Jobbik: Declaraciones de la extrema derecha húngara sobre la UE, Eslovaquia y las elecciones

Artículo publicado el 14 de Abril de 2009
Artículo publicado el 14 de Abril de 2009

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El temor a la debacle económica y la implosión política está ocasionando que un número alarmante de personas se acerquen a posiciones considerablemente más de derechas en respuesta a los problemas.
Se sacan a rastras de la tumba de la Historia los viejos debates, exacerbados por la crisis financiera en ciernes, que rápidamente deterioran las relaciones con la vecina Eslovaquia y, lo que es más importante, la pertenencia de Hungría a la UE

Hungría es por supuesto producto de su variado, y a menudo trágico, pasado. La caída del comunismo en 1989, seguida quince años después por la adhesión a la UE, según la opinión generalizada debería hacer que los húngaros se prendasen de gobiernos centristas y una política moderada. Pero una revuelta silenciosa, que se expande por el curso del Danubio, amenaza con hacerle oír.

Jobbik en junio

melyviz / FlickrZsolt Várkonyi, miembro destacado del partido de extrema derecha de Hungría Jobbik, espera obtener el 10% de los votos en junio. “En algunas cuestiones representamos al 90% de los húngaros, como en el caso de la guerra de Irak”, sostiene. “A pesar de la opinión pública mayoritaria, los cinco partidos con representación parlamentaria votaron a favor del envío de tropas. Los mecanismos y estructuras políticas actuales son la causa de los problemas de Hungría”. Apenas nadie pone en cuestión el preocupante y creciente nivel de popularidad del que goza Jobbik en la actualidad (en torno al 4%), pero los políticos centristas han sido muy enérgicos al afirmar que los partidos políticos radicales racistas no serán capaces de cumplir sus promesas. “La HHistoria europea ha tendido a favorecer a los extremistas durantes las crisis económicas”, dice Mátyás Eörsi, vocal del comité de asuntos europeos del parlamento húngaro. “Es natural que los partidos extremistas sean más fuertes que antes, pero la democracia lleva consigo que la gente pueda votar a grupos buenos y malos. No serán capaces de cumplir su palabra”.

Lo que, sin embargo, no significa que no lo vayan a intentar. Jobbik se ha mostrado sumamente hábil al sacar provecho de la frustración con el liderazgo del país. “La estrategia autodestructiva adoptada por la élite política húngara después de 1990 llevó al país a un callejón sin salida a todos los efectos”, sostiene Mr. Várkonyi, “sea en la economía, la situación demográfica, el problema gitano, o la política exterior”. La cuestión de cómo se habrían de tratar tales problemas permanece abierta, pero el descontento con el gobierno de coalición liberal-socialista, encabezado por el primer ministro saliente Ferenc Gyurcsány, hace parecer a Jobbik menos marginal. “Jobbik tiene una agenda política extensa”, dice Daniel Fekete, estudiante de Szentendre, una ciudad al norte de Budapest. “Mucha gente que busca empezar de nuevo se ha sumado al apoyo que recibe Jobbik. Quieren gobernar con un objetivo razonable”.e.”

El hueso eslovaco

Diana Lilli / FlickrEl principal contencioso entre Hungría y Eslovaquia es la presencia de una significativa minoría húngara en su vecino del norte. A mucha gente en Eslovaquia, que fue en un tiempo parte de la Gran Hungría, les molesta su presencia, y la situación no se ve en nada aliviada por un gobierno aparentemente hostil en Bratislava. La coalición de gobierno incluye al Partido Nacional Eslovaco (SNS) de extrema derecha, cuyo líder, Ján Slota, sugirió en cierta ocasión que Eslovaquia enviase sus tanques a Budapest. Con elecciones cruciales al Parlamento Europeo en junio, un buen resultado para la extrema derecha podría suponer una amenaza seria a la solidaridad dentro de la UE.

Los húngaros se sienten defraudados por sus líderes políticos. Balázs Rákóczi, un integrante de la minoría húngara nacido en Eslovaquia, pinta un cuadro panorama tranquilo pero pesimista de la postura de Jobbik sobre Eslovaquia. “Realmente depende de a quien se le pregunte”, dice. “La gente está tan dividida estos días”. El hecho de que tal división exista dice bastante sobre la situación. En la mayoría de los países europeos, los partidos de extrema derecha son algo que irrita el consenso basado en la tolerancia; aquí, representan una parte significativa del debate. “Muchos húngaros no aceptan que los eslovacos ya no son nuestros ciudadanos”, dice el doctor Eörsi. “Pero la Europa del este tiene dos opciones: podemos luchar los unos con los otros, o respetarnos mutuamente”. Desafortunadamente, algunos consideran la primera opción una opción legítima. Un partido de fútbol en noviembre de 2008 entre miembros de la minoría húngara y eslovacos acabo con el resultado de una paliza brutal de los seguidores húngaros a manos de la policía eslovaca a pesar del lanzamiento de bombas de humo a los visitantes. Cerca de sesenta húngaros resultaron heridos, pero la policía no tomó ninguna medida en contra de los seguidores eslovacos.

Una UE negativa

Todo esto ha empezado a suponer un problema serio para la UE que ha de hacer frente a la mayor crisis económica desde su creación y está experimentando dificultades con la moneda única y un creciente proteccionismo. Por otro lado, las miras políticas de los nuevos Eestados miembros se están tornando de nuevo al nivel nacional. Jobbik se muestra sumamente crítico con la pertenencia a la UE, sostiene que diluye la identidad nacional húngara. “Lo que hemos experimentado desde la adhesión en 2004 es sin duda muy negativo en todos los respectos: para la economía húngara, para nuestro patrimonio cultural y para nuestros procesos demográficos”, dice Várkonyi. “Tenemos una parte abrumadora de nuestra economía, de la banca y del comercio en manos extranjeras, y cada vez más jóvenes se van del país a trabajar en el extranjero”.

Sigue pendiente la pregunta de si los húngaros (y claro está, los europeos) votarán teniendo en cuenta asuntos domésticos o continentales. Con Jobbik disfrutando de un apoyo creciente y el gobierno en caída libre después de la dimisión del primer ministro Ferenc Gyurcsány, la desilusión húngara puede extenderse a otros países. El Parlamento Europeo puede seguir siendo una institución relativamente débil, pero con el eventual cambio de gobiernos y un consejo que de forma gradual refleje mejor la opinión pública europea, la UE podría experimentar un giro a la derecha y una vuelta a un nacionalismo de miras estrechas.