Jaleo en el Islam europeo

Artículo publicado el 11 de Septiembre de 2006
Artículo publicado el 11 de Septiembre de 2006
15 millones de musulmanes en Europa y para muchos la ecuación es la misma: Islam = Terrorismo. Un gran perjuicio para las instituciones musulmanas, presas de una gran crisis de identidad.

"Musulmán no quiere decir terrorista.” Dalil Boubakeur, presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), órgano que representa a los cinco millones de musulmanes que viven en Francia está cansado de tener que ir justificando la moderación de la gran mayoría de sus fieles. Tal y como lo resume Hichem Cabrera, redactor jefe de la web española Webislam, a los ojos de los europeos “detrás de cada musulmán se esconde un terrorista potencial que puede inmolarse en cualquier lugar, en cualquier momento”.

Identificación malsana

Cinco años después de los atentados de Nueva York, ya no es una amalgama, sino una ola de islamofobia la que inunda Europa. La fiebre de las caricaturas de Mahoma en Dinamarca, los incendios de las mezquitas en Inglaterra, los incidentes racistas, la formación de guetos o los delitos de raza: “el terrorismo y su unión con el Islam radical han vuelto a los europeos más desconfiados”. Así analizaba en primavera el Centro de Investigación Pew, uno de los institutos de opinión más reputados de Estados Unidos. Un dato que varía según el país. Según el centro Pew, sólo un 39% de los musulmanes franceses sienten por parte del resto de los europeos hostilidad hacia su religión, frente al 52% de los musulmanes alemanes.

Jocelyne Césari, profesora invitada por la Universidad de Columbia y especialista en el Islam (que analiza en su libro El Islam, a prueba en Occidente), señala que “ese sentimiento de discriminación hacia los musulmanes estaba ya presente en Europea mucho antes del 11 de septiembre, en especial en Francia tras los atentados en 1995 en París perpetrados por el GIA argelino. Sin embargo, hoy los políticos criminalizan el discurso religioso islámico”.

Esta opinión es compartida por Oliver Roy, director de investigación en el CNRS (centro nacional de investigaciones sociológicas francés) y autor de El Islam globalizado: “Esta agudización de la visión negativa del Islam ha engendrado dos consecuencias entre los musulmanes: una tendencia a la victimización con un retroceso de identidad entre algunos, y esfuerzos por parte de la gran mayoría por obtener la ciudadanía y el respeto social”.

Estigmatizados

Por ello, es necesaria una integración en su debida forma, a pesar de las medidas antiterroristas que han endurecido la actitud sobre la inmigración y la seguridad en los 25 Estados miembros. “La política antiterrorista, si sólo se trata de una política de seguridad, no funciona” -afirma Dalil Boubakeur-. “Es urgente que Occidente resuelva con justicia el conflicto palestino-israelí y que logre un mantenimiento a largo plazo de la paz en la región. Y ello en la medida en que hoy parece más fácil ser extremista que moderado, pues los medios de comunicación modernos son populistas, aman la sangre y alimentan el debate sobre el Islam con estereotipos heredados de siglos de deformación”.

No a la globalización

Es imposible, sin embargo, negar la radicalización de algunos creyentes. La persistencia de los centros extremistas en el sudeste asiático, acompañada de la inestabilidad en Afganistán o del conflicto de Cachemira, alimentan ese fanatismo: ¿Podría convertirse Europa en el nuevo terreno de juego de Bin Laden?

El asesinato del cineasta holandés, Theo Van Gogh, en 2004 o los discursos extremistas de ciertos imanes de la mezquita de Finsbury Park, epicentro del “Londonistán” de finales de los noventa, han puesto en entredicho los modelos multiculturales británico y holandés. Según Dalil Boubakeur, “por su tolerancia o por sus modelos de comunidad, estos países han favorecido la práctica de un Islam de exaltados”. Una constatación confirmada por la encuesta del Pew: un 81% de los musulmanes británicos se declaran primero musulmanes antes que ciudadanos de su país, mientras que sólo el 46% de los musulmanes franceses piensan de la misma manera.

Jaque y mate

Para hacer frente al círculo vicioso estigmatización/radicalización, muchos gobiernos han optado por jugar sus cartas políticas, intentando introducir el Islam en el seno de sus instituciones gubernamentales. Pero se trata de un ejercicio delicado: “La idea misma de un órgano representativo es una ilusión”, opina Paul Landau, autor del libro El Ejército y el Corán. “Querer federar a los musulmanes a nivel nacional es contrario a la noción de Umma, su comunidad universal de creyentes. Los musulmanes más politizados son los más radicales”.

“Hay que salir de la ilusión de un gran Mufti” –afirma Jocelyne Césari-. “¿Por qué centralizar, si sus pueblos son tan diferentes en términos culturales o étnicos? En Alemania, ¿Quién va a hablar en nombre de los musulmanes? ¿Los Alevíes, los Turcos…?”. “La institucionalización no funciona” –constata Olivier Roy, “porque no existe esa demanda por parte de los musulmanes, que en general desconfían de las estructuras oficiales. Además, estas instancias son víctimas del enfrentamiento izquierda-derecha y del intervencionismo estatal”.

Más allá del vals infernal Islam-inmigración-integración, parece que el mundo musulmán esté hoy en día inmerso en una crisis de identidad, que alimenta el recrudecimiento terrorista. ¿Debería el Corán someterse a un ligero lifting? “No existe una visión monolítica del Islam”, -responde tranquilamente el rector de la Gran Mezquita de París, Dalil Boubakeur. “Hay que dejar al Corán tranquilo. Es la forma de comprenderlo la que debe cambiar. En la interpretación, los musulmanes deben encontrar la razón.”