Jirafas en Estonia

Artículo publicado el 3 de Mayo de 2004
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Artículo publicado el 3 de Mayo de 2004

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El paisaje físico de Estonia consiste principalmente en pantanos, vertederos y tierras de labranza en la planicie. Sin embargo, el paisaje conceptual del país es rico en imágenes extraordinarias. Uno de los lugares más accesibles para apreciar estas imágenes es el arte del famoso pintor Navitrolla.

Las jirafas, las cebras y los leones no son originarios de Estonia pero pueblan las pinturas de Navitrolla, y aparecen a veces como figuras solitarias que dan escala a los paisajes sombríos bajo amplios y coloridos cielos. Algunos han interpretado estas pinturas como una representación de la autoimagen de Estonia: poca gente en un mundo grande.

Surrealismo artístico

En otras obras, los paisajes se deforman más allá de poder reconocerlos en formaciones de piedra en forma de seta, rocas oscilantes y meteoritos pesados flotando en medio del aire. Una ciudad de rascacielos de piedra (“Manhattan”) flota libre como un barco. Naufragios, inundaciones, el arca de Noé y el resurgimiento de la vida tras la devastación son otros temas comunes en los coloristas óleos de Navitrolla que, para algunos críticos, recuerdan a los maestros paisajistas holandeses y flamencos y para otros a Dalí.

Nacido en 1970 en Võru, ciudad del sur de Estonia, Heikki Trolla, el artista que sería conocido como Navitrolla aprendió algunas técnicas básicas de un artista local pero fue ampliamente autodidacta y en sus declaraciones personales parece rebeldemente orgulloso de no haber ingresado en la escuela de arte: “Ser un artista no podía ser algo que decidieran sólo los organismos oficiales”. Decidió dibujar animales, dijo, porque no eran controvertidos: “A casi todo el mundo le gustan los perros, y entonces nadie puede acusarme de incorrección política, antifeminismo y cualquier otra estupidez de ese tipo”.

Seguridad en los animales

Trolla empezó a exponer sus obras en 1989 como parte de un grupo renegado llamado Lüliti y pronto ganó un seguidor. Por aquel tiempo, el poeta Kauksi Ülle, que también era de Võru, le llamó “Navi Trolla”, que significa “Trolla de Navi”, una ciudad cercana donde pasó parte de su infancia, y empezó a firmar su obra con este nombre. A pesar de que su estilo surrealista le permitió evitar la controversia política, Navitrolla atrajo la controversia artística, concretamente la cuestión de si las pinturas que parecían la portada de un libro de ciencia ficción pudieran ser consideradas arte nacional respetable para un país que se está reinventando a sí mismo de cara a todo el mundo. El público parecía pensar que podían, y el autor y crítico estonio Andrus Laansalu incluso encontró relación con la mitología fino-húngara en el simbolismo animal de las vacas, perros con cuernos y renos, así como en la amplia tradición europea de El Bosco y Brueghel, y en el Nuevo Mundo, en el místico Carlos Castañeda.

El fenómeno Navitrolla es solo parte de una tendencia general hacia un realismo mágico en el arte estonio, hecho que no sorprende cuando uno piensa que dos de sus ciudades más grandes, Tartu y la capital Tallín, fueron construidas alrededor de dos colinas con fortalezas medievales, junto con ruinas que contribuyen a este dramático emplazamiento. La historia, las realidades alternativas y un excitante nuevo futuro se reflejan en el despertar de la gente a nuevas posibilidades.