Joseph Ratzinger, ¿un papa no global?

Artículo publicado el 22 de Abril de 2005
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Artículo publicado el 22 de Abril de 2005

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¿Dogmático? ¿Conservador? ¿Inflexible? Benedicto XVI podría sorprendernos.

“Dogmático” (Libération). “Conservador” (Süddeustsche Zeitung). “Inflexible” (Repubblica). En definitiva, el diablo en persona. Según los comentarios afines a la izquierda, el nuevo Papa Benedicto XVI, más conocido como Joseph Ratzinger, brillante bávaro de 78 años, es lo peor que la Iglesia pudiera haber elegido para su futuro. ¿Pero por qué? El mundo va mal: Irak ha sido invadido y la Iglesia escoge a un Papa... “neoconservador”: ¿nada menos que el George W. Bush católico, el inquisidor en busca de herejes, el antiecuménico centralizador que hace temblar a los sectores periféricos de la Iglesia romana?

¿La Unión Europea? Para Ratzinger no es más que una amenaza

Aunque en parte la reacción es comprensible. A la cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Inquisición) desde 1981, el ex obispo de Munich se ha esforzado por acabar con cualquier disidencia en el seno de la Iglesia Católica. Célebre es su lucha contra la Teología de la Liberación, corriente acusada de mezclarse demasiado con la política, fundada en los años setenta por Gustavo Gutiérrez y enseguida retomada por el teólogo brasileño Leonardo Boff,

Pero no sólo esto, Ratzinger es también la cabeza visible de la corriente eclesiástica que ve y percibe la Unión Europea de hoy como un cúmulo de innumerables amenazas:

- La amenaza de una posible adhesión por parte de Turquía contra la que ya se mostró contrario en una entrevista al Figaro Magazine el verano pasado, cuando la Iglesia aún no se había posicionado sobre la materia.

- La amenaza del relativismo, liberalismo, libertinaje, etc. denunciados por el Papa Benedicto XVI durante su homilía (programa que abrió el Cónclave el pasado 18 de abril), y detrás de los cuales se encuentran el matrimonio homosexual, el aborto y la clonación con fines terapéuticos.

- La amenaza de todo un continente que se niega a reconocer su propia identidad al no incluir una referencia a las “raíces cristianas” en su Constitución, referencia sobre la que Ratzinger ha hecho hincapié repetidamente desde 2000.

¿Wojtyla? El Ministro de asuntos exteriores del nuevo papa

Pero limitarse a la indignación y la sorpresa sería un comportamiento del todo hipócrita. En verdad, Ratzinger no es el sucesor de Juan XXIII, artífice del Segundo Concilio Vaticano celebrado en 1962, que modernizó la Iglesia Católica más que nunca, sino el de Juan Pablo II, que a tenor de muchos cronistas habría frenado el proceso aperturista de la Iglesia. En realidad, fue Karol Wojtyla el que nombró a Ratzinger, convertido después en su amigo personal, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Pontificia Comisión Teológica Internacional, además de vicedecano del Colegio Cardenalicio en 1998. Se podría afirmar que el polaco Wojtyla, con su apertura a otras religiones, sus mea culpa por las fechorías llevadas a cabo por la Iglesia antaño, su activismo anticomunista y sus llamadas a la paz, se había convertido a finales de su Pontificado en una especie de Ministro de Asuntos Exteriores de Ratzinger. En el seno de la Iglesia, era la línea dura del purpurado bávaro la que predominaba, una línea, entre otras cosas, compartida por el mismísimo Juan Pablo II.

¿Tenemos por lo tanto que conformarnos con un Papa “neoconservador”? El nombre que ha escogido parecería decir lo contrario, y es que los Papas tratan de retomar el nombre del sucesor de San Pedro con el que más se identifican. En este caso, Benedicto XV (cuyo pontificado duró de 1914 hasta 1922) pasó a la historia por oponerse con rotundidad a la Gran Guerra. Los antiglobalizadores y los pacifistas pueden estar bien contentos: la hipocresía continúa.