Jorge Semprún: Buchenwald, 65 años después

Artículo publicado el 8 de Abril de 2010
Artículo publicado el 8 de Abril de 2010
La Europa de ayer y de hoy. Una tumba en las nubes, el ensayo que Jorge Semprún presentó en París el pasado 28 de marzo durante el Salón del Libro de la capital francesa, es también la vida de este político y escritor, que conoció de primera mano el campo de Buchenwald.
El 11 de abril de 2010 se cumplen 65 años de la liberación del campo creado por los nazis y que fue posteriormente reabierto por la Unión Soviética. La memoria de este apátrida, consciente de la necesidad de recordar el pasado turbio de Europa, da siempre en la diana

En abril de 1945, la resistencia comunista del campo se sublevó, armas en mano, para liberar el campo naziNo hay rencor. Ni en la cara, unas veces sonriente, otras pensativa, del intelectual europeo, ni en sus reflexiones sobre el papel. En las conferencias que ha impartido “entre 1986 y 2005” ante un público “joven, curioso y exigente” recopiladas en Una tumba en las nubes, Jorge Semprún juega al escritor para revivir el pasado europeo y, al mismo tiempo, al político para pensar en el futuro de la juventud del continente.

“Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum, dos judíos estadounidenses. ¡Los libertadores de Buchenwald fueron dos judíos estadounidenses de origen alemán!”

El 11 de abril de 1945, junto a otros deportados en el campo de Buchenwald, el joven comunista de 22 años tomaba las armas y, con los otros insurgentes del campo, veía cómo caían las puertas del infierno al fin: “Ironías de la historia”, recuerda el escritor, al que invitó la Fundación Francia-Israel al Salón del Libro de París el pasado 28 de marzo. “Después de que los soldados estadounidenses derrotaron y dispersaron la guarnición de Buchenwald, se lanzaron victoriosos hacia Weimar y no regresaron al campo hasta el 16 de abril, y solo dos de ellos entraron. Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum, dos judíos estadounidenses. ¡Los liberadores del campo de Buchenwald fueron dos judíos estadounidenses de origen alemán!”. Pero la historia de Buchenwald, a apenas ocho kilómetros de Weimar, la ciudad de Goethe, no acabó después de la derrota nazi.

Buchenwald: de campo nazi, a soviético

Photo: Gérard Raphaël Algoet, después del 11 de abril de 1945/ ammlung Gedenkstätte Buchenwald“En junio de 1945, los últimos deportados abandonaban el campo de exterminio”, parece concluir el escritor ante el público parisiense. Pero recuerda que en el mes de agosto los soviéticos reabrieron sus puertas para internar a antiguos nazis y a los que se oponían de alguna manera a su régimen. En total, 28.455 personas, según las cifras oficiales soviéticas, fueron detenidas en lo que se convirtió el Campo Especial nº 2, abierto hasta enero de 1950. Las condiciones de vida, entre el hambre y el frío, eran tan duras que 7.113 personas murieron y fueron enterradas en el lugar.

Hasta la caída del bloque soviético, el recuerdo que se evocaba en el Monumento erigido por el régimen comunista alemán en Buchenwald era el de un campo de concentración nazi: excepto los cuatro hornos crematorios, el edificio de entrada y las torres oeste y este, el gobierno soviético había ordenado arrasar el campo y plantar un bosque para esconder los cuerpos de las víctimas del Campo Especial nº 2. Hoy, junto al bosque donde Goethe iba a pasear, los jóvenes europeos que visitan el campo con su profesor de historia pueden ver esta masa verde artificial, plantada sobre raíces de huesos del gulag, e intentar comprender la doble memoria que nos une al siglo XX.

Alemania, ¿epicentro del mal?

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Photo:Claus Bach, Sammlung Gedenkstätte Buchenwald Jorge Semprún pasó dos años “viviendo sin rostro”, viendo su cuerpo “enflaquecido pero vivo” en el campo, tal y como cuenta en su libro La escritura o la vida. Es necesario que en lugar de ver en Buchenwald como un medio de culpar eternamente a la juventud alemana, se haga una reflexión más profunda: “y subiréis como humo en el aire/y tendréis una tumba en las nubes/no se yace estrechamente allí […]la muerte es un maestro venido de Alemania”, escribía el poeta rumano Paul Celan, citado por Semprún. Sobre la primera vez que regresó a Buchenwald, en 1992, el escritor declaraba, al recibir el ‘premio de la paz’ otorgado por los libreros alemanes en 1995: “Allí me pregunté si este verso era una verdad absoluta. Estaba claro que no”. ¿Por qué? “Los judíos franceses perseguidos por el gobierno de Vichy conocieron la muerte como ‘maestro venido de Francia’. Y Et Varlam Chalamov […] nos habló de la muerte como ‘maestro venido de la Rusia Soviética’. La muerte es un maestro venido de la humanidad”. Estas palabras, pronunciadas muchas veces ante el público alemán durante sus conferencias, repetidas en París para los curiosos del Salón del Libro 2010, invitan a la reconciliación entre la Europa de ayer y de hoy. Una reconciliación basada en la apuesta por la lucidez.

La obligación de la memoria

En los últimos años, se ha creado un lugar de encuentro para los jóvenes en dos antiguos cuarteles de las SS

Estas palabras recuerdan la coexistencia permanente entre el mal radical y el humanismo, entre Buchenwald y su “opuesto antinómico” Weimar, capital de la cultura alemana, a tan sólo ocho kilómetros. 65 años después del descubrimiento del campo por dos judíos de origen alemán, en Buchenwald permanece “el corazón de la memoria europea”: “El pueblo alemán es el único que puede y debe tomar en cuenta las dos experiencias totalitarias del siglo XX: el nazismo y el estalinismo”. Pero los alemanes no son los únicos implicados: “El problema del pueblo alemán con su memoria histórica concierne a todos los europeos de una manera abrasadora”, decía ya el escritor en 1995. Desde 1992, el Monumento de Buchenwaldpropone diversas actividades pedagógicas, como talleres de formación que abordan la experiencia del campo nazi, pero también sobre “la manera de abordar Buchenwald, desde la época de la RDA a nuestros días”. Una manera más adecuada de acercarse a la historia que leerla solo en los libros, para no hacer del obligación del recuerdo un ritual impuesto sin diálogo, como era bajo el régimen soviético. Si bien el peligro que se cierne sobre Europa hoy no es tanto el totalitarismo como la aceptación de su diversidad, concede el español trilingüe que se dice sentir apátrida, la vigilancia histórica aún está en vigor. Citando al filósofo Husserl durante una conferencia en Viena en 1935, el escritor concluye: “El mayor peligro para Europa es el hastío”. ¿Cansado de Europa? No entiendo entonces de qué quieren hablar…

Fotos: Principal por ©Ardean R. Miller/Mémorial de Buchenwald; Jorge Semprún ©Emmanuel Haddad; foto en blanco y negro por ©Gérard RaphaëlAlgoet/Mémorial de Buchenwald ; Maquette de Buchenwald ©Claus Bach/Mémorial de Buchenwald; grupo escolar en Buchenwald ©kaswenden/Flickr