se utiliza para tapar los agujeros del mercado en Europa?

Foto de Vansu / FlickrPrecisamente por esto queremos reforzar nuestro conocimiento sobre la necesidad de trabajadores cualificados en los Estados miembro y apoyar un observatorio de la inmigración en África, para conocer lo que es posible o no en cada país africano, que debe evidentemente conservar el beneficio de sus trabajadores cualificados. Es por esto que regulamos la migración regular, de trabajadores cualificados principalmente, para evitar que haya una fuga de cerebros y de recursos humanos africanos y asiáticos.

¿No existe una contradicción aberrante entre la voluntad europea de criminalizar la inmigración ilegal (la famosa directiva de retorno), cuando los grandes empresarios se aprovechan de ellos para incrementar sus beneficios? (Fanny Costes, 25 años, periodista francesa)

La directiva de retorno no criminaliza en sí. Al contrario, fija los procedimientos para el retorno de inmigrantes irregulares. Aclara las muy estrictas condiciones para los procedimientos de apelación a los que pueden recurrir y determina las condiciones de detención. Esta directiva nos permitirá exigir, progresivamente, a los Estados miembro, condiciones de detención más favorables y también poner la prioridad sobre retornos voluntarios que pueden ser apoyados financieramente por los Estados miembro y no únicamente mediante expulsiones.

La República Checa se opone al proyecto de Carta Azul. Retomando su argumento, ¿Por qué hacer venir inmigrantes si Alemania, Austria, Dinamarca o Bélgica no abren sus mercados de trabajo a todos los países de la Unión Europea?

Se ha respondido a la República Checa que la puesta en marcha de la Carta Azul será paralela a la apertura de las fronteras alemanas y austriacas a los trabajadores checos. El riesgo que declaraba la República Checa era un riesgo inexistente. Por otro lado, el ministro checo ha querido consultar a su Parlamento y nosotros hemos dejado que pase el tiempo. Pero, en efecto, existe una contradicción.

La Carta Azul volverá más atractivo el trabajo en Europa. Cada país estará en disposición de indicar el número de inmigrantes que estima necesitar. Pero el buen sentido debe primeramente permitir a apertura de los mercados de trabajo a los europeos.

¿La inmigración selectiva no será un freno al ascenso social en Europa para los autóctonos? (Fernando Navarro Sordo, 31 años, periodista español)

No en la medida en que los Estados miembro actúen inteligentemente al realizar los requerimientos de recursos exteriores. Si lo hacen únicamente para bajar los sueldos y aumentar la competitividad entre trabajadores cualificados, este no es el verdadero sentido de la Carta Azul. Esta ha sido creada para permitir a Europa ser competitiva frente a Estados Unidos, sobre ciertos trabajos cualificados que desgraciadamente no se cuentan en Europa. Creo que será necesario vigilar los abusos en el uso de esa Carta Azul.

El Islam es percibido por algunos como incompatible con los valores europeos de democracia, paz e igualdad entre los sexos. ¿Cuál es la posición de la UE en relación a esta problemática? (Roman Moravcik, periodista eslovaco)

Foto de Simon / FlickrEsa manera de ver el Islam como antagonista de los valores europeos es totalmente parcial y errónea. El Islam es una religión monoteísta que me parece compatible con los principios de la laicidad. Lo que me parece opuesto son los fundamentalismos, no solamente islámicos, que pretenden segregar y excluir a las otras religiones. Dado que el pluralismo es aceptado por el Islam, al menos en Europa, el Islam es bienvenido. Lo que sí es cierto es que se luchará siempre contra el hecho de que en ciertos medios islámicos, las comunidades cristianas no sean siempre respetadas como debería ser. Pero esa situación es propia de algunos Estados islámicos, y no se da en Europa. Europa está a favor del pluralismo religioso y evidentemente todo islamista que quiera estar en Europa debe aceptar ese pluralismo.