Jeremy Deller: el artista que no sabía dibujar

Artículo publicado el 17 de Octubre de 2008
Artículo publicado el 17 de Octubre de 2008
El artista de 42 años, “imprecisamente político”, ganador del premio británico de arte Turner en 2004, nos habla sobre el desempleo, la cultura folk británica como arte real y las palomas en París

"Cosas malas: Andrew el loco tiene problemas con la gente gorda. Separación entre Stacey y yo. Andrew se casó con él. Sexo y signo de interrogación. Todas las cosas buenas, niño, casa, dinero". El sol brilla en la terraza del Palais de Tokyo, el espacio más amplio en la capital francesa para el arte contemporáneo, y Jeremy Deller lee extractos de un periódico británico. “Esto es algo estupendo, una lista de tareas por hacer”, refiriéndose a una colección de notas que la gente encuentra por la calle y envían a un periódico para ser publicadas. “Convencerme de que no lo amo locamente”.

Palais de Folk-yo

(Foto: dalbera/ Flickr)Este reconocido artista del norte de Londres ha pasado el verano preparando la segunda exposición de una serie de seis con total libertad de contenidos. Recorrer los entresijos de From One Revolution to Another (De una revolución a otra) es como entrar en una feria. La amplitud del espacio le guía a uno a salas más grandes en las que se muestran rock francés y música electrónica soviética. Luminosos que hacen referencia al movimiento sindical británico brillan desde el techo mientras el personal técnico da los últimos detalles a diferentes montajes abajo. “No hay un tema central en esta muestra”, el otrora estudiante de Historia del arte nos lo explica fuera del Palais, luciendo con gafas de sol con chaqueta blanca, calcetines amarillo chillón y sandalias abiertas. “Es todo lo que pude encontrar a tiempo. En mi primera visita me impresionó lo grande que era esto, de alguna forma incluso me asustó. La acústica podría resultar extraña”, se detiene un momento. “Consigues tu primera exposición libre”, nos indica, “dedicándote a ello realmente. Tienes una idea y ves cuánto puedes exprimirle”. Es importante mostrar cosas que no se han visto antes”, añade en referencia a su interés en el amor de los rusos por la música electrónica. Es reacio a las críticas en general; la exposición abre sus puertas en dos días. “¡La acogida puede ser mala! Lo haces lo mejor que puedes y piensas en el próximo proyecto. Incluso si las críticas son favorables, no me gusta prestarles atención, ni me gustan las fotos o que me graben en vídeo o escuchar mi voz. Le avergüenza a uno de alguna manera, ¿sabes lo que quiero decir, verdad?”

La conversación discurre “sin objetivo alguno”, como el propio Deller reconoce entre bromas, acerca de lo “no tanto” que ha hecho desde que ganó en 2004 el premio Turner, el importante galardón de arte contemporáneo. “El arte folk y vernáculo británico que estamos repitiendo en esta muestra”, nos explica, “no está basado en arte de museo sino en la gente que es creativa a diario. La muestra trata de aficiones, espectáculos colectivos… todo lo que sucede al margen de los museos y con una naturaleza artística – la decoración de tartas, las competiciones de té, las manifestaciones, siempre me han gustado todas”. ¿Puede el ojo francés apreciar al completo las imágenes que celebran las competiciones rurales típicamente inglesas? “No creo que las aprecien aquí”, prevé Deller. Aunque “apuesto a que todo pasa aquí igualmente en Francia de alguna manera, disfraces y bailes y todo eso”. Un torrente de alas nos interrumpe con la invasión de palomas que se posan en la mesa que acaba de quedar libre junto a nosotros y que se sacian con los tenedores y restos de comida. Superamos este momento Hitchcock y volvemos a nuestro particular momento post-Turner.

“Apenas político”

(Image: NS)

“Es fantástico, algo estupendo. No me cambió”, nos cuenta. “Si tienes los pies en la tierra no es verdaderamente importante. Cambia quizá la manera en que el resto se dirige a ti, pero solo se hace todo más que divertido. Mi amigo Alan (Kane) no me dejaría nunca ser pretencioso”, dice. (Con este artista británico, creó en 1999 en Egremont un mástil grasiento de 30 pies). Es cierto que gran parte de lo que da la fama a Deller se debe a su ‘época Turner’. Durante las elecciones europeas de 2004, su Manifesta 5, una representación por las calles de San Sebastián con "españoles y vascos del lugar" reflejó los “quehaceres cotidianos de sus vidas”. Deller espera hacer una segunda representación el año que viene en Gran Bretaña, coincidiendo casualmente de nuevo con justo antes de las próximas elecciones en junio. “No tenía ni idea de tal coincidencia”, nos confirma. “No les estimula estas elecciones demasiado a los franceses o británicos”.

Sus motivaciones políticas son las mismas que las de cualquier otra persona, nos señala. “El arte británico en los noventa estaba completamente despolitizado, y no puedo recordar por quién voté en las pasadas elecciones a la alcaldía de Londres, pero fue un voto de protesta contra Boris Johnson”. Está de acuerdo en que los pasados galardonados con el premio Turner estaban menos politizados; su obra fue una instalación multimedia documentando un viaje a través de la Tejas de Bush. “Los Británicos están mejor informados de lo que lo estarían en Estados Unidos”, nos dice, una país donde pasó un año enseñando, en San Francisco. “En Gran Bretaña están bastante al corriente de la situación mundial, pero los medios de comunicación son terribles. Mi obra no ayuda mucho a mejorarlos, a hacerlos más conscientes, no asumo crédito alguno por ello”.

(Por cortesía de jeremydeller.org)No da clases en Gran Bretaña porque le roba mucho tiempo, además de ser algo muy británico y burocrático. “No es realmente mi mundo. Me gusta la música, pero no puedo tocar instrumento alguno. Me gusta el arte, pero no sé dibujar”, dice un Deller sonriente. “Afortunadamente, hay algo llamado arte conceptual donde no tienes que dibujar perfectamente para convertirte en un artista. Solo he tenido suerte. Todo el mundo puedo crearse un nombre al principio, todo consiste en extender ese nombre en algo que asemeje una carrera”. Sus padres, ahora ya jubilados, trataron de guiarle durante sus años de parado, pero “con muy poco éxito. Cuando dejé el instituto no estaba tan mal estar en el paro, porque no eras el único. Desperdicié entonces mucho tiempo. Esa es probablemente la razón por la que trato de compensarlo ahora haciendo todo lo que puedo”. Es una etapa diferente ahora, reconoce. “Hay más ordenadores, estudiantes de Arte, institutos y parece que también más galerías”. Pero no aconsejaría a los artistas por venir en este mismo tono, por temor de parecer “algún tipo de charlatán motivacional”.

Visita su exposición en el Palais de Tokyo de París, 13 avenue du Président Wilson, 75116 Paris